En la tiranía de “la rebelión de la granja” el cerdo Squealer es un personaje central. Su misión era convencer a todos de que lo que veían sus ojos no era verdad.
Entre palabras confusas, les hacía creer que las leyes y la ciencia justificaban que los cerdos tiranos tuvieran más raciones de comida e incontables privilegios.
Cuando todos en la granja dudaban de sus propios recuerdos, tenían fe en que, al día siguiente, se aclararía cualquier nubarrón de sus mentes en el momento en que acudieran a leer los mandamientos que habían escrito con pintura blanca tras la rebelión; pero para entonces ─mientras todos dormían─ Squealer ya había alterado las leyes y ahora encajaban perfectamente con la realidad tirana.

Esa técnica propagandista orwelliana parece ser la nueva realidad de la justicia electoral en México. Mientras todo un país ve acordeones, clientelismo, dinero inexplicable en las campañas y un Congreso donde se aplasta a las minorías, pareciera que la única encomienda del Tribunal Electoral (TEPJF) es legitimar los atropellos a nuestros derechos, llamarle a esto sentencia y corear la “verdad oficial”.
Qué lejano parece el tiempo donde se decía que “un tribunal hablaba por sus sentencias”. Hoy el Tribunal Electoral necesita reescribir la realidad jurídica en 250 páginas y tiene el descaro de ofrecerlas como tributo a los beneficiarios de sus decisiones.
Es tan cínico como imaginar a un árbitro festejando el gol de un dudoso penal que marcó al final del partido, mientras que el equipo ganador aplaude y lo condecora como “el mejor árbitro de la historia”, al tiempo que recibe un bono y lo designan para arbitrar los siguientes partidos.

Fotografía de presentación del libro “Entre la Constitución y la campaña mediática”, el 12 de febrero en la Cámara de Senadores.
A principios de febrero de 2026, el Tribunal Electoral presentó su libro “Entre la Constitución y la campaña mediática”, donde se intenta justificar que ese mismo tribunal entregó a Morena la mayoría calificada en la Cámara de Diputados.
Puedo llamarlo libro, porque su forma me lo impone, pero no puedo llamarlo “obra académica”, porque el nombre le queda demasiado grande; para merecerlo, lo mínimo que debería ofrecer es pluralidad, crítica, confronta intelectual y rigor, pero nada de eso hay. El contenido se asemeja más a un panfleto institucional diseñado para socializar la “verdad oficial”.
Claramente, nace como un intento desesperado por poner fin al desprestigio y a la falta de legitimidad que ha cargado esta integración del Tribunal Electoral; pero surge con un pecado original: el juez es parte y también editor.
Son varios autores, pero una sola voz.
Lo peor es que, sus 250 páginas no pueden con una realidad: la Coalición oficialista tuvo 54% de los votos y eso les bastó para que se les entregara casi el 73% de las diputaciones; mientras el 42% de los mexicanos que votaron por la oposición fueron relegados a una representación de apenas el 27% de la Cámara.
Desde hace décadas, el sistema político-electoral está diseñado para que prevalezca la democracia, garantizando la gobernabilidad, sin aplastar a las minorías. La Constitución establece límites claros para que ninguna mayoría se vuelva la voz tiránica y eso fue lo que quebrantó el Tribunal Electoral; pero de eso no hay un análisis real en el documento.
Otro yerro del libro es que, pretende ser una respuesta a la crítica social y académica, pero se edifica en la descalificación del pensamiento crítico, para instalarse en la victimización y la teoría del complot. Al parecer, los magistrados electorales están para recibir adulación y no cuestionamientos.
De manera monolítica, los autores del libro navegan en dos premisas: a) fue correcto si en el pasado se hizo igual; y b) los jueces “constitucionales” son presos del diccionario.
Sin embargo, deliberadamente eluden el análisis sobre las normas constitucionales que simplemente decidieron ignorar al dictar esa sentencia; preceptos que son, nada menos que, pilares de nuestro sistema democrático y, desde entonces, están fracturados.
No pretendo volver esta columna un documento técnico, sino dejar constancia de algunas impresiones que he tenido tras la lectura del libro; y debo confesar que, al terminar de leerlo, quedó en mí una sensación muy grata. Es un sentimiento provocado por la certeza; es la certeza de saber que el libro que tengo en mis manos, en unos años, será el testimonio de que la República se fracturó el día en que la justicia electoral se arrodilló.
Ese libro hablará por sí solo y en cada página tendremos el testimonio de la fragilidad de nuestra democracia que no supimos cuidar, porque creímos que treinta años de historia se sostenían solos; sin embargo, la realidad nos plantó cara cuando un Tribunal Electoral quedó débil, incompleto y a merced de tres magistrados que un día juraron guardar y hacer guardar la Constitución, para después volver de ella un cheque en blanco.
La historia es cíclica, los tiranos se aferran al poder y reescriben las reglas, pero siempre caen. La República habrá de resurgir, habremos de reivindicar la democracia. La propaganda orwelliana de hoy tomará su lugar en la historia, y no necesitaremos luchar por ello, porque ahora está sentenciado en 250 páginas.
La autora es abogada y consultora en materia electoral y constitucional
Web: http://defensaelectoral.com.mx
X: @moni_calles
