La caída de Nicolás Maduro es una noticia agridulce. Cayó el tirano, pero no la tiranía. Hay madurismo, sin Maduro. La Delta Force de Estados Unidos sustrajo de sus aposentos al dictador, pero Washington decidió dejar viva la parte más oscura del chavismo.
La operación Resolución Absoluta para detener a Maduro se concentró en lo militar, pero descuido lo más importante: la transición a la democracia. Nadie le dijo al Presidente Trump que la captura del usurpador podría convertirse en una victoria pírrica si no se creaban las condiciones para desmantelar la maquinaria dictatorial.
Trump, por alguna razón, atendió un mal consejo de la CIA: utilizar a los aliados del régimen chavista para formar un gobierno de transición. El problema es que esos “aliados” son los principales arquitectos de un narco Estado represor que ha llevado a Venezuela a condiciones insultantes de atraso y pobreza.
¿Qué se esperaba? Que Estados Unidos no solo capturara al dictador, sino que en un plan diseñado junto con Edmundo González y María Corina Machado se pusiera en marcha el cambio de régimen.
En lugar de eso, Trump descalificó a la líder política y moral de un movimiento que derrotó a Maduro en las elecciones de 2024 y lo mostró ante el mundo como lo que es: un vulgar defraudador.
Los “aliados” de la Casa Blanca hoy deberían de estar siendo juzgados en los tribunales de Nueva York por crímenes de lesa humanidad, junto con Maduro, en lugar de seguir gozando de los privilegios que les da un poder absoluto.
Delcy Rodríguez, ahora Presidenta interina de Venezuela ha sido acusada por María Corina Machado de ser una torturadora y partidaria de Maduro en la persecución de opositores al régimen. Si Estados Unidos pretende utilizar a una déspota para que Venezuela de un salto a la democracia se equivoca.
Delcy Rodríguez es a Maduro lo que Claudia Sheinbaum es a López Obrador. La nueva Presidenta creció políticamente operando a favor de la dictadura y del aparato represor que sigue vigente. No tendría por qué ser distinta.
Ella junto con su hermano, Jorge Rodríguez, Presidente de la Asamblea Nacional formaban parte del círculo más íntimo de Maduro y fueron los principales operadores del mega fraude electoral que robó a Edmundo González el triunfo en 2024.
Delcy Rodríguez, Presidenta interna de Venezuela, Diosdado Cabello, Ministro del Interior, Vladimir Padrino, Ministro de Defensa y el Ejército Bolivariano repleto de militares cubanos expertos en movilización y espionaje se van a dedicar a consolidar los restos de la dictadura para quedar como los nuevos jefes del negocio.
Sheinbaum ha salido a defender a Nicolás Maduro y a condenar la detención del dictador. ¿Qué tiene de extraño? Invocó toda la literatura internacionalista contra el intervencionismo para abogar por quien financió las campañas políticas de López Obrador, por el socio hemisférico más importante que tenía el obradorato en contrabando de petróleo y tráfico de drogas.
Sheinbaum, una de las cabezas de la destrucción institucional, del Estado de Derecho y la democracia mexicana, no tiene la más mínima autoridad moral y política para acogerse a lo que ella misma traiciona todos los días.
La gran pregunta es si Sheinbaum va a seguir enviando petróleo a Cuba para sostener a la dictadura después del bloqueo petrolero impuesto por Trump a la isla para que el régimen caiga por sí solo.
La captura de Maduro y la permanencia del chavismo en el poder es una lección que debe preocupar a la oposición en México. Poner en la cárcel al dictador no significa poner fin a su estructura de poder. Llevar a López Obrador a una prisión de Nueva York no representaría el fin del obradorísmo.
El apoyo de Trump a los restos de la dictadura bolivariana demostró que el pueblo venezolano se ha quedado solo. En manos de los grupos paramilitares que con fusil amenazan, silencian y reprimen a un pueblo que sigue sin poder festejar la captura del dictador.
Venezuela nos está diciendo: No es Estados Unidos quien va a defender al pueblo venezolano. No es Washington quien vendrá a defender a los mexicanos. A las dictaduras no las tiran los intereses trasnacionales, ni las burocracias políticas. A los tiranos y a las tiranas los derrotan los ciudadanos. Es lo que México tiene que entender.
@PagesBeatriz
También te puede interesar leer
