Apenas comienza el conteo anual de los días que transcurren y la percepción catastrófica del año que recién terminó se hace realidad. El mundo está patas p’arriba. Aquí, allá, acullá, aunque suene anticuado. Allá por tierras ucranianas, un demente que se pasa de vivo, quiere (y puede ser que lo logre) apropiarse, invadiendo a la brava, el país vecino, sin que le importe la muerte de miles y miles de ucranianos y de rusos. En el Cercano Oriente judíos y palestinos cotidianamente continúan matándose sin que ninguna de las partes entienda que la guerra terminará cuando acepten que su destino es vivir cara a cara hasta el fin de los días, de otra suerte, abur. En el continente americano, no cantamos mal las rancheras, del norte, del centro y del sur, la pobreza y los absurdos enfrentamientos “ideológicos” y políticos originan ingentes oleadas migratorias con destino al mítico American Way of Life, donde otro loco con el poder, la macana y la pistola en la mano los persigue con manía esquizofrénica.

Y, en México, el Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA), el partido en el poder desde 2018, con una inflada mayoría en el Congreso de la Unión, ha hecho todo lo que está en sus manos, por mantener la hegemonía al frente del país en busca de que todo marche según el color guinda en boga. No son iguales a los de antes, son peores. Ahora México ya sabe lo que es “gobernar” sin contrapesos. El primero de la serie, un tabasqueño de “garra” ignoró resoluciones judiciales, difamó y descalificó jueces, desapareció la Corte Superior de Justicia, con el argumento de que “el pueblo manda y él me eligió”. Extinguió instituciones de contrapeso y centralizó la vida pública del país como en otros tiempos. Amén que en 2025, la deuda nacional se duplicó en siete años de “lopezobradorismo”, y lo que se sume en los próximos cinco años. Hoy, el mundo —además del pueblo mexicano— observa lo que sucede cuando el poder se acostumbra “a no ser detenido”.

Una agradecida mayoría nacional —ya acostumbrada a extender la mano para “ganarse la garnacha”, como cantaba el versero jarocho o el estipendio, a dejar la “pobreza” por medio de la limosna mensual o bimensual. El aplauso popular ganado por la dádiva del erario púbico. Caravana con sombrero ajeno.

Hoy, todo el planeta es testigo como los gobiernos se achican frente a un mandatario poderoso que no respeta a nada, ni a nadie. Por lo que ha hecho en su primer año de gobierno —que se cumple el próximo martes 20 de enero—, tal parece que no hay quien lo detenga.

El presidente de Estados Unidos de América (EUA), Donald John Trump, hace y deshace porque puede (o eso parece), y su último “triunfo militar” en Venezuela de donde secuestró al presidente en funciones Nicolás Maduro Moros, lo ha envalentonado a anunciar impunemente otras hazañas bélicas, con amenazas a antiguos aliados en el Viejo Continente y en el Nuevo, como en México (tal parece que nuestro país es su “piñata preferida” y un día sí y otro también denuncia que los cárteles son los verdaderos gobernantes de México y que el día menos pensado los combatirá en su territorio). Convierte la diplomacia en una subasta y considera algunas islas, como Cuba o Groenlandia, en futuras propiedades “con documentos”, sin olvidar que el día menos pensado se hará cargo del Canal de Panamá. En suma, el magnate está convencido que esas islas, Cuba y Groenlandia. son Res nullius (territorios de nadie). Está equivocado. Pero dadas las circunstancias, a corto plazo el hombre de las corbatas extravagantes puede atreverse a muchos despropósitos.

Trump tiene prisa por llevar a cabo la mayoria de sus proyectos. Por lo menos, los próximos doce meses serán más violentos que los de su primer año porque, como él mismo lo anticipó, si su Partido, el Republicano, pierde las elecciones intermedias los representantes Demócratas pueden llevarlo al impeachment (juicio político, que lo saque de la Casa Blanca), e incluso llegar a prisión. Trump, como se sabe, tiene cuentas pendientes con la justicia y, sin la inmunidad presidencial, no sería más que carne de cañón. En EUA los periodos presidenciales duran solamente cuatro años.

“Mi propia moralidad. Mi propia conciencia. Es lo único que puede detenerme”. Están fueron las palabras de Donald Trump en una larga entrevista con reporteros del The New York Times, publicada el pasado 8 de enero. El magnate se refería a sus facultades como Jefe Supremo de las Fuerzas Armadas de su país. Pero también es una síntesis de lo que sucede en EUA.

