El martes 20 enero se cumplió el primer año del segundo periodo presidencial del inefable Donald John Trump, a quien despectivamente el mundo llama “el magnate”. Los primeros doce meses del mandato trumpista se sintieron una eternidad. Nunca antes un residente de la histórica Casa Blanca había sido tan vilipendiado. A pulso se lo ha ganado. Lo peor del caso es que faltan por transcurrir 36 meses más, a no ser que los médicos y el Congreso de la Unión Americana digan lo que les corresponde. Nada más, nada menos.

Ya que el hombre de las estrafalarias ideas y corbatas cada vez que habla dice una temeridad, en el Foro Económico Mundial de Davos (Suiza) el auditorio estaba al pendiente de lo que pudiera manifestar en su discurso. Había temor por lo expresara. Por los antecedentes, estaba justificada la expectación. No era para menos.

Al final de cuentas, aparte del incienso que acostumbra verter sobre su 1.90 metros de estatura —hasta ahí su “grandeza”—, como si fuera un botafumeiro de plata en la catedral de Santiago de Compostela, donde culmina el tradicional Camino de Santiago de la grey católica, Trump tranquilizó un poco a los selectos testigos de sus palabras en el Foro de Davos: “Sólo quiero un trozo de hielo. No quiero usar la fuerza”. Sólo que no podía dejar ir “vivos” a los mandatarios europeos presentes: “Europa no va en buena dirección”, les dijo en plan de regaño. No podía dejar pasar la oportunidad; para el momento, el Foro era el principal escenario de la gravísima crisis geopolítica que sacude al mundo. Trump está empecinado en hacerse de la gran isla, aunque él la llame un “trozo de hielo”, que además lo es, pese a sus riquezas, aunque los medios presenten una fachada idílica del todavía congelado territorio de Gronland (que tomó el nombre de Kalaallit Nunaat en groenlandés (inuit nativo) Kalaallisut “para Groenlandia”, es decir, Tierra de los Kakaalit”. El cristianismo fue introducido en la Isla por el año 1000. Habitada desde la prehistoria (hacia el año 2000 antes de Cristo) por los Esquimales. Groenlandia recibió en el siglo X al noruego Gunnbjorn Ulfsson, pero su descubrimiento es atribuído  a Eric el Rojo, hacia el año 982 D.C. Después, el rejuego del “trozo de hielo” estuvo entre los noruegos y los daneses. Actualmente es una región autónoma con parlamento propio dependiendo del Reino de Dinamarca, a la que Trump desprecia.

Desde el cantón suizo, Trump anunció que aunque sigue las negociaciones para comprar Groenlandia, no usará la fuerza para adueñarse de la isla: “la gente pensó que usaría la fuerza. No tengo porque usar la fuerza. No quiero usar la fuerza. No la usaré”, fueron sus palabras. Pese a la repetición de las mismas, lo que logró fue más de uno de los presentes frunciera ceja y frente. El discurso, como acostumbra, fue largo, más de una hora, incomodó a la mayoría. ¿La razón? Por “razones” de “seguridad nacional e internacional”. Y pretende conseguirlo mediante negociaciones lanzando una poco velada amenaza a los europeos: “Tienen dos opciones. O aceptan y estaremos agradecidos (los estadounidenses) o se niegan y no lo olvidaremos”. No hay forma de que el magnate actúe con educación y prudencia.

Esto fue, pese a todo, lo más importante del discurso de Davos: la renuncia al uso de la fuerza. Arenga larga y repetitiva, ante la audiencia reunidas en la célebre Ciudad suiza. Muy a la manera del guerrillero de Sierra Maestra, Fidel Castro Ruz que cansaba hasta los experimentados diplomáticos en la asamblea general de la ONU. Duró 269 minutos. En su momento, Nikita Krushov pronunció otro de 121 minutos. ¡Tiempos aquellos!

Así, Trump dibujó los trazos más esenciales de su visión del mundo, una en la cual el Viejo Continente es un ente geopolítico descarrilado, un peso más que un aliado, y que ha fluido cargado de amenazas —como las que les cantó en su cara—, mentiras, resentimiento, insultos, humillaciones, tergiversaciones, arranques racistas.

