En poco más de un año, las encuestas populares sobre la segunda administración de Donald John Trump demuestran que el abuso del poder desde la Casa Blanca desgasta al ejecutivo estadounidense más rápido de lo que piensan los republicanos. Se equivoca el propio mandatario al reconocer que en ocasiones ha actuado “como dictador porque a veces es necesario hacerlo”. Apenas lleva 12 meses a cargo del Ejecutivo y ya ha firmado 225 órdenes ejecutivas, superando las 220 que suscribió en su primer periodo. Lo que significa que ha “gobernado” saltando las barreras que legalmente le impone el Congreso, o simplemente se salta, a la torera, las leyes sobre distintos tópicos. En cuestiones políticas, económicas e internacionales. Ya dijo que el único límite que conoce es su “moralidad”.
Esta forma de ser del “presidente más poderoso” del planeta tiene sus costos, y no solamente en los sondeos de opinión. Tanto interna, como externamente, la figura del mandatario ya no es bien vista, ni respetada. Y Trump lo sabe, de ahí su prisa por cambiar las formas. Los últimos cambios —in y out de EUA— de sus cacareadas “ocurrencias” internacionales: económicas (aranceles), el control de la migración y sus propósitos anexionistas como la “incorporación” de Groenlandia al territorio estadounidense, lo demuestran.
La frase Trump Always Chickens Out (“Trump siempre se echa para atrás” o “Trump siempre se acobarda”), acuñada por Robert Armstrong, columnista del Financial Times, en un artículo del año pasado titulado “El regreso sorpresa del mercado estadounidense”, superó rápidamente la referencia económica de los cambios de Trump en la materia a todo tipo de decisiones que toma el Ejecutivo, sea en cuestiones de seguridad nacional e internacional lo que abonó para que se popularizara el dicho de que el “empresario/político” no es firme en sus órdenes.
De tal suerte, cuando Trump llegó a los Alpes suizos el miércoles 21 de enero por la tarde, los líderes europeos (y de otras partes), estaban temerosos que los propósitos del envalentonado presidente por hacerse de Groenlandia —después del secuestro de Nicolás Maduro Moro y su esposa Cilia—, desencadenaran una conflagración internacional de incalculables consecuencias. Al anochecer de ese día Trump había dado “marcha atrás”. A su estilo.
El cambio de parecer del sucesor de Joe Biden, según distintas fuentes, tuvo lugar después de varios días de negociaciones extraoficiales entre el mandatario, sus asesores y líderes del Viejo continente, incluyendo al ex primer ministro de los Países Bajos, Mark Rutte, actual secretario general de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), y Friedrich Merz, el canciller alemán.
Para la ocasión, los europeos se mantuvieron firmes contra de la apropiación de Groenlandia por parte de EUA. Utilizaron una combinación de incentivos, como alertas para reforzar la seguridad en el Ártico, y advertencias, incluyendo los peligros que representaba para la Unión Americana una ruptura más profunda en el seno de organización atlántica.
Después de una reunión frente a frente de Trump y Rutte, el hombre de la Casa Blanca canceló los aranceles anunciados a los países europeos, “aclarando que había establecido el marco para un futuro acuerdo” respecto a la gran isla —trozo de hielo” la llamó el esposo de Melania, la primera dama de EUA—. Por cierto, los detalles exactos del marco aún están en proceso. De antemano se incluyen un acuerdo entre Washington y Copenhague para destacamentar efectivos en algunas bases groenlandesas y ampliar los esfuerzos europeos para reforzar la seguridad en la región del Ártico. Desde luego, EUA recibiría un derecho de preferencia sobre las inversiones en los recursos minerales en los gélidos terrenos insulares. La diplomacia de las captó monedas es el “negocio” del magnate.