Desde que regresó a la Casa Blanca en Washington, hace un año, el extravagante —por decir lo menos—, mandatario estadounidense ha demostrado un propósito sistemático por desmantelar los frenos y contrapesos de “la democracia en América”, dijera un pensador francés hace dos siglos. Cotidianamente se ha dedicado a empujar los límites conocidos. No se trata ya de decisiones y abusos aislados, sino de una transformación real del propio sistema político norteamericano.

El Congreso ha acompañado la mayoría de las iniciativas presidenciales. El Partido Demócrata aparece fragmentado, sin una estrategia clara de resistencia. Los disidentes republicanos han sido neutralizados mediante amenazas de castigo o simplemente de no tomarlos en cuenta para ascensos y funciones. Y otros actores tradicionalmente relevantes —medios de comunicación, universidades, grandes despachos de abogados y corporaciones—, han optado por la autocontención o el acomodo ante el temor de represalias.

Los tribunales han sido un valladar parcial e insuficiente. Las acciones impugnadas judicialmente no han logran frenar el objetivo estratégico de Trump: initimidar, disuadir, disciplinar. La maquinaria judicial se ha movido mucho más lento que la vertiginosa y avasallante administración del magnate. Y la propia Corte Suprema ha mostrado  receptividad y disposición para paliar sustantivamente los márgenes de acción del poder presidencial. De tal forma, ¿quién frena a Tump? Nadie: por sí solo. Lo cual, es imposible. Incluso una eventual mayoría demócrata en la Cámara de Representantes tendría capacidades limitadas: difícilmente podría revertir una Presidencia dispuesta a gobernar al margen de las normas.

Así las cosas, el próximo presidente de EUA heredará un Ejecutivo más fuerte, y contrapesos más débiles. Ese será, posiblemente, el legado más duradero de la administración Trump. Lo que conlleva una lección: cuando los frenos al ejercicio del poder fallarán constantemente en la democracia estadounidense, el autoritarismo deja de parecer una anomalía y se convierte en una opción plausible y legítima en cualquier parte del mundo, incluyendo México. Por ahí andan los propósitos de la Reforma Electoral que la presidenta Sheinbaum dejó en manos de un acomplejado y resentido izquierdista como Pablo Gómez. Al tiempo.

Al regresar a una forma de “diplomacia de cañoneras” en Venezuela, Trump ha desdeñado en gran medida las apariencias habituales de las intervenciones armadas, al actuar sin un discurso desde la Oficina Oval, justificando el ataque, la autorización del Congreso, una promesa de elecciones en un país extranjero o incluso un plan detallado para su futuro.

Trump se jactó de que la operación en Venezuela fue un modelo para futuras acciones militares, y declaró a Fox News que fue “algo increíble” e insistiendo podemos hacerlo de nuevo. Nadie puede detenernos”. Cuando decía eso, no es locura supone que pensaba en México, Cuba, Groenlandia “a la buena o a la mala”.

Respecto a México, la presidenta Sheinbaum ya “habló telefónicamente” 15 minutos con el Jefe de la Casa Blanca. Ella asegura que no hay de qué preocuparse. Que ya se adelantó al magnate. “Tenemos magníficas relaciones con Donald Trump”. Que Dios la proteja y no vaya a ser el diablo.

Por lo que toca a Cuba, el domingo 11 de enero, Trump anunció un endurecimiento de la política de Washington hacia La Habana al anunciar que la Perla de las Antillas dejará de recibir petróleo y recursos financieros procedentes de Venezuela. Lo mismo pudo haber dicho de México y no se equivocaba. Una relación que, según el magnate, se sostuvo durante muchos años a cambio de servicios de seguridad brindados por el régimen castrista a los gobiernos de Hugo Chávez y Nicolás Maduro. Chávez se atendió del cáncer que finamente lo mató con médicos cubanos y algo de santería. La advertencia de la Casa Blanca fue difundida por medio de la red del presidente Truth Social.

