Cat Stevens escribió “es un mundo salvaje, donde es difícil sobrevivir solo con una sonrisa”. Pareciera que está hecha para este momento. No se habían dado la cantidad de conflictos y con la intensidad de los que estamos viviendo; sin duda, es el nacimiento de un nuevo orden mundial, con el fin de la hegemonía estadounidense y el sistema creado a partir de la caída del Muro de Berlín.

Esto no es nuevo, la geopolítica es viva y el orden mundial se replantea cíclicamente.  La Revolución Francesa y las Guerras Napoleónicas dieron pie a la Europa de Metternich en el Congreso de Viena de 1814, que estabilizó a Europa por un siglo.

Sin embargo, este se debilitó por la Primera y Segunda Guerra Mundial, lo que condujo al sistema bipolar y la Guerra Fría, la caída del Muro de Berlín, el neoliberalismo, la globalización y este momento, frente a la gestación de un nuevo orden mundial.

Hoy estamos viendo la reedición de las Guerras Médicas, el enfrentamiento entre Occidente y Oriente, un choque de civilizaciones que ha continuado hasta nuestros días.

Al final, el conflicto entre Ucrania y Rusia no deja de ser entre Europa y Moscú; Israel combatiendo contra Irán y Palestina no es solo un tema geográfico, es la colisión de sistemas de valores, así como también el choque comercial entre Rusia, Estados Unidos y China, para determinar quién tiene la hegemonía global.

Aún con todos estos antecedentes, estamos entrando a un mar sin cartografiar con una ecuación extraña: por un lado, el rey loco dinamitando la democracia estadounidense y sus instituciones con vocación dictatorial y una nula idea del Estado, además de tener un gobierno vulnerado por su narcisismo y exageraciones que rozan en lo absurdo; por otro lado, está una Europa despistada, asfixiada por su propias contradicciones, frente a Estados totalitarios y lejanos completamente a cualquier visión democrática y de derechos humanos.

Antes de ingresar al nuevo orden mundial, es probable que entremos a un caos y que las cosas empeoren antes de mejorar, sin que tengamos claridad de las consecuencias y sobre cómo será la nueva estabilidad.

En este escenario de irracionalidad, el liderazgo de la Presidenta Claudia Sheinbaum se muestra como la isla de la sensatez, diplomacia, claridad y pragmatismo, lo cual tenemos que reconocer, porque lo que está en el mundo por definirse y en el fondo de este nuevo orden mundial es el futuro de las libertades, los derechos, la democracia, la visión social y la aspiración de una mejor humanidad.

X @LuisH_Fernandez