Claudicar no es alternativa

Por Carlos Jiménez Macías

El tiempo apremia, no hay pretextos, no se pueden, no se deben posponer más los acuerdos que permitan rescatar el país de esta aberrante escalada de violencia, que cada día se expresa con actos más y más brutales.

La sociedad ya no puede seguir esperando a que los gobernantes actúen para combatir la delincuencia, pero debe ser a partir de estrategias inteligentes, contundentes, quirúrgicas, eficaces, eficientes y sobre todo oportunas.

Hay que tomarles la palabra a todos los actores que de una u otra forma se han manifestado en aras de construir un gran acuerdo. Hay que sumar la voluntad de todos, ¡de todos! Empezando por el presidente de la república y sus funcionarios; de los diputados y los senadores —con los coordinadores parlamentarios de todos los partidos políticos de ambas cámaras por delante—; de los ministros, jueces y magistrados encargados de administrar justicia, así como de las universidades, los obreros, los empresarios, los campesinos, los intelectuales, el magisterio, las organizaciones de la sociedad civil, en fin… ¡la sociedad entera, pues! Si a algo debemos aspirar, es a lograr la plena participación de la gente en la toma de decisiones que México requiere.

Para este año legislativo en ciernes, el Congreso deberá dar muestra de lo que está hecho. Imperativo actuar así; deberá ser actor sumamente eficiente para dotar al Ejecutivo federal y al Poder Judicial, de herramientas contundentes para combatir de frente y sin cortapisas al crimen organizado. Si no aprendemos la lección, si la criminalidad sigue avanzando, los hechos violentos ocurridos hace unos días en el centro de apuestas de Monterrey, sin duda se multiplicarán tarde o temprano en todo el país.

En el colmo de la desmesura, hay quien se atrevió a proponer una tregua o una amnistía con estas bandas de desalmados. Lo vergonzoso, inadmisible, preocupante e incomprensible es que el consejo haya venido del propio ex presidente Vicente Fox. La pregunta es, ¿a qué nos quiere condenar? A que el Estado mexicano pierda la gobernabilidad, como le sucedió en su momento a nuestro hermano país de Colombia… ¿ése es el camino que propone? Si ése fuera, nuestro destino sería la humillación y la rendición denigrante frente a todos nuestros hijos.

Por otra parte, negar la ineficacia de la estrategia del actual gobierno para combatir la criminalidad sería inaceptable. Su terquedad y obstinación nos sigue conduciendo a vivir día con día, en un clima de violencia inverosímil, de miedo, de terror; sin embargo, ése no es el tema de esta entrega. Los tiempos en que la sociedad entera valorará los resultados de este gobierno ya están a la vista. Será por eso que a los blanquiazules se les ve tan nerviosos y preocupados, difundiendo a todas horas sus supuestos logros.

Debe quedarnos claro que claudicar ante la delincuencia no es una alternativa. Otros países, incluso en nuestro propio continente, han vivido este tipo de tragedias que hacen las veces de terrorismo. La desatención, el desinterés o el menosprecio de estos niveles delincuenciales, ha demostrado que el riesgo por no actuar oportunamente es muy grande y la tentación para intervenir en la gobernabilidad del país por parte de estos grupos no se hará esperar.

Nada haría más daño a México que, ante la señal de riesgo enviada, no nos ocupemos a la brevedad de enviar la señal correctiva que dé tranquilidad y confianza, tanto a los mexicanos, como a las inversiones e intereses internacionales.

Insisto, es urgente y no hay pretextos para no actuar de inmediato; la sociedad espera de sus legisladores altura de miras y compromiso para asumir el reto que en breve nos aguarda, para sacar adelante las reformas pendientes en el Congreso.

cjimenezmacias@yahoo.com.mx