El mandatario estadounidense sostuvo que Cuba “vivió durante muchos años” gracias al crudo y el dinero venezolano, y aseguró que, tras la operación militar de los grupos especiales estadounidenses en Caracas, Venezuela ya no requiere apoyo externo. Sólo le faltó decir que por eso los militares especiales del Tío Sam mataron a los 32 guardaespaldas cubanos que “protegían” al presidente Nicolás Maduro. “¡No habrá más petróleo ni dinero para Cuba, cero!”, escribió al mismo tiempo que exhortó a las autoridades cubanas a alcanzar un acuerdo con su administración “antes de que sea demasiado tarde”.

Trump agregó que “la mayoría de los efectivos cubanos desplegados murieron en el ataque de la Operación Resolución Absoluta. Y anexó que tras la captura —el secuestro en realidad—, de Nicolás Maduro y de su esposa Cilia Flores, Venezuela “ya no necesita protección” de “matones y extorsionadores”. “Ahora Venezuela —aclaró-, tiene a Estados Unidos para protegerla, con el ejército más poderoso del mundo, y lo haremos”. E insistió en que la isla debe evocar para evitar un mayor aislamiento.

La Habana no iba a permanecer callada. El presidente Miguel Díaz-Canel respondió a las advertencias de Trump con un mensaje de rechazo a la presión estadounidense. En redes sociales, afirmó que Washington no tiene autoridad moral para dictar condiciones a la isla y lo acusó de convertir “todo en negocio, incluso las vidas humanas”.

“Cuba es una nación libre, independiente y soberana. Nadie nos dicta qué hacer. Cuba no agrede, es agredida por Estados Unidos desde hace 66 años, y no amenaza, se prepara, dispuesta a defender la patria hasta la última gota de sangre, expresó Díaz-Canel, al reiterar la postura de resistencia del gobierno cubano frente a las sanciones.

En una aclaración que muchos analistas criticaron como fuera de tono, La Habana declaró que la cancelación de los envíos de petróleo agudiza una situación ya compleja para la población, macada por apagones prolongados, escasez de combustible y dificultades para sostener la generación eléctrica. Sin duda, Venezuela fue su principal proveedor del crudo, complementado por envíos menores de otros países, incluido México.

En otro momento, Donald Trump al referirse a la situación que priva en Cuba, dijo que La Habana está en tan malas condiciones que su administración está a punto de caer sola.

Respecto a lo manifestado en varias ocasiones por Donald Trump en el sentido de que por “razones de seguridad nacional” Groenlandia debería estar en poder de Estados Unidos, si no lo hará China o Rusia —a “la buena”, por convenir a ambas partes incluso por “compra”, o a la “mala” sin especificar los métodos—, el primer ministro groenlandés Jens-Frederik Nielsen, aseguró el martes 13 en una conferencia de prensa conjunta en Copenhague, con su homóloga danesa, Mette Frederiksen, que la isla ártica, la segunda más grande del mundo, prefiere ser parte de Dinamarca que un territorio de EUA. Actualmente Groenlandia es una región autónoma del reino de Dinamarca.

Nielsen dijo: “Groenlandia no está en venta. Nos enfrentamos a una crisis geopolítica y si tenemos que elegir entre EUA y Dinamarca ahora mismo, elegimos a la segunda…Nos mantenemos unidos en el reino de Dinamarca”. Y Trump amenaza que la isla quedará bajo control estadounidense “de una forma u otra”.

Las declaraciones han creado una crisis para la Organización del Tratado del Atlántico del Norte, al provocar la indignación de los aliados, quien han advertido que cualquier toma de control de Groenlandia tendría graves repercusiones para la relación entre EUA y Europa.

Los cancilleres de Dinamarca y Groenlandia se reunieron el miércoles 14 en Washington, con el vicepresidente J.D. Vance, y el secretario de Estado, Marco Rubio, después de que el presidente Trump afirmó despectivamente que Groenlandia estaba defendida por “dos trineos tirados por perros”. Como era de esperarse, la reunión en la capital estadounidense fracasó. No se llegó a ningún acuerdo.

En fin, Aaja Chemnitz, una política groenlandesa en el Parlamento Danés comentó a Al Jazeera que la mayoría de los 56 mil habitantes de Groenlandia no querían convertirse en ciudadanos estadounidenses. “Alguna gente parece creer que puede comprar el alma groenlandesa. Es nuestra identidad, idioma y cultura”.

Dadas las circunstancias, el futuro de Groenlandia está más que comprometido. Ni la ONU, ni la OTAN, ni la Unión Europea tienen los bríos para enfrentar al envalentonado Donald Trump. Espero, sinceramente, equivocarme. VALE.