«nemo patriam quia magna est amat, sed quia sua».
Nadie ama a su patria porque ella sea grande; sino porque es suya.

Séneca

El fin de semana pasado, testimoniamos cómo la diplomacia de nuestro país quedó desprestigiada por el solitario del palacio, que asume TODAS las acciones y  responsabilidades del gobierno sin siquiera requerir el asesoramiento de los expertos en cada tema, con la convicción de que “gobernar es fácil”.

Dentro de las intervenciones de los eurodiputados en el Parlamento Europeo,  en el análisis sobre la renovación del Tratado de Libre Comercio de la Unión Europea con México, se revisó la cláusula sobre democracia y Derechos Humanos, por lo que el punto de acuerdo fue hacer un señalamiento a México por la persecución y muerte de periodistas con una cifra de 7 periodistas muertos de enero a marzo del presente año.

La respuesta del gobierno mexicano por la vía del presidente de la República, cual bravucón de cantina, fue visceral, nada diplomática e injuriante, reclamando la intromisión de los diputados europeos en los asuntos de México. La misiva fue redactada según comentó el presidente en la mañanera, que la escribió personalmente en el vuelo a Tuxtla Gutiérrez en donde realizó una gira de trabajo el fin de semana, prescindiendo de la experiencia y buenos oficios de los diplomáticos de la Cancillería y de su titular.

Cada año en enero, el cuerpo diplomático mexicano son convocados a reunirse durante una semana, a la que concurren los embajadores y cónsules de nuestro País en una especie de conclave en el cual se revisa y evalúa por los expertos,  el estado de las relaciones internacionales, y a partir del entorno global, se establecen directrices respecto del papel y posicionamiento en los conflictos regionales, posturas en los organismos multilaterales, el rumbo de las relaciones y desde luego el apoyo a nuestros connacionales en el extranjero. La cancillería tiene la difícil responsabilidad de recuperar el perdido prestigio de la diplomacia mexicana otrora, escuchada con respeto en el concierto mundial por la firmeza de sus principios y compromiso con la libertad, la democracia y la autodeterminación de los pueblos.

Dentro del contexto internacional, el respeto y prestigio de México se cimentó en actuaciones tales como la negativa a aceptar el despojo a Austria de la región de los sudestes por parte de la Alemania Nazi, el apoyo solidario a la República Española, el rechazo a la invasión italiana a Etiopia entre otras.  Un diagnostico desprejuiciado del estado de nuestras relaciones exteriores, muestra que, además de la erosión de nuestro prestigio y perdida de respeto al posicionamiento de México en los conflictos globales, existe una clara disminución de nuestra influencia en el Caribe, Centro y Sudamérica, así como, la afectación de las relaciones bilaterales con los países  de la Unión Europea, en particular con España y Austria, por ofensas en la conquista y la retención del supuesto penacho de Moctezuma.

Un nuevo fantasma recorre el mundo -parodiando a Marx-, la posibilidad de una nueva crisis financiera global, ésta como las anteriores, no tiene la característica de las crisis cíclicas del capitalismo anunciadas por Marx y Engels; su profundidad y tipología resultan distintas y tiene, por efecto de la globalidad, una morfología diferente; hay quienes incluso comienzan a señalarla como la crisis terminal del capitalismo, o por lo menos como lo conocemos hoy en día.

Esta crisis agravada por la invasión de Rusia a Ucrania y la gran cantidad de sanciones económicas que el mundo occidental ha impuesto a Rusia; por la inflación que no han logrado controlar en Estados Unidos que arrastra la economía mexicana, aunado al incremento de los precios del petróleo, gas y gasolinas; y por si lo anterior fuera poco, el mundo entero se encuentra expectante ante la posibilidad de que Estados Unidos responda  a  la amenaza de Rusia de atacar a la OTAN y  por consiguiente el inicio de una tercera guerra mundial provocada por Rusia cuyo presidente Putín no quiere dar su brazo a torcer.

El reto es mayúsculo, el esplendor de nuestra diplomacia que ciertamente comenzó a erosionarse en los últimos años deberá  encaminarse a un rediseño que recupere el prestigio que le imprimieran diplomáticos de la talla de Isidro Favela, Narciso Basols, Alfonso Reyes, Luis Padilla Nervo, Jorge Castañeda Álvarez de la Rosa, Amalia Castillo Ledón, Octavio Paz o Jaime Torres Bodet, por citar sólo a unos cuantos de la pléyade de embajadores que enaltecieron a nuestra diplomacia.

Muchos mexicanos estamos esperanzados en que nuestra diplomacia como antaño actué como una especie de “conciencia internacional”; que se privilegie al Servicio Exterior Mexicano y se deje de utilizar la diplomacia para ubicar a desterrados políticos o premiar a los amigos e incondicionales sin méritos para representar a nuestro país en el concierto internacional.