“Stop ICE Murders, Fight Trumpism” (“Detengan los asesinatos de ICE, Luchen contra el trumpismo)
Desde que Donald Trump regresó a la Casa Blanca el 20 de enero de 2025, a la fecha, Estados Unidos de América cayó en una espiral de violencia impulsada por el gobierno que pone en riesgo la vida no solo de las víctimas de siempre (miembros de la minoría negra, de los llamados hispanos y de otros inmigrantes) sino que ahora también los ciudadanos blancos están en la mira de las armas de los agentes de organismos policiacos auspiciados por el magnate. Los principales colaboradores de Donald Trump en esta variante fascista que en los últimos días ha cobrado nuevas víctimas, ciudadanos estadounidenses, una mujer y un hombre, en Minneapolis a manos de agentes del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas, el temido ICE (por sus siglas en inglés) son Kristi Noem, conocida como la “mata perros”, ex gobernadora de Dakota del Sur, que acaba de recibir el respaldo presidencial pese a que miles de ciudadanos piden a Trump la releve del cargo. por extremista; el asesor presidencial, Stephen Miller, que fue el creador de la política de separar las familias de inmigrantes sin la documentación suficiente; Miller es, sin duda, el personaje más siniestro de la administración Trump, su ideología es abiertamente xenófoba y racista, al grado que el magnate llegó a decir, con risa simulada, que “si dependiera de Stephen, Estados Unidos tendrían sólo 100 millones de ciudadanos y que todos se parecieran a él”; y el jefe del ICE, el émulo de las SS hitlerianas (el cuerpo de guardias de élite del III Reich, temidas no solo por la perseguida comunidad judía sino hasta por los propios alemanes comunes), Greg Bovino, que se ha convertido en el símbolo de la represión de la administración republicana.
De acuerdo a lo que Trump prometió en su primera y segunda campaña presidencial, de combatir a la inmigración ilegal, en el actual mandato ha destinado uno de los presupuestos oficiales más altos de la historia de EUA para reducir al mínimo el ingreso de ilegales al país. Primero con la construcción de una frontera ad hoc entre EUA y México. Ahora para fortalecer al ICE y contratar miles de agentes que se han caracterizado por sus rudas operaciones. Redadas, amenazas, golpes y disparos son varias de las acciones emprendidas por Washington para frenar, al costo que sea, la migración ilegal. Pero, actualmente, lo mismo se detiene a un residente que a un ciudadano, a un padre de familia que a una mujer o a un niño, da igual si cuenta con permiso provisional de estadía o sus documentos están en trámite para obtener la residencia.
Ya no hay “ciudades santuario”, Trump acaba de repetir que asfixiará económicamente a dichos centros urbanos si sus autoridades no colaboran con las redadas del ICE; ya nadie se siente seguro en el país; lo peor, si alguna manifestación o protesta entorpece u obstaculiza el trabajo de los agentes —muchos policías jubilados—, pagará un costo muy alto, incluso con la propia vida.
De acuerdo con un memorándum interno que la agencia de noticias, Associated Press (AP) ha hecho público, los “poderes” de ICE pueden llegar al interior de los hogares particulares. El documento, repartido entre agentes de ICE, tiene fecha del 12 de mayo de 2025, a menos de cuatro meses después del inicio del actual mandato de Trump, firmado por el director interino del Servicio de Inmigración de Aduanas, Todd M. Lyons, que deja la puerta abierta para que sus agentes y oficiales puedan ingresar en un domicilio particular sin una orden judicial, para arrestar a una persona con una orden de deportación.
Para cometer esta aberración jurídica, ICE solo necesita un formulario, llamado I-205, que autoriza la entrada por la fuerza en caso de que el inquilino les niegue el acto, ignorando que este tipo de entradas sólo pueden ser autorizadas por un juez, y no basta con una orden administrativa del Departamento de Seguridad Nacional. Y todavía más, “La Oficina del Asesor Jurídico General del DHS (Departamento de Seguridad Nacional) ha determinado recientemente que la Constitución de EUA, la Ley de Inmigración y Nacionalidad y las regulaciones de Migración no prohíben el uso de órdenes administrativas para este fin”, agrega el memorándum distribuido internamente.
