Si hay algo que caracteriza al 47° presidente de Estados Unidos de América, en su segundo periodo como tal, es su teatralidad y un ego a la altura de tratamiento del mejor discípulo de Sigmund Freud. Lo único que opaca su inconmensurable egolatría es su tendencia a mentir. El magnate miente en vigilia o en sueño, sin reglas de moral que se lo impidan. Su sentido de la moralidad la dicta él mismo. En momentos de euforia o de derrota. Le da igual. Esos momentos son sucesivos, pueden darse en cuestión de horas o de segundos. Todo un caso. Su egocentrismo es la base de su ADN. Por todo esto, el desempeño del empresario neoyorquino es peligroso para el mundo.

Aunque desde su primer periodo presidencial (2017-2021, como 45° residente de la Casa Blanca) el esposo de Melania, la ahora rutilante “estrella” cinematográfica, quiso “gobernar” como si fuera el sol del universo, ahora, en su segundo mandato, cree que no solo es el comandante de las fuerzas armadas de su país, sino que es el héroe de la película sobre el secuestro del presidente banananero venezolano Nicolás Maduro Moro y que ha “resuelto” ocho guerras in progres (en curso), amén de adjudicarse la muerte del narcotraficante mexicano Nemesio Oseguera Cervanes, alias El Mencho, “uno de los capos de los cárteles más siniestros”, como alegremente dijo en su mensaje sobre el estado de la Unión, en la sesión solemne (convertida en una función de circo de tres pistas) del Congreso en Washington, D.C.

Sesión, por cierto, en la que pronunció un discurso récord de una hora 47 minutos, boicoteada con la ausencia de decenas de parlamentarios demócratas (representantes y senadores) que organizaron un evento paralelo, mientras que el resto lo abuchearon frente a sus invitados de distinto talante. Desde centenarios héroes de la IIGM, hasta presos políticos venezolanos puestos en libertad poco antes por su “nueva amiga y socia” Daisy Rodríguez. Aparte de la viuda de un extremista de derecha recientemente asesinado, incondicional del magnate. Y otros varones, héroes deportivos de invierno en los juegos Olímpicos de Italia, que acudieron al llamado del presidente en la Casa Blanca, pese a que sus compañeras del mismo deporte (Hockey), no aceptaron la invitación del empresario que en venganza les retiró el pago por su triunfo. Los acostumbrados berrinches del empresario convertido en político.

A decir verdad, Trump debió llegar el martes 24 de febrero al recinto parlamentario a presentar su discurso sobre el Estado de la Unión con un humor de los mil diablos. El ambiente no era para menos. Desde el arribo al Capitolio tuvo la bienvenida, el representante demócrata por el 9° distrito de Texas, Alexander (Al) N. Green, desplegó una pancarta que decía: “Black People Aren ´t Apes! (Literalmente: ¡Los negros no son monos!”, letrero que hace referencia a un video racista contra el ex presidente Barack Obama y su esposa Michelle Obama difundido en la red de Donald Trump Truth Social hace pocos días. El congresista fue expulsado del recinto.

De reojo, el magnate leyó el mensaje. Mal comienzo. El caudal de problemas no es parco, hay mucho más. El escándalo Epstein, que ya afectó hasta en cortes europeas, de la Gran Bretaña y Noruega; la posibilidad de otro impeachment, y el creciente rechazo ciudadano a su mandato, la mayoría reprueba su gestión, su tasa de aprobación está cerca del punto más bajo de su presidencia oscilando en 40%.

En muchos estados su absurda política migratoria ha caldeado hasta ciudades donde el trumpismo ha estado a la cabeza. Así como golpes políticos y judiciales en su contra. Sobre todo, la reciente decisión de la Corte Suprema de EUA, que lo obliga a dictar otros aranceles por nuevas órdenes ejecutivas. El máximo tribunal, de mayoría conservadora, decidió por seis votos contra tres que la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional (IEEPA, por las siglas en inglés), no autoriza al mandatario a imponer aranceles.

A su manera, con otra revancha, Donald Trump Trump anunció el viernes 20 de febrero, un nuevo arancel general del 10% —que a las 24 horas aumentaría al 15%—, hasta por 150 días tras la sentencia de la CS. El gobierno recurrirá ahora a otras leyes, principalmente el código comercial aprobado en 1974, para seguir gravando a todas las importaciones, señaló el magnate, quien se declaró “profundamente decepcionado” por la sentencia y acusó a algunos magistrados de estar sometidos, como perros falderos a “intereses extranjeros”.

El golpe de la Corte Suprema fue demoledor. Trump descubrió que blindar al principal tribunal estadounidense con jueces conservadores no le garantiza gobernar a base de decretos, por más “ejecutivos” que sean. Resulta que la decisión judicial que echó por tierra la base de sus recurrente aranceles, su gran apuesta para reescribir las reglas del comercio internacional, provino precisamente de dos jueces que él mismo eligió durante su primer mandato.

Amy Vivian Coney Barret, de 54 años de edad, ex jueza de un tribunal de apelaciones y catedrática de derecho, en 2020 fue nombrada juez para sustituir a la renombrada liberal Ruth Bader Ginsburg que había muerto. Así, Barret se integró en la CS que el magnate siempre ha presentado como su gran legado institucional. En decisiones clave, como la inmunidad amplia, aunque no absoluta del republicano, Amy se alineó en los actos oficiales del mandatario, pero no en los privados. Matiz clave para entender su postura, la magistrada no se mueve por lealtades personales, sino siguiendo la lógica jurídica. Aunque no fue bien vista por los seguidores de Make America Great Again (MAGA), algunos republicanos la tacharon de “demócrata encubierta”, pero en junio de 2025 falló a favor de Trump en su esfuerzo por restringir la ciudadanía por derecho de nacimiento. Entonces se olvidó sus decisiones pasadas e incluso el presidente la describió como “una de las mentes más brillantes y dotadas” elogiando su “lealtad a la Constitución”. Ahora siguió otros derroteros, al posicionarse al lado de la ley, una traición para el hombre de las corbatas extravagantes.

