El domingo 14 de diciembre la mayoría de los votantes de la República de Chile hablaron claro y fuerte en las urnas, y Juan Antonio Kast Rist, político convencido de la extrema derecha y candidato del Partido Republicano —que recuerda con nostalgia al pinochetismo —“si el general Pinochet viviera, votaría por mí”, dijo en 2917, durante su primer intento, de tres, por llegar al palacio de La Moneda, sede del ejecutivo chileno—el descendiente de un soldado alemán nazi, que llegó al país en compañía de su esposa en la década de 1950, los que procrearían diez hijos–, será el próximo presidente chileno electo legalmente y con mayoría indubitable, superando a Jeanette Jara Román, la candidata de una amplia alianza de izquierdas y centroizquierda —que solo alcanzó el 42% de los votos—, con el 58% de la votación.
Contundente derrota para las “fuerzas progresistas” de izquierda que en esta ocasión ya no convencieron a los electores chilenos. En tal circunstancia, no vale la pena intentar acrobacias argumentales (como ya lo hicieron algunos agrios analistas de origen chileno radicados en España y en México), para disimularla. Tampoco tiene caso reproducir las respuestas prefabricadas y catárticas que pulularon en las “benditas redes”, paneles y columnas periodísticas de uno y otro bando que solo sirven para avivar la polarización y el odio en la sociedad chilena.
El triunfador y la derrotada representan modelos políticos radicalmente diferentes. El hecho es que por razones distintas una oleada de derecha o de ultraderecha como prefieren los ultras, recorre tierras latinoamericanas para zozobra de la omnisciente izquierda convencida que cuando se apoderan del mando supremo nunca lo van a perder. Como ahora jura y perjura la 4T en México. Más les valdría poner las barbas a remojar, como aconseja el refrán. En estas cuestiones, bien se sabe, nada es para siempre. El pueblo, como masa, es voluble y sabia, cuando menos se piensa, se encamina por otros senderos muy diferentes a los que indican los “sondeos” que con mucha frecuencia se equivocan de pe a pa.
Como sea, las reacciones al holgado triunfo de José Antonio Kast Rist —cuya sangre germana lo pone de pecho para que cualquiera lo “denuncie” como hijo de nazi—, ejemplifican crudamente el caos ideológico en el que se debaten la mayoría de los países al sur del río Bravo.
Como ha sucedido en los últimos tiempos, cada corriente abona para su causa. La sucesión presidencial en Chile no podía ser diferente. Hasta el momento, ninguna capital en el Nuevo Mundo ha ignorado la validez de la elección. No había manera. Kast cosechó el 58,16% de los votos y por eso será el 38° presidente de la República de Chile el próximo 11 de marzo de 2026, durante cuatro años. Después, ya se verá si no hay alternancia.
El republicano (ultraderechista, dicen sus adversarios), padre de nueve hijos con su esposa, la abogada María Pía Adriasola, ganó desahogadamente a la abanderada comunista Jeanette Jara, en una contienda que terminó consolidándose y que, por momentos, alcanzó una diferencia que estuvo cercana a los 20 puntos porcentuales. Victoria categórica.
El hermano de Miguel Kast, ex presidente del Banco Central de Chile durante el régimen del general Augusto Pinochet Ugarte, y licenciado en derecho egresado de la Pontificia Universidad Católica de Chile, se impuso en todas las regiones del país y en 341 comunas, incluso ganando en zonas históricamente de izquierda, lo que equivale a cerca del 90% del total, mientras que Jara sólo logró vencer en 35. La suma de las urnas confirmó una clara tendencia electoral favorable. La derecha dejó sin margen de duda el desenlace del balotaje presidencial.
Lo que siguió tuvo lugar de acuerdo a la tradición republicana democrática chilena, algo que no sucede en muchos otros países latinoamericanos y de otros lares. El mandatario saliente, Gabriel Boric Font —de apenas 39 años de edad, el más joven en la historia del país—, al que ahora la izquierda achaca la derrota porque supuestamente se había alejado de la base social, llamó por teléfono al recién electo para felicitarlo por su victoria, como Presidente de la República de Chile y, por tanto, de “todos los chilenos”…”esa es una gran responsabilidad que hay que abordar con humildad, con mucho trabajo y con cariño por el país”. Kast agradeció la llamada y enfatizó la importancia de una transición ordenada y respetuosa…me interesará mucho contar también con su mirada y sus opiniones sobre el país…”. Dos días más tarde tendría lugar la primera reunión de ambos mandatarios y parte de sus respectivos equipos. Kast recordó, además, que “Chile es más grande que cualquiera de nosotros y se construye sobre la base de lo que otros han hecho antes”.