Mentiras como que la OTAN nunca hizo nada por EUA, cuando los aliados se activaron según el artículo 5, de defensa mutua, tras el 11-S y lucharon en Afganistán codo con codo, con los estadounidenses, o que las elecciones de 2020, que el magnate perdió a todas luces, fueron fundamentales. Al respecto, el mandatario anunció próximas medidas penales.

Humillaciones como los relatos prepotentes de llamadas de trabajo con otros presidentes, como en el caso de Emmanuel Macron, describiendo en tono hiriente presuntas capitulaciones políticas en negociaciones, como en este caso en materia farmacéutica.

Con toda esta cauda de sinrazones, Trump presentó ante el nutrido auditorio su visión del mundo, una en la cual Europa no es aliado respetado. “Europa no va en la dirección correcta”, repitió Trump a Europa, en una platea con muchos europeos. ¿Qué hubiera hecho el magnate, si a la hora de lanzar todos estos insultos, los políticos, hombres de negocios, intelectuales, medios de comunicación presentes, se hubieran ido y lo hubieran dejado hablar solo? Ninguno se levantó de su asiento. Por eso abusa. Le importan poco las formas, ni tampoco respeta los asertos del Derecho Internacional. Juego disparejo. Unos siguen las reglas. La regla de Trump es que no la tiene. El dinero no educa, corrompe. Y su paso por la Casa Blanca ya registra muchas manchas. Sus hijos y otros familiares han aprovechado el negocio de las bitcoins. Las criptomonedas serán la mácula de los Trump. Al tiempo.

Con sea, el punto principal de su arribo a Davos —después de un retraso por un desperfecto en el avión presidencial Air Force One, que cambió por otro igual—, era la suerte de Groenlandia: la mayor crisis entre los aliados transatlánticos posiblemente desde la formación del lazo en la II Guerra Mundial. Desde el famoso cantón turístico el comandante en jefe del “ejército más poderoso del mundo”, dixit Trump, sólo él debe controlar la isla semiautónoma del Reino de Dinamarca: “No hay ninguna otra nación capaz de proteger Groenlandia como Estados Unidos de América”. A la escena solo le faltó un cantante del himno estadounidense y que un soldado izara la bandera de las 50 estrellas y las trece franjas horizontales en rojo y en blanco.

“Todo lo que está pidiendo EUA es un lugar llamado Groenlandia…Sólo pide un trozo de hielo…Es muy poco, comparado con lo que les hemos dado durante decenios”, agregó el republicano, tras quejarse del “trato muy injusto” de la Alianza Atlántica para United States.

Tras el discurso, hay expectación en Davos, acerca de las negociaciones con los líderes presentes. “Quiero que a Europa le vaya bien, que al Reino Unido le vaya bien” ha dicho al criticar que Inglaterra “tiene una de las mayores fuentes de energía y no la usa”, en referencia a los “yacimientos de petróleo en el Mar del Norte”, y en su lugar monta los molinos de viento que les vende China. Es decir, Trump no dejó títere sin cabeza. Todo lo que no lo aconseje o lo proponga es malo. Criticable.

Aparte de la crisis en Europa, el magnate se proyecta también sobre la dramática situación de la Franja de Gaza, con un Trump determinado a configurar una Junta de la paz —borrando de un plumazo a la Organización de Naciones Unidas (ONU)—, en la cual muchos antiguos aliados occidentales no quieren participar por los riesgos de su conformación y también por el devenir cada vez más avasallador de la política trumpiana que quiere montar su “derecho internacional” ad hoc.

Aunque en su exposición del miércoles 21 de enero Trump dejó abierta la posibilidad de suspender la subida de aranceles a los ocho países europeos si se llega a un acuerdo sobre la compra de Groenlandia, todavía el martes 20 se mantuvo inmóvil respecto a su plan de castigo comercialmente a Dinamarca, Noruega, Suecia, Francia, Alemania, Reino Unido, Países Bajos y Finlandia, las naciones que han enviado tropas al territorio ártico ante las reiteradas declaraciones estadounidenses. Trump reiteró que los gravámenes podrían iniciar en 10% y subir hasta 25%, sin descartar nuevas medidas si persiste la oposición europea.

