El mensaje de fondo de López Obrador el pasado fin de semana fue que en el grupo gobernante no están dispuestos a dejar el poder aunque lo pierdan por vías democráticas. Ellos, López Obrador, Sheinbaum, Morena y sus aliados, tienen el poder total de lo que hoy queda de la república. Y aún así, amenaza López Obrador con salir de nuevo a las calles si hay fraude electoral, golpe de Estado o está en peligro la soberanía nacional.

Ante la grave crisis de gobernabilidad que enfrenta el país, cuando los hilos del poder se le siguen yendo de las manos a Claudia Sheinbaum y el bloque gobernante corre el riesgo de sufrir un fuerte descalabro político en las elecciones de 2027 y hasta perder la Presidencia de la República en el 2030, sale a la luz pública el exmandatario para gritarle al país que él es el “salvador de la patria”, como lo hizo en los años 1800 el tan vituperado Antonio López de Santa Anna, quien tantas veces regresó a dirigir la Presidencia de México. ¡Qué tiempos de tragicomedia estamos viviendo!

Los espectros de Santa Anna y Porfirio Díaz se nos aparecen ahora bajo los ropajes guindas de un nuevo “salvador de la patria”, sólo que con el hedor propio de los escándalos de la insultante corrupción, sus vínculos con el crimen organizado, el abandono del campo, de la salud y la educación, junto con las brutales consecuencias del estancamiento económico.

Se nos aparecen en la figura del responsable principal del desastre nacional, López Obrador. ¿De qué posible fraude electoral o golpe de Estado habla el moderno Santa Anna, después de que tanto él como Claudia Sheinbaum ganaron en las urnas y sus triunfos les fueron reconocidos, y cuando ahora ellos controlan en su totalidad los órganos electorales?

Lo que realmente nos está diciendo López Obrador es que si ellos dejan de ser mayoría y pierden las próximas elecciones, será porque hubo fraude electoral. Nunca, nunca, nunca, reconocerá un resultado adverso, una derrota. Menos una derrota electoral a su “proyecto histórico de transformación”. Y amenaza con salir a las calles a exigirles a las autoridades electorales que les levanten las manos como vencedores aunque hayan perdido las elecciones.

El mensaje de fondo es terrible, autoritario y golpista. Porque además, hay que subrayar aquí lo afirmado en colaboraciones anteriores: López Obrador, Claudia Sheinbaum y Morena ya dieron un golpe de Estado real (ciertamente no militar) al usurpar una mayoría para modificar las bases fundamentales de nuestra república democrática. Y con esa mayoría ficticia y tramposamente construida, sin que mediara “trastorno público alguno” (como lo señala el artículo 136 de nuestra carta magna), sí establecieron “un gobierno contrario a los principios que ella sanciona”.

Agregado a lo anterior, hay que decir que es falso el discurso obradorista de salir a las calles si está amenazada nuestra soberanía, ya que casi la mitad del territorio nacional ha sido entregado por el gobierno a los grupos criminales. Lo demás es un falso discurso patriotero.

En medio de todo esto, especular que si Claudia Sheinbaum se fortaleció con la salida de Gertz Manero de la Fiscalía, o que si López Obrador la amenaza o “le hará sombra”, o cualquier otra cosa al respecto, no es más que abonar al discurso justificativo de las incapacidades y la corrupción del poder.

Mejor pensemos en construir una poderosa red cívica, social y política, con y más allá de los partidos políticos, que se constituya en una mayoría nacional democrática para enfrentar victoriosamente al autoritarismo. Este concepto lo expresé en la maravillosa Feria Internacional del Libro de Guadalajara, dentro del marco de la presentación del libro de mi autoría, “La Voluntad Invicta” (Cal y Arena), acompañado de mis magníficos amigos Rubén Aguilar, Rubén Moreira y Rafael Pérez Gay.