La propia noche de los comicios, Kast se dirigió a sus seguidores, lanzó un llamamiento explícito a la unidad de la derecha y destacó el lugar que le toca a la oposición: “Necesitamos la colaboración y los aportes de cada uno” … “La crítica es legítima cuando se hace con diálogo, sentido común y altura de miras”. Se dice rápido, pero no es fácil de lograr.
Con tono moderado, más del que usó en los días de campaña, Kast delineó las prioridades de su próxima administración: seguridad, inmigración y progreso económico. Adelantó que tomará “decisiones difíciles” con resultados no inmediatos. Al responder a las inquietudes por el mayor giro a la derecha desde el retorno de la democracia en1990, afirmó: que “la emergencia no significa autoritarismo. La emergencia significa prioridad, urgencia y cumplimiento”.
Por lo que toca a la delincuencia, recordó su enfoque de “mano dura” contra quienes no respeten la ley. “Debemos tener grandeza para reconstruir la convivencia, el respeto y la confianza entre nuestros compatriotas”, aseguró. Asimismo, dijo que su gobierno permitirá las manifestaciones sociales, aunque advirtió que no haría la vista gorda por los hechos de violencia. “No tenemos ningún problema en que los jóvenes se manifiesten, pero vamos a perseguir a quienes cometan delitos. Chile no puede acostumbrarse al miedo. Chile no puede acostumbrarse al fuego”.
Respecto a la economía, el también catedrático de economía en la Universidad Católica de Chile, expuso que el país tendrá un escenario complejo: “Vamos a sufrir un año duro, muy duro, porque las finanzas nacionales no están bien”, al tiempo que mencionó los problemas estructurales en salud, vivienda y educación: “Nos van a tocar momentos difíciles, en los que tendremos que tomar decisiones muy relevantes”. Y llamó a instaurar “una cultura de trabajo conjunto y reconstrucción de confianzas”.
En suma, el abogado de 56 años de edad y católico fundamentalista, obtuvo 7.2 millones de sufragios, dos millones más que Jara. El categórico desenlace quedó claro apenas iniciado el conteo, nunca hubo señales de una competencia que pusiera en duda la tendencia.
Frente al creciente temor de los chilenos por el aumento de la inseguridad y la migración, temas torales sobre lo que se decidió la alternancia entre la sociedad local, Kast plantea una lucha irrefrenable contra la delincuencia a través de la deportación de los 330 mil indocumentados que viven en el país, a quienes se culpa del repunte del crimen.
Kast lleva una cuenta regresiva para concretar su plan de expulsión de los extranjeros sin documentos, cuando asuma el próximo 11 de marzo la presidencia: “Si no lo hacen voluntariamente, los vas a buscar para expulsarlos”, aseguró durante la campaña.
Cuatro años de gobierno apenas duran para tratar de cambiar un poco el panorama que prevalece en Chile. En estas circunstancias, como el tiempo apremia, Kast no desperdicia ningún momento, sobre todo por lo que respecta al eje Washington-Buenos Aires. Con el objetivo de que Santiago refuerce el citado eje, el presidente electo del alargado país sudamericano hizo su primera gira al extranjero, para reunirse en la bonaerense casa Rosada con el discutido Javier Milei. La visita ratifica, si había la necesidad de hacerlo, la coincidencia ideológica entre los dos dirigentes ultraderechistas del cono sur, lo que significó una carambola que llegó hasta la Casa Blanca, de río a río: del Potomac al de la Plata. Uno de los puntos de la reunión fue el problema migratorio. Indudablemente salió a la plática la vergonzante “cacería” de los infortunados indocumentados que encabeza el estrafalario, por decir lo menos, presidente de EUA, Donald John Trump.
