Maricela Guerrero, alza la voz, como en su momento lo hizo Maura, el personaje principal de su primera novela Bronce Dorado, quien en la última década del siglo pasado se reveló contra la autoridad, el deber ser, los géneros.

Ahora la poetisa, maestra en Letras Latinoamericanas por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) cuestiona los últimos acontecimientos en el mundo, en nuestro entorno latinoamericano, en concreto, la intervención de Estados Unidos en Venezuela y sus amenazas contra México.

Señala que la literatura también forma criterio. “Como decía Julio Cortázar, no te dice qué pensar, sino que te enseña a reflexionar y a construir tus propias proyecciones del mundo. Eso es lo que me interesa que ocurra con Bronce Dorado, dice en entrevista con Siempre.

Autora de diez libros de poesía, entre ellos “El sueño de toda célula; Distancias. de los caprichos de tu corazón” y “A río revuelto”. En esta su primera novela plantea la búsqueda de identidad de una adolescente en un mundo cambiante, la historia que inicia en el ochenta aniversario de la Revolución Mexicana, en la década de los noventa, el fin del milenio, que da termino a los ideales y los principios que dieron sustento a este movimiento social y el comienzo del neoliberalismo, una nueva etapa para el país y para la juventud misma. Esta es la entrevista:

 

¿De qué trata “Bronce Dorado”?

Es mi primera novela. Antes me he desarrollado principalmente como poeta y después hice mi debut como narradora. Bronce Dorado nace a partir de un recuerdo personal de mi paso por una secundaria pública en la Ciudad de México.

La historia sigue a una protagonista que cuestiona todo aquello que solemos cuestionarnos en la juventud: la autoridad, el deber ser, los géneros. Ese proceso no ocurre en soledad, sino acompañado por las amistades que se van construyendo en el camino, los antagonistas que también aparecen y, por supuesto, las familias.

Es una novela de formación y, al mismo tiempo, una revisión personal de la última década de los años noventa, un periodo lleno de cambios que hoy forman parte de nuestra contemporaneidad.

 

¿Por qué el título “Bronce Dorado”?

Porque inmediatamente te remite a un tono de labial muy popular en los noventa, cuando estaban de moda los neones y colores intensos. También fue una época en la que el rap se volvió más comercial y cercano.

El color bronce dorado me lleva a pensar en la recuperación de nuestro multi racismo. En reconocer que México no es un país uní racial. Al mismo tiempo, nos remite a la clase trabajadora, que está conformada por un mestizaje forzado y muchas veces lastimado. Es un color que habla de nuestra conformación como sociedad y de una revisión de los colonialismos, tanto los impuestos como los que hemos internalizado.

 

¿Qué buscas transmitir con esta, tu primera novela?

No sé si hablaría de un mensaje como tal, pero sí de una vocación que atraviesa toda mi escritura: la idea de que a través del lenguaje podemos crear mundos alternos, posibilidades frente a realidades que nos lastiman.

Vivimos en un mundo muy complejo. Este inicio de año ha sido aterrador con las amenazas de invasión de Trump, la invasión real a Venezuela y las advertencias hacia otros países latinoamericanos, incluido México. Para mí, la literatura es una forma de comprender que ningún fascismo ni ningún intervencionismo son sanos ni deseables.

En la novela aparece también el fantasma de la guerra, en su momento la Guerra del Golfo Pérsico, que estaba muy presente en las noticias y que moldeó nuestra psique y nuestra visión del mundo.

Más que transmitir un mensaje cerrado, me interesa compartir el goce de lo literario: sentarnos unos minutos a seguir la historia de alguien que no somos nosotros. Como escritora, cuento la historia de una protagonista que no soy yo, pero que encarna deseos de cómo me gustaría que el mundo fuera.

La literatura también forma criterio. Como decía Julio Cortázar, no te dice qué pensar, sino que te enseña a reflexionar y a construir tus propias proyecciones del mundo. Eso es lo que me interesa que ocurra con Bronce Dorado.

En el libro, como ahora, trató de abrir conversaciones sobre temas que hoy son urgentes: la democracia, las libertades sexuales y sociales, y el hecho de que estos derechos siempre están en riesgo. La literatura es una forma generosa de abrir esos diálogos, porque muchas de las cosas que nos atraviesan pasan primero por el lenguaje.

 

¿Luego de tu incursión en la novela, ¿qué sigue para Maricela Guerrero?

Ahora mismo estoy escribiendo sonetos para un proyecto apoyado por el Sistema Nacional de Creadores. También trabajo en un largometraje, acompaño procesos de escritura y doy talleres.

A pesar del contexto social y político tan complejo, tengo una vida muy hermosa y mucho que agradecer. Me veo en el futuro escribiendo, acompañando a otros escritores y compartiendo experiencias alrededor de la literatura.

Como dice Bad Bunny —y como se ha dicho siempre— nadie sabe lo que va a pasar mañana. Por eso es importante valorar el presente, las bondades que tenemos y compartirlas con las personas que amamos.

 

¿Por qué el público debería leer “Bronce Dorado”?

El libro, que se ubica, por su género: en la Novela / Literatura contemporánea, aborda la historia de Maura, la protagonista, quién cursa el tercer año de secundaria cuando su vida se ve sacudida por un “terremoto de dimensiones planetarias”: su padre abandona la casa, cancelan el viaje de fin de curso y su entorno familiar se tambalea.

En el libro en medio del caos, también aparece la belleza. En los pasillos de la Escuela Secundaria Diurna 38, entre las jícamas con chile del tianguis, las malteadas de Plaza Universidad y la nostalgia pop de los noventa, surge un nombre que cambiará todo: Rudra. La chica que grita cosas insensatas en las ceremonias, la que comparte con Maura su imaginación desbordada, la que danza entre lo irracional y lo luminoso. Y ese encuentro —pegajoso, inesperado, vibrante— abre en Maura un espacio nuevo donde reconoce el deseo, la libertad y la posibilidad de contarse a sí misma.

Es una historia escrita con el deseo genuino de cuestionarnos quiénes somos y quiénes queremos ser. Es un libro de Lumen / Penguin Random House, que también dedico a mis hijos, dos adolescentes maravillosos, y que busca reflexionar sobre cómo acompañar mejor a nuestras juventudes en sus procesos de crecimiento y crisis.