Además, no es tan poderosa como se cree

René Anaya

La memoria es parte importante de la identidad de cada individuo, aunque no es tan poderosa como se le considera, por lo que es tan preocupante, dolorosa y vergonzante la enfermedad de Alzheimer, que cada año cobra notoriedad en México, en ocasión del Día del Abuelo (anteriormente llamado con propiedad Día del Anciano) que se conmemora el 28 de agosto.

En estas fechas se habla de la pérdida de memoria en la vejez y de los intentos de los neurofisiólogos y geriatras de proporcionar mejores condiciones de vida a quienes lamentablemente la padecen, por lo que se resalta una de las principales características de este padecimiento: el olvido de personas, lugares y objetos.

Una aprensión injustificada

En el intento de llamar la atención sobre el avance de casos de esta enfermedad en el país, se difunden informaciones parcialmente ciertas sobre sus síntomas, lo que puede causar una preocupación de más en personas que tienen olvidos normales.

Efectivamente, se conoce que al envejecer se tiende a olvidar más cosas o nombres de personas conocidas, suceden más distracciones e inclusive se presentan más dificultades para llevar a cabo ciertas funciones. Pero eso es, en cierto sentido, normal.

Sin embargo, se pretende asociar con los primeros síntomas de la enfermedad de Alzheimer. Así, muchas personas que a menudo olvidan dónde dejaron sus llaves, sus lentes u otro objeto o que no recuerdan de momento el nombre de algún conocido o de algún personaje famoso, se preocupan porque creen que están empezando a sentir los efectos de ese padecimiento.

Además de las numerosas bromas –ya convertidas en lugar común– sobre esa enfermedad, se ha generalizado la idea de que la pérdida de la memoria representa en cierto sentido la pérdida de la identidad, pues el individuo se encontrará sin las raíces que sustentan su personalidad. Estrictamente así es, pero se debe tomar en cuenta que la memoria, los recuerdos específicamente, no son del todo reales y, en muchas ocasiones, no reflejan fielmente lo sucedido, aunque se haya presenciado.

“Sabemos desde los años de 1930 que los recuerdos pueden distorsionarse con el tiempo en formas sistemáticas. Y los estudios desde los años de 1980 han mostrado que inclusive los recuerdos más intensos de los eventos personales más significativos pueden cambiar con el tiempo”, ha referido Daniel Simons, doctor en psicología experimental.

A pesar de estas evidencias, la mayoría sigue creyendo que la memoria es muy poderosa. El doctor Simons, de la Universidad de Illinois, en Urbana Champaign, dirigió un estudio con mil 500 personas a quienes se les preguntó sobre las características de la memoria y los recuerdos, lo que representa “el primer sondeo a gran escala y representativo de la población estadounidense para medir las creencias intuitivas de cómo funciona la memoria”, refirió el psicólogo.

La ficción de los recuerdos

Aunque el estudio se realizó exclusivamente con estadounidenses, muchos de sus resultados podrían ser semejantes en otras poblaciones. Por ejemplo, se encontró que 83 por ciento de los encuestados cree que la amnesia nos hace olvidar nuestra identidad, probablemente influidos por las películas y relatos de ficción, lo cual no es cierto; lo que provoca es la pérdida de la capacidad de formar y consolidar recuerdos nuevos y de largo plazo.

Asimismo, 65 por ciento de los entrevistados piensa que la memoria es una especie de cámara de video, por lo que los recuerdos quedan almacenados, son estáticos y nunca cambian. Varias investigaciones han demostrado lo contrario, que los recuerdos son manipulables y se llegan a modificar al paso del tiempo. Por esa razón, en los Estados Unidos los testimonios de testigos oculares de un hecho delictivo no son determinantes en un juicio, pues se conoce que 30 por ciento de sus declaraciones no son confiables.

Al respecto, la doctora Elizabeth Loftus, de la Universidad de California, en Irving, demostró en un estudio que es posible introducir memorias totalmente falsas en individuos y hacerlos creer que son sucesos que realmente ocurrieron. Por tanto, la frase: “lo vi con mis propios ojos” pierde la fuerza y convicción de certeza que anteriormente se creía que tenía.

Lo que sí es cierto es que el olvido de las llaves o de otros objetos, sin otros síntomas, no debería representar una preocupación mayor, yaque se trata del síndrome de la vida ocupada, según lo han definido científicos del CPS Research, centro de investigación de Escocia, quienes refieren que la desmemoria está “afectando a gente cada vez más joven como resultado de múltiples ocupaciones en el hogar o el trabajo y por el exceso de información proveniente de los varios medios de comunicación”. Así que el olvido circunstancial y la distracción no necesariamente representan el primer aviso de los síntomas de la enfermedad de Alzheimer, aunque sí demuestra lo frágil que es nuestra memoria, una aliada a veces no tan confiable.

reneanayas@yahoo.com.mx