En su red Truth Social, el presidente Trump reforzó el mensaje al asegurar que la isla es “imperativa para la seguridad nacional y mundial”. Escribió: “No hay vuelta atrás”. Tanto así que su aserto fue acompañado por imágenes hecha con Inteligencia Artificial en las que aparece en Groenlandia con un lábaro estadounidense, así como mapas que integran a la gigantesca isla y a Canadá dentro del territorio de Estados Unidos. México también aparece en la gráfica, pero no está incluida como “nueva” posesión del Tío Sam.

Además, dentro del Foro Económico Mundial que tuvo lugar en el poblado suizo, el Representante Comercial de EUA, Jamieson Lee Greenwich, advirtió a los países europeos que recurrir al  Instrumento Anticoerción de la Unión Europea , conocido como “bazuca comercial”, “no sería prudente”. Y aclaró: “Cada país hará lo que sea mejor para sus intereses nacionales, y eso tiene consecuencias naturales”. Más claro, ni el agua.

Emanuel Macron, presidente de Francia, por su parte, aseveró que el continente no aceptará la “ley del más fuerte”, ni se dejará intimidar por amenazas económicas o territoriales.  Durante su intervención en Davos, advirtió que ceder ante presiones externas conduciría al “vasallaje”. “Preferimos el respeto de los agresores”, agregó, al remarcar que la Unión Europea debe defender la soberanía territorial y el Estado de derecho en un contexto internacional que, según dijo, se encamina hacia una peligrosa ausencia de reglas. El mandatario galo insistió en que el mecanismo anticoerción del bloque comunitario sigue sobre la mesa y pidió a sus socios no dudar en utilizarlo si la UE no es respetada.

La relación francoamericana se tensó aún más cuando el neoyorquino publicó mensajes privados intercambiados con Macron. En dichos documentos, el galo cuestionaba la postura de Washington sobre la gigantesca isla y proponía una reunión para abordar los desacuerdos. El republicano descartó asistir a una cumbre especial del G7 en París y afirmó que a Macron “no le quedaba mucho tiempo” en el poder. Como siempre, gancho al hígado. Así es Trump.

Y Mette Frederiksen, la primera dama danesa, adoptó un tono desafiante y reiteró que su gobierno no dará pasos atrás ante las exigencias de EUA. Indicó que Trump no ha descartado el uso de la fuerza militar y señaló que, ante esa posibilidad, Europa tampoco puede ignorar los riesgos.

Ante esta serie de dimes y diretes, el hombre de la casa Blanca advirtió en su Truth Social: “¡La paz mundial está en juego! China quiere Groenlandia y Dinamarca no puede hacer nada al respecto”.

De acuerdo al periódico británico Financial Times, la lista de tarifas que la Unión Europea estudia imponer a EUA por 93 mil millones de euros o restringir el acceso de sus empresas al mercado comunitario, en respuesta a las amenazas impositivas de Trump a los aliados de la OTAN  que han enviado tropas a Groenlandia,  fue preparada desde 2025 y se suspendió hasta el 6 de febrero para evitar una guerra comercial a gran escala, pero fue debatida el domingo 18 de febrero en Bruselas por los 27 embajadores de la alianza europea, junto con el llamado instrumento anticoerción que puede limitar el acceso de las empresas estadounidenses al mercado interno.

Todo eso se debatiría en el Foro de Davos, pero después de las declaraciones de Trump en el mismo, las cosas siguen estando complicadas. Un diplomático europeo que pidió el anonimato afirmo que Trump estaba utilizando métodos “puramente mafiosos” y advirtió que en la UE existen “claros instrumentos de represalia” si la amenaza de EUA persiste.

En fin, el diplomático declaró: “Al mismo tiempo queremos hacer un llamado público a la calma y darle a Trump la oportunidad de bajarse del burro. Es la táctica del palo y la zanahoria: un sistema que te recompensa por algunas acciones y te amenaza con castigo por otras”.

Y Scott Bessent, secretario del Tesoro de EUA, por su parte, pidió establecer “La paz a través de la fuerza. Incorporemos Groenlandia a EUA y no habrá conflicto, porque Estados Unidos en este momento es el país más fuerte del mundo. Los europeos proyectan debilidad”. ¡Qué tristeza!… VALE.