La muerte de  “El  Mencho” no significa el fin del crimen organizado en México. Las estructura delincuencial sigue viva y sostenida por altos funcionarios del régimen de la 4T.

La pregunta es inevitable: ¿Quién va a desmontar la red de narco políticos que operan a nivel nacional, en estados y municipios a favor de los cárteles?

México no lo gobierna Sheinbaum. Ya ni siquiera Palenque. La sede del Poder Federal se ha trasladado de Palacio Nacional a la  Casa Blanca. La Presidenta es la Delcy Rodríguez mexicana, la que está cada vez más obligada a acatar las instrucciones que salen de Washington.

La liquidación  de “El Mencho”  se hizo por presión y decisión de Estados Unidos. Dos días después de su muerte, Sara Carter, la Zar Antidrogas llegó a las oficinas del Zócalo para recordar lo que ha declarado en varias ocasiones: “Los días de los cárteles están contados”.

También ha dicho: “La Presidenta Sheinbaum entiende la presión que hay sobre ella y su gobierno para erradicar el cáncer que ha infestado al hemisferio occidental”.

Para Estados Unidos el final del líder del Cártel Jalisco Nueva Generación es apenas el comienzo de lo que viene. Por eso Trump no salió a festejar el deceso del narco. Se limitó a decir: “México tiene que hacer más” y hacer más significa que Sheinbaum tendrá que ir por los “Mencho de la política”, es decir, investigar a  gobernadores, secretarios de Estado, senadores y diputados que aparecen en la famosa lista de Marco Rubio.

El Cártel Jalisco Nueva Generación es una empresa criminal de alcance trasnacional que no sólo se dedica a la venta de drogas y armas, sino al tráfico de combustible –al huachicol fiscal– y ese lucrativo negocio ha crecido con la protección y sociedad de importantes funcionarios  de la llamada Cuarta Transformación.

La red de huachicol no existiría sin unos hermanos Farías Laguna, sobrinos del ex Secretario de Marina Rafael Ojeda, sin un Jesús Ramírez Cuevas, amigo del “Rey del Huachicol” y quien según Julio Scherer lo acercó a López Obrador;  sin un Hernán Bermúdez y un Adán Augusto López fabricantes de “La Barredora”, un brazo del Cartel Jalisco, para robar combustible en Tabasco.

La rumorología sobre si “El Mencho” está vivo o muerto es resultado de un gobierno que ya no tiene credibilidad. A fuerza de tanto mentir en las “mañaneras”, de tanto burlarse de la inteligencia de los mexicanos, pocos creen en la Presidenta.

Hoy lo importante no es saber si “El Mencho” está vivo o muerto. Lo decisivo es saber cuál es el futuro de una mandataria que no se atreve, no quiere o no puede pedir la renuncia a los gobernadores de Sinaloa, Tamaulipas, Michoacán, Sonora y otros para que sean investigados.

Hasta hace algunos meses, Claudia Sheinbaum, estaba atrapada entre Trump y López Obrador. Hoy sólo tiene una opción: acatar lo que diga Washington o irse por el tobogán junto con los  políticos que están en la mira de las agencias de inteligencia de Estados Unidos, incluyendo al de La Chingada.

Sheinbaum está atascada en el pantano. Ya no le sirve a su movimiento, ya no le sirve a López Obrador, ya no le sirve a Morena, ya no le sirve a México.

 

@PagesBeatriz

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