Entrevista con Fernando Dworak, analista político
Concluida la votación para el proceso de revocación de mandato, los votos que apoyaron la opción “que siga en la Presidencia de la República” el presidente López Obrador sumaron 15 millones 159 mil 323, que equivalen al 91.86 por ciento de quienes acudieron a las urnas el pasado domingo 10 de abril.
Varias fueron las lecturas que dieron a esta cifra, desde que se trató de la mitad de los sufragios obtenidos en 2018, hasta que todo fue una estrategia para afinar lo que se hará en 2024 en la elección presidencial.
En este sentido, Siempre platicó con el analista político Fernando Dworak, quien revisó los resultados que se dieron en la consulta.

Fernando Dworak
¿Qué lectura se le puede dar a los votos que obtuvo el presidente en la consulta de revocación de mandato?
Quien interprete esos 15 millones de votos como un techo, está cometiendo un grave error. Si vamos a inferir a partir de esto que tenía 30 millones de votos en 2018, por lo tanto perdió 15 millones, es un error muy grave. No es un techo de votación, sino un piso de votación, es decir, tenemos a todas las personas completamente leales que van a estar ahí sea lo que sea, y a los que van a movilizar, quizá con formas extralegales, pero los partidos tienen sus formas de movilización.
No es un techo, es un piso de votación que van a tener rumbo a 2024 y en ese sentido, la falta de participación no la podemos atribuir a algo en particular, por ejemplo, el propio Alejandro Cárdenas, Alito, decía que se iba a salar la votación porque iba a ser en semana santa, la propia oposición llamó a no votar, entonces, no hay forma de vincular esa participación al descontento o a cualquier otra cosa, porque en realidad la oposición dejó que la imaginación y el discurso del presidente permeara durante la jornada y sigue sin ocupar la plaza de la comunicación política la oposición en ese sentido.
Así, la primera lectura es que hay un piso de votación que le puede permitir ganar la presidencia en 2024.

Hay un contraste muy importante en los estados, de Chiapas o Tabasco con alta participación, pero en la Ciudad de México hubo baja participación, ¿esto influirá en la selección del candidato presidencial de Morena en 2024?
Es muy interesante, porque en realidad en los estados en los que menos participación hubo fueron estados panistas, pero si vemos en los estados en donde va a haber elecciones la participación fue relativamente alta, en casi todos, salvo en Durango y Aguascalientes.
Aquí hay una lectura muy interesante, no rumbo a 2024, sino a 2022, y acerca de Claudia Sheinbaum, toda especulación acerca de si va a ser ella o cualquier otra persona es huir hacia delante, estamos jugando con percepciones y el presidente va a seguir manejando su narrativa conforme pueda hacerlo porque esa narrativa da expectativas, de quien va a ser el tapado, quien va a competir, quien va a ser el o la favorecida, es una forma de huir hacia delante y evadir la agenda.
Ahora, entendiendo eso, Sheinbaum debería preocuparse por tener su estructura sólida en la Ciudad de México, eso es cierto, pero de eso a que vaya a ser o no la candidata a partir de eso, es muy temprano para decirlo.
Todo ese espectáculo de quien va a ser la o el designado para 2024 es algo que abona, ayuda, le da sabor al caldo, pero que no se puede tomar en serio en este momento como quien va a ser o no va a ser.
En todas las designaciones en el tapadismo, siempre había alguien que salía en último momento, hay muchas anécdotas de personas que ya se veían candidatos, desde el “perdimos pollo” de Ruiz Cortines hasta que Colosio salió en último momento.
Este tipo de especulaciones sobre precandidatos es algo muy temprano todavía.

López Obrador logró que se hiciera la revocación de mandato, con todo y quejas, el resultado le favoreció, ¿qué vendrá para el presidente después de esto?
López Obrador durante todo este sexenio ha logrado vender medias victorias como victorias absolutas, es decir, el año pasado respecto a la consulta para enjuiciar a expresidentes –que fue una pifia en comparación con esto– tenía a toda opinión pública ocupada, vimos la semana pasada con lo que pasó en la Suprema Corte de Justicia con la constitucionalidad las reformas eléctricas de la ley Bartlett, la vendió como una victoria completa.
En este sentido no es quien tenga la razón, sino quien puede capturar la imaginación. Es como las campañas o los debates, no importa el debate en sí, sino el postdebate.
En ese sentido, la oposición no ha entendido que esto es un postdebate, que es lo que da la nota; haberle dado la vuelta al presidente, obviamente, es un fracaso.
Qué viene, López Obrador va a tratar de aprovechar esta percepción de popularidad renovada para el tema de la reforma eléctrica, la Cámara de Diputados movió la sesión para el domingo 17 de abril para ver si puede hacer una de tres: renovar la presión para que algunos diputados traicionen a sus grupos parlamentarios, y eso va a depender de que tanto los grupos parlamentarios sepan mantener la lealtad de su gente o va a tratar de hacer un madruguete tratando de que los diputados no estén el domingo de Pascua o, si ninguna de estas cosas resulta, va a tratar de hacer una reforma factible que va a tener que negociar con la oposición, pero en ese terreno López Obrador tiene un campo muy amplio, si la oposición lo veta todavía puede hacerse la víctima; si la oposición negocia, todavía le puede dar una reforma que aunque sea muy light la va a presumir como una victoria.
A López Obrador le interesa esa imagen de impulsor de reformas y a final de cuentas también es pragmático, es un funambulista –o equilibrista– a la hora de proponer, avanzar, de amenazar, pero en ese sentido ha sabido que aunque no gane todas las canicas va a presumir sus canicas como victoria.
Sobre la reforma electoral, creo que también es parte de su estrategia de funambulismo, en realidad no tengo idea porque mucha gente se volcó sobre la propuesta de elección directa de consejeros del INE y los magistrados del Trife, cuando ni siquiera la imaginación alcanza para saber como ocurriría, es un disparate por donde se le vea, pero obviamente aquí López Obrador está haciendo algo muy importante: si la gente supiera que implican las reformas del presidente seguramente no lo apoyarían, pero lo apoyan porque entienden las propuestas, es muy fácil decir que el INE es carísimo, es muy fácil decir que los partidos no representan y en ese sentido, mientras la oposición siga sin saber entender y comunicar, van a seguir perdiendo, la gente apoya al presidente no porque esté en lo correcto, no porque haga las mejores propuestas, sino porque las hace comprensibles y ganan la imaginación.
Bajo esa dinámica, no creo que al presidente le interese una reforma electoral, sino capturar los más asientos posibles de los que se van a renovar, podría negociar para Morena dos o tres al menos.
Fuera del debate de si fueron 15 millones, de si el INE boicoteó, ¿qué pasa con el ciudadano que mostró una baja cultura política, que sigue votando más impulsos emocionales que por razones?
Creo que estamos sobredimensionando la inteligencia del elector en cualquier democracia. Si vamos a tomar como base que haya un ciudadano preparado para que haya una democracia, estamos cometiendo un grave error.
Suponer que una campaña debe ser perfectamente intelectual y racional, lo único que haría es que la ciudadanía se desinterese por completo de la política, creo que el tema es entender que todo mensaje político exitoso debe apelar no sólo a la racionalidad de las personas, sino a sus emociones al mismo tiempo, no es un reto de aspirar a un modelo de democracia ateniense o a alguna utopía, sino de tener una capacidad de atender a lo que es inteligente, lo que es bueno y que se sepa comunicar, inspirar a la gente, y la oposición no ha entendido eso y creen que basta con tener la razón y en realidad no hay mayor pobreza en una discusión pública que solamente tener la razón.