El otro magistrado nombrado por Trump que también puso freno a los aranceles, es Neil McGill Gorsuch, de 58 años de edad, originario de Denver, Colorado. Llegó a la Suprema en enero de 2017, para ocupar la vacante dejada por Antonio Scalia. Desde entonces, Gorsuch cultivó la reputación de jurista meticuloso, textualista en sus decisiones y fiel a la separación de poderes, una filosofía que resumió tras conocerse el fallo.

El congresista republicano Donald (Don) John Bacon , de 62 años de edad, ofícial militar retirado, sostuvo que con el fallo se había “defendido la Constitución”, y el sistema de pesos y contrapesos”, que marca para avalar la separación de poderes Y además recordó que “cualquier arancel debe ser aprobado por el Congreso”. Agregó algo importante, que hay más republicanos que opinan como él, pero no se atreven a decirlo.

En el fondo, el Partido Republicano está nervioso. Las encuestas esbozan un desgaste que no rompe sus bases, pero si las está erosionando. De acuerdo a una encuesta de The Washington Post, ABCNews e Ipsos, un 60% no está de acuerdo con la gestión de Trump, frente al 41% que sí lo aprueba, y además, el 65% opina que el magnate se “ha sobrepasado” en su autoridad presidencial.

Y, tan importante como el sentir de los miembros de la Suprema Corte, es que el propio Donald Trump también está nervioso, y esto quedó claro en su reacción inmediata tras el fallo de la SC imponiendo nuevo arancel temporal del 10% que rápido aumentó a 15%.

Con esta reacción, el mandatario piensa conseguir tiempo, pero resulta que también siembra incertidumbre para las empresas y consumidores. Pasado el plazo de 150 días, se demostraría que hay límites y los suyos los marca el Capitolio, donde se decidirá dentro de cinco meses si los aranceles de 15% continúan adelante.

De acuerdo con la sentencia bíblica, Oseas 8:7, que dice. “Ellos sembraron vientos y cosecharán tempestades, surgió el refrán popular que advierte “Quien siembra vientos recoge tempestades”, no sorprenden que el jefe de la Comisión de Comercio del Parlamento Europeo, el social demócrata alemán de 70 años de edad, Bernd Lange, dijo el martes 24 de febrero que propondrá a los eurodiputados suspender el proceso de ratificación del pacto comercial entre Bruselas y Washington, tras el anuncio de Trump de imponer aranceles globales del 15%.

Agregó el político germano: “Puro caos aduanero por parte del gobierno estadounidense. Ya nadie entiende nada: sólo hay preguntas sin respuesta y una incertidumbre creciente para la Unión Europea y otros socios comerciales de EUA”. Lange agregó que hoy (miércoles 25), propondrá a los negociadores de la Eurocámara “que suspendan los trabajos legislativos” hasta disponer de “una evaluación jurídica exhaustiva.

La transmisión completa del Estado de la Unión a todo el mundo, hizo posible que más de 36 millones de personas comprobaran los excesos verbales del presidente Trump. En lo nacional y en el internacional. Sin el menor recato declaró que “resolvió” ocho guerras, incluida la de Israel y Gaza “que ya está por completarse”. Cabe decir que ya no presumió de que merecía el Premio Nobel de La Paz, aunque advirtió que “como presidente hará paz donde podamos” y que no titubeará si se requiere usar la fuerza letal más poderosa del mundo. Refiriéndose a Irán enfatizó que “el patrocinador número uno de terrorismo no puede tener arsenal atómico”.

En varias ocasiones se mostró muy agresivo contra los demócratas en el Capitolio. La mayor parte del discurso —casi de dos horas—, fue sobre la agenda política doméstica. Punto por punto, enumeró las iniciativas económicas que “benefician” al pueblo, que ya está “cansado de ganar tanto dinero” en esta “época dorada”. Calificando sus medidas como “lo más exitoso”, “lo más grande” y “lo más acertado”. A veces las cámaras de televisión hacían acercamiento a las caras de los parlamentarios en las que se advertían gestos de asombro y de burla. Varios demócratas lo abuchearon, como Ilhan Omar, la primera somalí-estadounidense en el Congreso de EUA, que le gritó “asesino” durante la comparecencia.

La verdad, es que muchas de las afirmaciones del magnate fueron exageradas, distorsionadas y muchas mentiras.

En fin, el senador demócrata Alejandro (Alex) Padilla, hijo de madre mexicana en Los Ángeles, California, al término de la sesión en el Capitolio, declaró: “Trump acaba de hacer lo que mejor sabe: mentir, sobre la economía y sobre la persecución de los emigrantes indocumentados. A pesar de sus mentiras, nosotros sabemos lo que vemos con nuestros propios ojos. ¿Cómo puede el pueblo salvar al pueblo? Alcemos la voz. Marchando. Organizado a nuestras comunidades y votando”.

Agrega: “Miente sobre su aplicación de las leyes de inmigración de manera violenta y fuera de control. Y pretende engañarnos sobre sus planes para manipular las elecciones este noviembre. La verdad es que el Estado de nuestro Unión no se siente fuerte para nadie”.

Este State of the Union será recordado como el más abiertamente anti inmigrante de lo que va del siglo XXI: no por una medida aislada, sino por haber convertido la exclusión en principio narrativo del proyecto nacional. El magnate dibujó una nación más estrecha y menos plural en su definición. God bless America! Como escribió Irving Berlin en 1918. VALE.