En memoria de Jorge Pereira,
brillante embajador argentino
Amigo entrañable
A pesar de mi interés de referirme a temas clave en el escenario internacional hoy, como son la paz que no llega a Ucrania y el genocidio marca Netanyahu en Gaza y Cisjordania, entre otros, me siento obligado a comentar los sucesos de Venezuela. Porque, aun corriendo el riesgo de ser reiterativo, me constriñe a hacerlo el torrente de comentarios sobre el tema, que está tocando de manera peligrosa a México: Trump amenaza veladamente con la intervención militar en territorio mexicano.
Comienzo por un comentario que es obvio, pero es tramposa o torpemente empleado por algunos comentócratas: La captura de Nicolás Maduro a través de una operación militar estadounidense en territorio de Venezuela es ilegal conforme al derecho de Estados Unidos y constituye una grave violación al derecho internacional, independientemente de que el venezolano haya sido presidente ilegítimo y un sátrapa.
Contra lo que piensan, jubilosos y agradecidos, opositores de Maduro y del chavismo, exiliados en el extranjero -y algunos en la propia Venezuela- de que Trump los estaba liberando de un régimen dictatorial, al “libertador” le tiene sin cuidado el pueblo y la democracia del país sudamericano. Lo que le interesa es el petróleo de Venezuela y que no llegue a Cuba -en auxilio de su desfalleciente economía. La suspensión del suministro se está traduciendo, como sabemos, en el aumento de las cantidades de este “oro negro” que México envía a su vecino caribeño, con el disgusto de Trump y, sobre todo, de Marco Rubio, el secretario de Estado.
Por si esto fuera poco, Estados Unidos, potencia invasora, ha decidido que por ahora gobernará el país, ¡a través de la vicepresidenta chavista Delcy Rodríguez, sin descabezar a la actual nomenklatura que gobierna! Destaco, entre otros, al terrorífico Diosdado Cabello.
Bien dice Roxana Vigil, analista del think tank estadounidense Council on Foreign Relations, que Donald Trump privilegió el petróleo sobre la democracia, la estabilidad y las elecciones en Venezuela. Claro que, según el Wall Street Journal, un informe de la CIA presentado a Trump concluyó que los fieles del régimen eran los más adecuados para dirigir la Venezuela inestable post-Maduro.
De la “presidenta encargada” Delcy Rodríguez, hay un abultado expediente de tropelías que muestran, a primera vista, a un personaje políticamente “sucio” -véase por ejemplo el artículo “De Lutero”, de Manuel J. Jáuregui, en el periódico Reforma del 6 de enero. No solo eso, sino que el artículo de Sergio Aguayo, también en Reforma, del 7 de enero, informa de una “larguísima conversación” de esta mujer con Marco Rubio, en la que se pactaría tanto la supervivencia del chavismo, con ella como “presidenta encargada” como la entrega de Maduro.
El post-chavismo debería permitir el acceso al gobierno de Edmundo González, el presidente que ganó por amplísimo margen las últimas elecciones y robó Maduro y los chavistas. Y, desde luego, con la presencia física y autoridad moral, carismática de María Corina Machado, ganadora del Premio Nobel por su heroica lucha de años en favor de la democracia en Venezuela -Premio que, en su momento, dedicó al mandatario estadounidense, quien deseaba ser el laureado.

Pero este hacedor de mandamases en el país sudamericano vetó a María Corina: machista y despectivo, dijo de ella que “le sería difícil ser la líder… no tiene el apoyo ni el respeto dentro del país. Es una mujer muy agradable, pero no tiene el respeto.” Aunque, de acuerdo a The New York Times, los servicios de inteligencia estadounidenses -la CIA- habrían desaconsejado prescindir de la administración chavista, sólida, porque ello exigiría una importante presencia militar estadounidense en el país. Ello, en consecuencia, desaconsejaría avalar a Edmundo González como presidente de la Nación y a María Corina como poderosa consejera.