Al término del cara a cara —Kast-Milei—, el recién elegido presidente chileno declaró: “Hemos planteado a diferentes presidentes en ejercicio que tenemos que tener coordinación para abrir un corredor humanitario de devolución de estas personas (los indocumentados) a sus respectivos países”. Al parecer, ya lo hizo con los mandatarios de Bolivia, Rodrigo Paz; Perú, José Jeri; Ecuador, Daniel Novoa; Panamá, José Raúl Mulino; Costa Rica, Rodrigo Chávez; y El Salvador, Nayib Bukele, todos en la misma órbita del magnate estadounidense.
De acuerdo a lo dicho por Kast, los presidentes citados apoyan su Plan Escudo Fronterizo (PEF), que por “mera coincidencia” mantiene claras similitudes con la política del Tío Sam (Donald J Trump), llevada a cabo por el Servicio de Control de Inmigración y que contempla la instalación de vallas de más de cinco metros de altura, zanjas, drones con reconocimiento facial y radares térmicos.
La migración —agregó el presidente electo chileno—, “ha afectado gravemente a nuestra nación, que tenía un nivel de desarrollo importante, lo cual la hace atractiva a muchas personas que vienen huyendo de países que han destruido su economía y que vienen de ahí porque no tienen destino”.
Aseguró además que de los dos millones de migrantes que hay en Chile al menos 300,000 están en situación irregular. De estos último, la mayoría son venezolanos. Al respecto, el “patriota” Nicolás Maduro declaró a la prensa que Kast no debería actuar en contra de los venezolanos, “porque a éstos se les respeta”. Caso contrario Caracas respondería.
Al abundar sobre su propuesta migratoria, Kast aclaró: “Nunca dijimos que en el primer día íbamos a poder expulsar a 300 mil personas o más, es evidente que no hay capacidad para hacerlo”. “La invitación es que, si alguien quiere estar en Chile y está en situación irregular, tome sus cosas, se vaya y después postule a ingresar de nuevo con todos los papeles en regla como corresponde”. En caso contrario, completó, los irregulares podrían encontrarse “ante alguna autoridad y no van a volver a entrar nunca más”. Casi calca de lo que propone Trump en EUA.
Sorpresivamente en la conferencia de prensa que Milei y Kast ofrecieron en Buenos Aires al término de su reunión, el presidente electo de Chile anunció su apoyo a una posible intervención de EUA en Venezuela para resolver “problemas” y “una situación puntual generada por un narcodictador”, en clara referencia al mandatario venezolano.
Kast declaró a la prensa: “No nos corresponde a nosotros solucionarlo, pero el que lo haga va a contar con nuestro apoyo”. “Yo apoyo cualquier situación que termine con una dictadura, una narcodictadura. Nosotros claramente no podemos intervenir en eso, porque somos un país pequeño, pero somos víctima del terror que implica tener una dictadura”.
Además, expresó que una eventual intervención estadounidense en Venezuela solucionaría “a todo Latinoamérica,a todo Sudamérica, un problema gigantesco, incluso a países de Europa. Las reglas internas de Venezuela son claras: hubo una elección democrática y alguien se la robó, y ese alguien es el señor Maduro. No tiene la legitimidad democrática para ejercer como pseudo presidente de esa nación. Esto requiere un acuerdo internacional, porque es Evidente que se robaron una elección. ¿Qué dicen los organismos internacionales?”. La gran mayoría está en contra de una invasión del Tío Sam en Venezuela.
La presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, en una declaración poco frecuente cuando se trata del triunfo de un candidato de la derecha en cualquier parte del mundo, dijo que el triunfo electoral de José Antonio Kast fue en una votación democrática en la que el pueblo eligió a quien quiere que lo gobierne. “Creo que es un momento de reflexión para los movimientos progresistas en América Latina de por qué se dan estas circunstancias. Además, descartó (sic) que una situación semejante ocurra en México, al comentar que el gobierno de la 4T tiene “mucho apooyo popular” por el cumplimiento de compromisos, así como la unidad. “Yo creo que esto no se va a dar en México” (?).
En, fin, como corolario de la elección presidencial de Chile, el gobierno de Donald Trump recibe otro “voto” de confianza para que unilateralmente intervenga en los destinos del pueblo venezolano. Las aguas del Nuevo Continente están turbias. VALE.
