La crisis financiera global que se avecina, necesariamente impactara en nuestra economía y  resulta incongruente que el titular del Ejecutivo Federal  continúe empecinado en concluir sus caprichos sexenales, aun en obra, como el tren maya  que es considerado tan inviable, que no hay un solo peso privado invertido ahí, ya que  se construye con financiamiento presupuestal y con dinero de Banobras, Nafin y de “Palacio Nacional”; o como la refinería Olmeca en Dos Bocas, que de un costo inicial de 12 mil millones pudiera incrementarse en 18 mil millones que ha sido inaugurada y no produce un solo litro de gasolina.

Para colmo el presidente, pisotea el Estado de Derecho emitiendo un decreto sin fundamento legal sin justificación que lo motive y sin estar dentro de las hipótesis de Seguridad Nacional para declarar la construcción del Tren Maya como una obra de Seguridad Nacional. Sin considerar que la protección al Medio Ambiente por su parte ese Sí que es de Seguridad Nacional. Esta es la mayor expresión de un totalitarismo extremo al igual que en las monarquías absolutistas y despóticas de la edad media, en donde el “Soberano” decidida todo.

El ejecutivo se concreta a realizar cada semana sus giras de inspección con un road show de medios declarando que todo va bien en nuestro país y que el funcionario que despacha de secretario de Hacienda solo escucha la voz de su presidente. La terca realidad se impone y ahora, sin abandonar del todo la posición triunfalista, comienzan a aceptar que la crisis global incidirá en nuestro país.

La economía de México se encuentra en recesión “técnica” desde el 2019, con un PIB sin crecimiento, con un aumento de desempleo, con la caída del salario, y del poder adquisitivo debido a la inflación, con la subida de precios de los productos básicos para consumo de las familias, disminución de la poca inversión.

De acuerdo al Fondo Monetario Internacional, este año será difícil y, aún más el próximo, y con riesgo de crecimiento de la  recesión, debido a una economía débil, y presionada por la inflación que en mayo llegó a por ciento, aunado a las tasas de interés aplicadas por bancos que inhiben el consumo  y el gasto,
lo que  propiciará una caída mayor al poder adquisitivo de los salarios y como consecuencia un  menor consumo y un mayor debilitamiento de la economía.  Por lo que hace a la deuda externa hoy México adeuda dos billones 644 mil 676 millones de dólares más, lo cual representa el 25 por ciento más que en el 2018 cuando inició el gobierno de Morena.

A todo esto se suma la violencia demencial que provoca inseguridad en casi todo el territorio nacional. Los casi 130 mil muertos de  este sexenio,  producto de la política de los “abrazos y no balazos” iniciada por el actual régimen y los crecientes actos de barbarie que hemos testimoniado en últimas semanas, que han alcanzado hasta a religiosos pacíficos,  son prueba irrefutable de que la espiral de violencia todavía alcanzará cotas insospechadas.

Lo delicado y grave es que en esta crisis no sólo se trata de deuda pública: se trata de la también gigantesca deuda privada, señaladamente de la quiebra de las grandes instituciones y empresas. Los últimos días hemos atestiguado cómo una espiral de volatilidad ha impactado las bolsas de todo el mundo precipitándolas a la baja, entre ellas a la mexicana. En este momento nos encontramos en el ojo del huracán, en el cual lo mejor que puede pasar es una desaceleración o posiblemente una recesión de la economía global, por lo cual resulta imperativo otorgar prioridad a una atenta, cuidadosa y serena lectura de los avatares de los indicadores críticos, a fin de reaccionar a tiempo.

En fin, son muchos los indicadores y variables que se requiere escudriñar, vigilar y cuidar, especialmente la evolución de la economía estadunidense que requiere de mayores ajustes en su gasto militar, recortes en gasto corriente y adecuaciones fiscales para aumentar sus ingresos y reducir su déficit presupuestal; una recesión nos afectaría gravemente.

Este es muy posiblemente el momento más difícil del sexenio, a la crisis interna de seguridad se le podría sumar una nueva y más grave crisis económica y de nada sirve justificar que “es que Calderón” o “es que Peña” o que  “vino de fuera”, nadie lo quiere, nadie lo pronostica, pero deseamos un Presidente sereno, concentrado en el timón y que olvide su pretensión de imponer a los nuevos gobernadores en el Estado de México y Coahuila y después al futuro Ejecutivo federal; la suerte de su régimen al que le restan 26 meses le va en ello.