Por Israel Sánchez Martínez
La encrucijada de una generación y el derecho preferente de los padres
México se encuentra hoy en el umbral de una fecha que trasciende la simple métrica del tiempo: el año 2026. No es solo un año administrativo, sino el punto de inflexión definitivo que determinará si los niños y jóvenes actuales tendrán un futuro de oportunidades o si serán condenados a ser la “generación perdida”. Este escenario es la decantación de decisiones políticas erráticas y una imposición ideológica gestada desde Palacio Nacional que ha desplazado la pedagogía y la excelencia del centro de la vida pública.
Como padres de familia, afirmamos una verdad inalienable defendida por la UNPF desde 1917: somos los primeros educadores de nuestros hijos. Ante la abdicación del Estado en su deber de educar con calidad, la sociedad civil debe erigirse como la última trinchera de los valores y el conocimiento universal. El 2026 nos convoca a construir esperanza desde la acción ciudadana, pues si el sistema desprecia la lógica y la ciencia para favorecer narrativas que polarizan, no está educando; está segregando.
De la evaluación al adoctrinamiento: el colapso institucional
La crisis actual se profundizó con la destrucción sistemática de la métrica educativa. El desmantelamiento del INEE para sustituirlo por Mejoredu fue un acto de negligencia: “romper el termómetro para no lidiar con la fiebre”. Sin organismos autónomos, la evaluación dejó de ser una herramienta de mejora para convertirse en un trámite opaco que oculta el rezago. Sin embargo los resultados de PISA 2022 son el acta de defunción de la política reciente: retrocedimos a niveles de 2003. En Matemáticas, la caída de 14 puntos respecto a 2018 significa que 2 de cada 3 estudiantes no alcanzan la competencia mínima. Peor aún, mientras la excelencia en la OCDE es del 9%, en México solo el 0.1% de los alumnos sobresale.
El Espejo Regional. La Nueva Escuela Mexicana (NEM) no es innovación, sino un injerto de modelos que han fracasado en América Latina. Al observar a países como Argentina, Venezuela y Bolivia, descubrimos que el camino que hoy transita México ya dejó un rastro de desolación académica:
- Desdisciplinarización (Caso Argentina). La fusión de materias en “campos formativos” destruye la estructura del pensamiento. Al priorizar lo “socio-afectivo” sobre lo cognitivo, se pierde el rigor necesario para las ciencias exactas.
- Inclusión Ficticia (Caso Venezuela/Brasil). La “promoción acompañada” permite avanzar de grado sin aprender. Esto genera una “inflación de títulos” donde el joven posee un certificado, pero carece de habilidades, siendo reprobado violentamente por el mercado laboral.
- Atavismo de Saberes Locales (Caso Bolivia). Priorizar la “cosmovisión local” sobre el conocimiento universal limita la movilidad social. En lugar de formar líderes globales, se forman súbditos de su entorno inmediato, negándoles el acceso a la ciencia y la tecnología.
La batalla por la legalidad y la transparencia
La distribución de los Libros de Texto Gratuitos fue un asalto al Estado de Derecho. La SEP violó la Ley General de Educación al omitir la consulta obligatoria con especialistas y padres de familia. Denunciamos una “ilegalidad estructural”: se imprimieron libros antes de publicar los Programas de Estudio en el Diario Oficial, dejándolos en un vacío normativo absoluto. A esto se suma la alarmante decisión de reservar la información del proceso por 5 años bajo el pretexto de “seguridad nacional”. ¿Qué oculta la autoridad sobre los libros de nuestros niños? Este oscurantismo impide verificar quiénes redactaron contenidos que eliminan temas esenciales de matemáticas para introducir sesgos políticos e ideológicos. La legalidad no es negociable, y la transparencia en lo que aprenden nuestros hijos es un derecho que no permitiremos que se arrebate. En este sentido la UNPF dio una batalla legal en todo el país y la suspensión definitiva nos dio la razón hasta la fecha.
Crisis de inversión y el rezago superior
El informe Education at a Glance 2025 sitúa a México en el último lugar de inversión educativa de la OCDE. El gasto se ha desviado hacia becas asistencialistas que no frenan la deserción ni mejoran el aprendizaje. En el nivel superior, la declaración de la ANUIES advierte un déficit acumulado de 50,400 millones de pesos. Mientras se asfixia a las universidades tradicionales, se impulsan proyectos como la Universidad Rosario Castellanos bajo esquemas de precariedad, sin infraestructura adecuada ni estabilidad docente. México está ignorando las exigencias del mercado laboral: sin capital humano calificado estamos condenados a ser una nación de manufactura básica.
POR UN PLAN DE INTEGRACIÓN EDUCATIVA NACIONAL: La ruta de la UNPF.
La UNPF siempre buscando el bien superior de la niñez, pasamos de la denuncia a la propuesta estratégica mediante cinco ejes de acción que podrán impulsarse desde la ciudadanía:
Eje 1: Vínculo Escuela-Comunidad: Creación de Grupos de Vigilancia Académica. Si el Estado no evalúa, los padres aplicaremos diagnósticos para detectar el rezago en lectura y aritmética desde el hogar.
Eje 2: Cooperación Solidaria: Alianzas con el sector productivo para que las empresas y comercios “adopten” escuelas, dotándolas del equipamiento necesario para abatir el rezago educativo.
Eje 3: Fortalecimiento del Hogar. Blindar frente a la carga ideológica de los libros de texto gratuito. Recuperar la autoridad asertiva para formar en valores universales y trascendentales y ponerlos en práctica ya.
Eje 4: Alfabetización del Futuro. Promover redes de mentoría (para alcanzar niveles intermedios en lectura, escritura y ciencias) para compensar el atavismo pedagógico del modelo oficial.
Eje 5: Dignificación Docente. Apoyar al maestro como aliado, protegiendo su libertad de cátedra y exigiendo salarios dignos frente a la presión política local y/o federal.
Esperanza activa como deber moral
El panorama hacia el 2026 es sombrío desde la óptica gubernamental, pero se ilumina con la resiliencia de las familias. La esperanza no es un sentimiento pasivo es el deber moral de quien propone, se organiza, lucha y persiste. El 2026 no debe encontrarnos lamentando lo que perdimos, sino celebrando lo que fuimos capaces de rescatar. La educación no es propiedad de una figura, de un partido ni de un sexenio. Es momento de que cada hogar sea una escuela de valores y cada escuela un centro de excelencia. Por nuestros hijos, por la verdad y por México: ¡que nadie se quede atrás!
El autor es Presidente Nacional de la Unión Nacional de Padres de Familia (UNPF)
www.unpf.org.mx
