Entre las organizaciones políticas que buscan su registro como partidos políticos se encuentran: los cristianos que quisieron utilizar las siglas del nombre de la presidenta (CSP) pero los demandó y tuvieron que llamarse PAZ; Que Siga la Democracia, cuya dirigente real es la diputada morenista Gabriela Jiménez y Somos México.

El sábado 21 de febrero, en la Ciudad de México, el Partido Somos México celebró su asamblea nacional constitutiva. No fue un acto menor: después de cumplir con más de 200 asambleas distritales en al menos 17 entidades federativas, superó el requisito constitucional y legal para convertirse en partido político nacional. Si no ocurre algo excepcional, participará con candidatos propios en la elección federal del próximo año bajo la presidencia de Guadalupe Acosta Naranjo y la secretaria general de Cecilia Soto.

Somos México nace con un sello: la oposición a Morena. Pero reducirlo a eso sería simplificar su composición. En sus filas confluyen ex perredistas —particularmente de la corriente conocida como “Los Galileos”—, panistas inconformes con la dirigencia dominante, priistas críticos del liderazgo de Alejandro Moreno, integrantes de la llamada sociedad civil organizada, ex ministros de la Suprema Corte, empresarios, activistas sociales y madres buscadoras. También se nutre de cuadros con experiencia en el servicio profesional del INE, pieza clave para cumplir con los lineamientos formales de su constitución.

En buena medida, Somos México es la institucionalización partidaria de la llamada “ola rosa”, esa movilización ciudadana que durante el gobierno de Andrés Manuel López Obrador se opuso a sus reformas constitucionales, especialmente a las que tocaban al INE. No es casual que en su consejo consultivo —que no implica militancia formal, pero sí cercanía política— figuren ex ministros como José Ramón Cossío, Javier Laynez Potisek y Margarita Ríos Farjat; ex consejeros electorales como Lorenzo Córdova y ex funcionarios de ese instituto como Carmen Alanís; el actor Joaquín Cosío y activistas como Cecilia Flores.

Las críticas no se hicieron esperar. Se cuestiona la congruencia ideológica de un proyecto que amalgama trayectorias tan diversas; se señala la carga polémica de varios de sus integrantes; se advierte que más que un partido nuevo es un reciclaje de élites desplazadas del poder. Todo eso es cierto. Pero también es verdad que, a diferencia de otras fuerzas que desaparecieron en 2024, Somos México hizo lo que la ley exige: organizar asambleas, afiliar militantes, cumplir con los procedimientos y celebrar su congreso constitutivo.

El contraste es inevitable. El PRD ni siquiera intentó recuperar su registro; otros grupos buscaron atajos o carecieron de estructura suficiente. En ese sentido, Somos México mostró disciplina organizativa y claridad de objetivo: alcanzar el 3% de la votación para conservar el registro.

Llega en un momento árido para la oposición, fragmentada y en búsqueda de identidad. Puede convertirse en una bisagra o en un actor testimonial temporal. Tiene el derecho de competir y el desafío de demostrar que no es solo la nostalgia de un pasado reciente, sino una alternativa programática capaz de conectar con un sector del electorado más allá de la resistencia a Morena.

Eso pienso yo, usted qué opina. La política es de bronce.

@onelortiz

https://youtu.be/OmOo08EkA4k?si=QKdKowbKw6TJO34Z