En el escenario mundial del abatimiento de la pandemia y la consecuente debacle de prácticamente todas las economías del continente americano, México debe estar obligado a jugar un papel importante y recuperar el liderazgo regional perdido. La participación de México es muy importante en virtud de la experiencia que tenemos en remontar las crisis análogas del pasado reciente y la habilidad para recomponer la macroeconomía nacional, solamente esperamos que en esta ocasión lo sea en el no muy largo plazo.
En paralelo tenemos que observar y actuar como Estado Nacional, con prudencia en el complejo momento de las nuevas relaciones geopolíticas que se tejen en el mundo: El inicio de la invasión a Ucrania por parte de Rusia y la recuperación de su esfera de intereses, que amenaza la paz mundial y los vientos de guerra nuevamente soplan sobre Europa; que responde dentro de la OTAN con energía y decisión con sanciones impuestas a Rusia por parte de Inglaterra, Alemania y Estados Unidos. El Mundo apuesta a una solución a través de un acuerdo diplomático que permita evitar la confrontación bélica en Ucrania, por lo pronto existe incertidumbre en los mercados europeos y en las bolsas de valores de Estados Unidos y Europa. Debemos seguir de cerca los acontecimientos en aquel escenario que, aunque lejos territorialmente, tendrá un impacto mundial del que México no podrá sustraerse.
La siempre compleja situación del Medio Oriente; la coyuntura en Irán, Irak Siria y Afganistán; la carrera nuclear de Corea del Norte; la creciente influencia mundial de China y de la India, y el débil o casi nulo crecimiento económico de los países latinoamericanos que no acaban de emerger; constituyen el marco en que México ocupa un asiento como miembro temporal del Consejo de Seguridad de la ONU.
La decisión de sentarse en ese importante Consejo, ha sido tomada y debe reconocerse que a pesar de las voces que expresan puntos de vista en contrario, existió la determinación de continuar con la presencia de México, sopesando que frente al posible desencuentro que pudiera producirse por alguna votación; se consideró que debía privilegiarse el que nuestro País participara de las grandes decisiones de Política Mundial que se abordan en ese órgano de Naciones Unidas. Esta decisión permitirá reposicionar a nuestro país en el complejo mundo internacional en momentos decisivos para el contexto mundial. Será la cuarta vez que México ocupa este asiento en el Consejo y no se vislumbra que será afectada por protagonismos personales como las dos últimas ocasiones.
Otra acción plausible de la diplomacia mexicana y que no debe escatimarse en reconocerse, es el fortalecimiento de las relaciones con las naciones hermanas de Latinoamérica. La excelente actuación de nuestro Canciller quien se ha dedicado estos tres años a “desfacer entuertos”, al perseverar en los principios que rigieron la tradición diplomática de nuestro País y que le valieron el respeto de la comunidad Internacional. Ahora, se deberá recuperar la dignidad y el liderazgo que desde siempre ejerció México en la región.
Muchos mexicanos estamos esperanzados en que nuestra diplomacia como antaño participe como una especie de “conciencia internacional” en diferendos como los relativos al desarme nuclear con la visión y señorío que en el pasado tuvo Don Alfonso García Robles, que condenaría tanto a Irán, como a Israel y a las grandes 0potencias, enzarzados actualmente en un conflicto que puede terminar mal para la humanidad.
Pero sobre todo que se privilegie al Servicio Exterior Mexicano la carrera diplomática es compleja y difícil de asumir, se debe dejar de utilizar los cargos diplomáticos de Embajadores y Cónsules para ubicar a desterrados políticos o para premiar amigos e incondicionales sin méritos para representar a nuestro país en el concierto internacional, en donde solamente denigran a nuestra Nación.
