Sabías que es muy probable que los extraterrestres ya nos hayan llamado “por teléfono” varias veces, pero nosotros, como si de una llamada de spam se tratara, simplemente decidimos no contestar o colgamos antes de tiempo.

A menudo pensamos que detectar una civilización avanzada requiere de tecnología futurista que aún no tenemos, pero la realidad es más irónica: el problema no es nuestra falta de herramientas, sino nuestra estrechez de miras. Los astrónomos llaman a esto el “antropocentrismo tecnológico”. Buscamos señales de radio porque es lo que nosotros usamos, pero para una civilización apenas unos siglos más avanzada, la radio podría ser tan primitiva como las señales de humo.

A lo largo de las décadas, telescopios alrededor del mundo han captado ráfagas de energía extrañas, como la famosa señal Wow! de 1977 o las más recientes Fast Radio Bursts (FRB). Muchas veces, cuando los científicos encuentran algo que no pueden explicar, la presión por ser “serios” y evitar el ridículo los lleva a buscar explicaciones naturales a toda costa —como interferencias de microondas o pulsares— incluso cuando los datos no encajan perfectamente.

Existe la teoría de que hemos recibido mensajes codificados en el brillo de las estrellas (modulaciones de luz) que descartamos como simples variaciones astrofísicas. Básicamente, podríamos estar viendo un faro interestelar y pensar que es solo una bombilla que parpadea porque está vieja.

Imagina que todo el universo está usando una red Wi-Fi de alta velocidad y nosotros estamos sentados con un telégrafo esperando que alguien golpee la línea. La decepción no viene de la falta de vida, sino de nuestra incapacidad para entender que el “idioma” del universo podría ser la manipulación de la gravedad o partículas que ni siquiera hemos nombrado todavía. El contacto podría estar en tu habitación ahora mismo, atravesando las paredes en una frecuencia que nuestros sentidos y máquinas simplemente ignoran.