¿Cuál soberanía, señora Presidenta, cuando la 4T ha convertido a México en enclave y santuario del madurismo criminal?

Claudia Sheinbaum sacó del cajón la Doctrina Estrada para condenar la captura de Nicolás Maduro con el argumento de que la Constitución mexicana y los principios de política exterior rechazan el intervencionismo.

Muy bien por el montaje teatral, pero la realidad es otra. El régimen que más ha permitido el intervencionismo en nuestro país es el obradorato.

López Obrador y Claudia Sheinbaum han abierto de par en par las puertas a la Venezuela de Hugo Chávez y de Nicolás Maduro, a la Cuba de Díaz-Canel y a la Rusia de Putin.

La propaganda cuatroteísta solo habla de intervencionismo cuando se refiere a Estados Unidos. Pero, es indiferente cuando se trata de aceptar no solo la presencia, sino el espionaje, la operación política y criminal que varios países realizan en el país bajo la protección del gobierno morenista.

La “Revolución Bolivariana” ha estado presente en México desde que López Obrador fue candidato en 2006. El ex subsecretario del Tesoro, Marshall Billingslea lo dijo con todas sus letras: Maduro transfirió dinero “sucio” a las campañas electorales en México y Brasil.

El chavismo fue parte de la escenografía en el “plantón de Reforma” auspiciado por López Obrador después de que perdió la presidencia ante Felipe Calderón.  Ahí dormían y comían células bolivarianas dedicadas a repartir propaganda comunista.

Cada una de las reformas políticas aprobadas por Morena en el Congreso, desde la energética hasta la del Poder Judicial y la Electoral —que está en puerta—, son copia de la Reforma del Estado diseñada por Hugo Chávez para implantar una dictadura.

Más aún. Durante los dos últimos sexenios el gobierno ha contratado a venezolanos y los ha colocado en posiciones estratégicas. Ahí está el caso de Sady Loaiza, Director de Bibliotecas con Maduro y hoy, casi nada, subdirector de Materiales Educativos en la SEP.

Un chavista, es responsable de la elaboración de los Libros de Textos y de los programas educativos en México. Para que se entienda bien: la educación de la niñez mexicana está en manos de comunistas dedicados a adoctrinar a las futuras generaciones del país.

¿Esto no es intervención? No hay militares, cierto, pero hay cosas peores: hay colonialismo cultural. El uso de la educación para imponer una doctrina que busca someter al pueblo de México a un régimen antidemocrático.

La oposición PRI y PAN deberían exigir, desde el Congreso, la renuncia inmediata de los extranjeros contratados por el gobierno de la 4T para intervenir en asuntos que violan desde adentro la soberanía nacional.

Hay algo que debe saber, señora Presidenta: la soberanía nacional no solo tiene que ver con territorio. También está íntimamente relacionada por el derecho de un pueblo a decidir cómo ser y pensar y los mexicanos no le hemos pedido que nos convierta en comunistas, chavistas o maduristas.

México no solo está controlado por los cárteles, también está controlado por la dictadura bolivariana. Prueba de ello es que Sheinbaum ha preferido poner en riesgo al país, desafiar a Washington, antes que romper con la Venezuela bolivariana y dejar de enviar petróleo a Cuba.  

El cordón umbilical entre el obradorato y la estructura criminal de la dictadura de Maduro es más que evidente. En la acusación inicial que hizo el gobierno norteamericano contra el tirano en una Corte de Nueva York se mencionó a México 25 veces. Faltan muchas más. Sobre todo, las que van a demostrar lo inevitable: que, durante el sexenio de López Obrador, México se convirtió en santuario del Cartel de los Soles.

¿A qué soberanía se refiere, entonces, la Presidenta de México cuando el régimen protege y defiende a dictadores que utilizan a la nación como lupanar de operaciones criminales?

 

@PagesBeatriz

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