También en el cielo (Du som er i himler, Dinamarca, 2021) de Tea Lindeburg.
Una niña, la mayor de una prole de hermanas y hermano, a punto de pasar a la adolescencia, vive en una rústica granja del siglo XIX, soñando en una nueva vida, ve truncadas sus ilusiones al quedar “al mando” de la granja, porque su madre pierde la vida en un difícil y agónico parto, ante la intolerancia de su padre que, sin justificación alguna, la golpea, quizá porque no nació varón. Adaptando la novela Una noche de muerte de Marie Bregendahl, la guionista y realizadora Tea Lindeburg (25 de junio de 1977, Dinamarca) arremete contra la sociedad patriarcal, en una brutal secuencia, y recrea el medio rural, dominado por la religión y el aislamiento. Las secuencias del sufrimiento del parto, de la inocencia y la felicidad pasajeras, de la crueldad de la existencia, las “manifestaciones” de la divinidad y la del sueño inicial de la niña, paseando por el trigal, contemplando un espectáculo surreal de la naturaleza, le dan al alegato feminista un sentido muy particular.
Voces doradas (Golden Voices, Israel, 2019) de Evgeny Ruman.
En 1990, por la desintegración de la Unión Soviética, una pareja de ancianos migrantes rusos, de origen judío, Raya y Víctor, quienes se dedicaban a doblar las voces al ruso de películas extranjeras, durante muchas décadas, llegan a Israel, con el propósito de emprender una nueva vida. El problema es que deben conseguir trabajo, para poder subsistir. Ella, secretamente, se emplea en responder llamadas eróticas y él en lo que sea, hasta que consigue un puesto, en un Video Cineclub, donde descubrimos que ha doblado las voces de Kirk Douglas y Dustin Hoffman. También descubrimos que conoció a Federico Fellini y dobló las voces de los personajes, en colaboración con ella, de La voz de la luna (La voce della luna, Italia, 1990), última película de Fellini. Comedia nostálgica, tiernamente actuada por María Belkin y Vladimir Friedman (hasta parece que se interpretan a sí mismos) y bien realizada por Evgeny Ruman (1979, Minsk, Bielorrusia), también guionista y editor, formado en el departamento de cine y televisión de la Universidad de Tel-Aviv.
La fiebre de Petrov (Petrovy v grippe, Rusia-Suiza-Francia-Alemania, 2021) de Kirill Serebrennikov.
En tremenda borrachera con sus amigos, Petrov trata de huir de ellos, porque una tos permanente lo delata que ha contraído el virus de la gripe. En su casa, su hijo tiene fiebre, indicio de una probable pandemia, en tiempos de la Unión Soviética o quizá de la Rusia actual. El subversivo crítico Kirill Serebrennikov (7 de septiembre de 1969, Rostov del Don, Rusia) nos divierte con una comedia fantástica, extraída de la realidad (la gripe no es más que la premonición del COVID que nos azota hoy), dando rienda suelta a su imaginación creadora y delirante. Su humor, sus alegorías sobre el pasado y el presente, su absurdo surrealista, su lenguaje cinematográfico, no estructurado linealmente (el paso de una historia a otra diferente, en blanco y negro, para regresar a la inicial en color, lo demuestran), le han dado fama en occidente, pese a sus antecedentes delictivos que le impiden salir de Rusia.
¡Queridos camaradas! (Dorogie tovarishchi!, Rusia, 2020) de Andréi Konchalovsky.
El veterano Andréi Konchalovsky (20 de agosto de 1937, Moscú, Unión Soviética) narra el estallido, el 2 de junio de 1962, de una huelga en la fábrica de locomotoras eléctricas NEVZ, contra los aumentos del precio de los alimentos y las normas de trabajo. Las autoridades comunistas locales reprimieron sangrientamente las manifestaciones. Nada se sabía al respecto, o yo no lo sabía, hasta que Andréi Konchalovsky parte del hecho histórico, para escribir el guión, con Elena Kiseleva, y realizar, con intenso realismo dramático, las peripecias que tienen que pasar una funcionaria del Partido Comunista de la región y un agente del KGB, en la búsqueda de la hija desaparecida de la funcionaria, después de la masacre. La película inicia con la música del himno de la Unión Soviética (el padre de Konchalovsky escribió la letra) y nos lleva al seno de una familia (madre, hija y abuelo): representaciones del pasado, del presente y del futuro. El abuelo, combatiente contra los nazis, la madre apegada al sistema (en la época de STALIN los salarios aumentaban y los precios bajaban), la hija rebelde y partidaria de la huelga (en la época de KRUSCHEV los salarios bajaban y los precios aumentaban). Andréi Konchalovsky (Andréi Mijalkov-Konchalovsky), hermano de Nikita Mijalkov, otro realizador que también viajó a occidente (Estados Unidos), como él, para realizar películas, tiene dos películas anteriores, entre otras, que son admirables: El primer maestro (Unión Soviética, 1966) y Siberiada (Unión Soviética, 1979). Obras maestras del realismo socialista y del realismo poético-épico, respectivamente. De origen aristocrático, que no le impidió formarse como crítico social y conocedor de la miseria del pueblo ruso, Konchalovsky regresó a Rusia, para trabajar en un proyecto crítico en el que expone la contradicción dentro de la contradicción (obreros contra burócratas, en un país en el que, exclama aturdido un funcionario del Comité: “los huelguistas llevan pancartas con la imagen de Lenin, poniéndolo en contra del Estado Soviético”). Además, Konchalovsky realizó una extraordinaria película, que tuve la oportunidad de ver recientemente, titulada La casa de los engaños (Dom durakov, Rusia, 2003), rodada en un asilo psiquiátrico de Chechenia.
Nudo Mixteco (México, 2021) de Ángela Cruz.
Fue la primera exhibida de las 14 películas que componen la 71 Muestra Internacional de Cine de la Cineteca Nacional. La comento al final, porque no la pude ver en las funciones de prensa. Una mujer mixteca regresa a su pueblo, para asistir al funeral de su madre. Es rechazada por su padre, debido a su sospechosa conducta sexual. Un hombre mixteco regresa a su pueblo, después de años de ausencia, y descubre que su lugar ha sido ocupado por otro. Otra mujer mixteca regresa a su pueblo para denunciar inmoralidades de su tío. La realizadora Ángela Cruz (1969, Heroica Ciudad de Tlaxiaco, Oaxaca) cuenta tres historias diferentes, que ocurren en el mismo pueblo, ligándolas entre sí por un procedimiento narrativo muy ingenioso, formalmente hablando (estructura continua del lenguaje cinematográfico), sin que, ni una ni las otras, tengan nada que ver entre sí, pero que en esencia las une la denuncia social sin tapujos, sobre todo la discriminación al lesbianismo de las mujeres, el abuso de los pariente cercanos con las niñas y el abandono del hogar.
Las mejores películas de la Muestra fueron, al parecer de quien el presente texto escribió: 1. Ensayo de un Crimen, de Luis Buñuel, 2. Queridos camaradas de Andréi Konchalovsky, 3. La fiebre de Petrov de Kirill Serebrennikov y 4. Nudo mixteco de Ángela Cruz.
