El año 2025 ha sido un período de desafíos y ajustes para la economía mexicana, marcada por un crecimiento moderado, esfuerzos fiscales para reducir el déficit y presiones externas como la incertidumbre comercial con Estados Unidos bajo la administración Trump. Según datos preliminares, el Producto Interno Bruto (PIB) de México creció alrededor del 1% anual, aunque con variaciones trimestrales. En el primer semestre, la economía sorprendió con un avance del 1.8%, superando expectativas de recesión, impulsado por sectores como la manufactura y el nearshoring. Sin embargo, organizaciones como la OCDE ajustaron sus pronósticos a un 0.7% para todo el año, citando debilidad en la industria y servicios, con un tercer trimestre que mostró una contracción del 0.3% trimestral. El FMI y otras fuentes coinciden en un rango de 1.0%, con proyecciones de recuperación gradual hacia 1.5% en 2026, influida por la integración con EE.UU.

En cuanto a la inflación, esta se mantuvo dentro del rango meta del Banco de México (Banxico), de 3% ±1 punto porcentual. El índice anual alcanzó el 3.80% en noviembre, acelerando desde el 3.57% de octubre, impulsado por precios de alimentos y energía, aunque por encima de las expectativas. La inflación subyacente, que excluye volatilidades, subió a 4.43%, la más alta desde marzo de 2024. Banxico respondió con recortes cautelosos en las tasas de interés, manteniendo la referencia en torno al 10%, para equilibrar el control inflacionario con el estímulo al crecimiento. Analistas prevén que cierre el año cerca del 3.9%, con una media anual de 3.92%.

Las finanzas públicas mostraron un esfuerzo de consolidación bajo la administración de Claudia Sheinbaum. El déficit fiscal se redujo un 28.4% respecto a 2024, cerrando en alrededor del 4.1% del PIB en septiembre, con proyecciones de bajarlo a 3.9% para fin de año. La deuda pública se estabilizó en el 49.9% del PIB, gracias a recortes en el gasto público y un ajuste fiscal que incluyó reducciones reales inferiores al 2%. Sin embargo, Pemex, la petrolera estatal, enfrentó desafíos con un incumplimiento en producción, elevando el déficit presupuestario proyectado a 4.3%. El gobierno priorizó inversiones en infraestructura y programas sociales, aunque la presión por aranceles estadounidenses amenazó la estabilidad.

Un evento clave fue la compra parcial de Banamex. Citigroup completó en diciembre la venta del 25% de su participación en Grupo Financiero Banamex a una entidad controlada por el millonario mexicano Fernando Chico Pardo, por unos 2.3 mil millones de dólares. Esta transacción, anunciada en septiembre, marca un paso hacia la salida total de Citi de su negocio minorista en México, valorado en unos 9.3 mil millones, aunque rechazó ofertas previas como la de Grupo México. El movimiento fortalece la presencia local en el sector bancario y podría impulsar fusiones futuras.

Otros temas relevantes incluyen el nearshoring, que continuó atrayendo inversiones extranjeras, especialmente en manufactura, aunque con incertidumbre por tarifas trumpianas que podrían reducir el comercio bilateral. Las remesas, vitales para la economía, cayeron un 5.8% a 61 mil millones de dólares, afectadas por políticas migratorias estadounidenses, representando el 85% de envíos desde EE.UU. Pemex lidió con deudas y producción baja, mientras reformas judiciales generaron debates sobre confianza inversionista. En resumen, México mostró resiliencia, pero enfrenta riesgos externos y necesidades de reforma para un crecimiento sostenido por encima del 2% en 2026.