Pero habría otros elementos que considerar en la negativa de Trump para avalar el nombramiento de María Corina en la dirección política del Estado: Según fuentes de The Washington Post, María Corina cometió “el último pecado” al aceptar el Nobel de la Paz que Trump deseaba ardientemente para sí. Si ella hubiera declinado la concesión del Nobel, diciendo: “No puedo aceptarlo porque es de Donald Trump”, sería hoy presidenta de Venezuela.
Sin embargo, The New York Times afirma que los problemas de María Corina han sido con el entorno de Trump -y serios: en enero de 2025 rehusó, en el último momento, reunirse con Richard Grenell, enviado del mandatario estadounidense. Asimismo, no accedió a presentar a los estadounidenses una lista de los presos políticos que deberían ser liberados. Lo que sucedió es que, viviendo ella en la clandestinidad en Venezuela, temía ser descubierta y aprehendida. Pero esto no parecen haberlo entendido los norteamericanos.
De nuevo encuentro informes sorprendentes al redactar este artículo: al margen de la información de Manuel J Jáuregui -en su estilo sulfuroso- sobre Delcy Rodríguez, la presidenta “encargada”, de Venezuela. Como ministra de Relaciones Exteriores, ordenó en 2017 transferir un donativo de 500,000 dólares para la investidura de Donald Trump a través de la petrolera del Estado. Según informa el diario francés Le Point, del 7 de enero en curso.
Por su parte, el Miami Herald menciona una investigación que muestra cómo la mencionada hoy presidenta Rodríguez abrió, con otros responsables venezolanos, un canal secreto de negociaciones con Washington, vía Qatar, desde 2025. Diríase una novela de espías. En todo caso, el sedcretario de Estado Marco Rubio, si bien subraya la “ilegitimidad” de origen de la presidenta Rodríguez, considera posible trabajar con ella.
Hoy esta “novela de espías” revela novedades, como la fraternización de Trump, hasta hoy amenazante, con el presidente Petro de Colombia. Todo gracias a una llamada telefónica de éste al estadounidense y una larga conversación, que concluyó en cordialidad y el anuncio de una próxima visita del colombiano a Washington. Con lo que escapa a la espada de Damocles trumpiana, que sigue pendiendo, sin embargo, sobre Cuba, la obsesión de Marco Rubio, y México.
Otra revelación de última hora es la presencia de Steve Miller, asesor en política interna del mandatario estadounidense, defensor de tesis de ultraderecha y de iniciativas tales como las deportaciones masivas de inmigrantes. Este personaje, de voz estentórea y agresiva, comienza a ser también asesor en política exterior.
Sin embargo, el zar de Trump en América Latina -como se le denomina en el prestigioso grupo español de análisis internacional El Orden Mundial- es Marco Rubio, secretario de Estado y que ha perseguido durante años el fin del chavismo y tiene en la mira a Cuba, como exiliado, hijo de exiliados cubanos, refugiados en Miami.
Es precisamente Marco Rubio quien ha explicado a los medios el plan de Estados Unidos para Venezuela: “La primera fase consistirá en la estabilización, sobre todo la económica; la segunda, en la recuperación, con el énfasis en la reconciliación nacional, y la tercera será la de la transición y normalización definitiva hacia la celebración de elecciones. Estados Unidos mantendrá indefinidamente el control del petróleo -y su venta a precios del mercado… que beneficie al pueblo estadounidense.” Expuesto el plan a los legisladores, los republicanos lo elogiaron, en tanto que los demócratas lo consideraron un expolio de la riqueza nacional de Venezuela.
Como punto final -por ahora- del presente tema, será tener presente la obsesión de Marco Rubio con Cuba y, ¿más importante?, tener igualmente presente que el personaje se posiciona en la contienda electoral, contrs JD Vance para suceder a Trump como presidente, ¿quién es el peor?