Para que nada falte a los ánimos persecutorios de Trump, el propio DHS agregó que el ICE llevará a cabo operaciones de control en el Supertazón 60 el próximo 8 de febrero sin que nada indique que pudiera cambiar su enfoque, no obstante la repulsa popular desatada por los dos asesinatos recientes de manifestantes en Minnesota. Para apreciar la importancia de esta noticia, según cálculos de la National Football League (NFL), alrededor de 40 millones de aficionados latinos hay en EUA y 39.9 millones contabilizó en México hasta el año pasado, convirtiéndose en su mayor mercado internacional.
De los miles de pancartas que circulan los manifestantes que protestan por los abusos de ICE en infinidad de ciudades estadounidenses, hubo una que reprodujeron la mayoria de los periódicos estadounidenses el martes 27 de enero: “Stand Up to Racism// Stop ICE murders, fight Trumpism,// Solidarity with Minneapolis// RIP Renee Good & Alex Pretti// (Enfrentar al racismo// Detengan los asesinatos de ICE, Lucha contra el Trumpismo// Solidaridad con Minneapolis// Decansen en paz Renee Good y Alex Pretti//). Lo curioso del caso es que el servicio de traducción de Google, no permitía traducir la pancarta porque “estaba cargada de odio”. Simple acotación.
Las dimensiones de la oposición al mandatario estadounidense en la opinión pública se registran en los sondeos más recientes, donde casi dos tercios de la población reprueban la gestión del republicano. Resalta que una buena parte de ese rechazo no es pasivo, sino que miles de personas —muchas nunca habían tomado parte en algo que podría llamarse movimiento de oposición—, se han sumado a un activismo amplio, en gran medida descentralizado y organizado.
A tal grado han hecho acto de presencia los manifestantes que el Ejecutivo amenazó, hace más de una semana, con invocar la ley de insurrección de 1807 para que el Ejército o la Guardia Nacional sofoquen las persistentes protestas contra los agentes del ICE, despachados a Minneápolis hace dos semanas. Dicha ley no se ha aplicado desde el Gran Levantamiento de Los Ángeles, California, en 1992, que causó 68 muertos y destrozos por más de mil millones de dólares.
Dos asesinatos en Minneapolis han polarizado la indignación popular: a principios de mes, el de Renee Nicole Good, la escritora de 37 años madre de tres hijos, que murió en esa ciudad por varios disparos a bordo de su camioneta por un agente de ICE, y el de Alex Pretti, enfermero que coincidentemente tenía la misma edad que su paisana, por los disparos que hicieron varios agentes de ICE, después de un forcejeo en el suelo donde había sido inmovilizado.
Al igual que en el caso de Renee Good, los videos del homicidio de Pretti contradicen la versión del gobierno —federal y por el propio Trump—, que asegura que los disparos al joven se realizaron en “defensa propia” y porque el enfermero estaba armado, aunque después se comprobó que tenía permiso de portación de armas que nunca desenfundó.
A pesar de la evidencia, el ahora ex mandante de Aduanas y Patrulla Fronteriza —que acaba de ser destituido por el propio Trump que dijo que “Bovino es muy bueno, pero es un tipo bastante excéntrico. Y en algunos casos, es bueno. Quizás no lo fue en este caso, pero tienen que entender que algunas de las personas que he estado observando (en Minneapolis) durante las últimas semanas son agitadores a sueldo”—, declaró que Pretti “quería causar mucho daño y abatir a las fuerzas del orden”, lo que generó aún más polémica.
La situación política en EUA a nivel de la calle empieza a volcarse en un “¡Ya basta!”, nada novedoso, pero que indica el nivel de la indignación popular por las medidas extremas dispuestas por Donald Trump. En Minneapolis, los manifestantes portaban otras pancartas que decían: “BE PRETTI—BE GOOD” (“Se bonito-Se bueno), juego de palabras con los apellidos de las personas asesinadas por agentes de ICE. VALE.
