El sueño de la Sultana (España-Alemania-India, 2023) de Isabel Herguera García (nacida en 1961, en San Sebastián, España).

Otro enorme esfuerzo en un género tan difícil de abordar y lograr resultados satisfactorios, como es la animación. Isabel Herguera, al adaptar la obra de ciencia ficción de la feminista Begun Rokeya Sakhawart Hossain (9 de diciembre de 1889, Rangpur, India-9 de diciembre de 1932, Calcuta, India), desborda el barroquismo y el postmodernismo (ejemplo: la apertura de una puerta que conduce hacia un hoyo negro), al combinar técnicas artesanales (acuarela, tinta y teatro de sombras), para narra el viaje de una joven española a la India, musulmana y brahmana, en busca de un lugar llamado “Lady Land”, donde gobiernan las mujeres, permitiéndole recobrar su capacidad de soñar. También, un enorme esfuerzo de producción y de talento humano.

 

Kix: El rey de las calles (Kix, Hungría-Francia-Croacia, 2024) de Dávid Mikulán y Bálint Révész.

Los realizadores magyares Mikulán y Révész se lanzan a las calles de Budapest para seguir las aventuras de un niño llamado Sanyi, acompañado de su pequeña pandilla que hacen y deshacen, montados en sus patinetas, lo que les da la gana. Lo mismo harían y desharían sin la presencia de la cámara. El tiempo pasa, crecen y ocurre algo que cambiará su vida adolescente y en trance hacia la madurez. Sin querer moralizar, asistimos a una realista crónica urbana, con un final en el que se muestra la imagen del encuentro de despedida de los reponsables de la realización con Sanyi, antes de los aconteceres posteriores.

 

Say Goodbye (México, 2025) de Paloma López Carrillo.

Me enteré, en la conferencia de prensa de la décima edición de Talento Emergente, que Paloma López Carrillo es apreciada en el cine mexicano por sus trabajos como montajista (edición). Su debut, como realizadora, en el género documental (también escribió el guion), le permitió ejercer su propia capacidad narrativa, mediante largos planos fijos (con el apoyo del camarógrafo J. Daniel Zúñiga) de paisajes (Utha), lugares (Salt Lake) e interiores (casa de la chica, en la Ciudad de México, viviendo sóla y separada dos veces, el lugar de trabajo de la madre y su casa, comprada por su propio esfuerzo, las dos con lágrimas casi contenidas), que sirven de escenarios naturales, para que la familia (el hijo breve, haciendo presencia) afectada haga remembranzas de un padre deportado y desaparecido, no se sabe dónde, ni cuándo. No me acuerdo quien me comentó, si Abril, hermana de Paloma, productora de tan intimista testimonio, o Paloma, que ellas sufrieron la dasaparición de su padre en iguales circunstancias. La autobiografía es evidente y la resignación ante la ausencia se refleja en el largo plano final, “diciéndo adiós”.

 

Una quinta portuguesa (España-Portugal, 2025) de Avelina Prat García (nacida en 1972, en Valencia, España.

Una narrativa clásica nos permite descubrir, en el transcurso del tiempo, día a día, mes trás mes, y salto de años, los motivos del abandono, de una mujer inmigrante serbia a su esposo español quien a su vez opta por dejar su vivencia cotidiana y profesional, yéndose a trabajar a una quinta en Portugal, haciéndose pasar por otro migrante solitario. Ahí conoce a otras personas, de origen portugués, nacidas en Angola. Los temas de imigración, desarraigo, identidad y soledad, enfermedad y muerte, son el pretexto para que la realizadora nos cuenta un historia que da varios giros inesperados, con una serena intensidad psicológica y con momentos de dimensiones mágicas.

 

Salam (Uruguay, 2025) de Agustina Willat García (nacida en 1989, en Montevideo, Uruguay)

La realizadora y su equipo se comprometieron con las y los saharauis, naturales del Sahara Occidental, territorio del noroeste de África y antigua colonia española que luchan por recuperar su territorio, desde el exilio y conseguir identidad como pueblo y nación, independizándose y adquiriendo su libertad contra Marruecos, haciéndola del conocimiento del mundo. Se les enseña a “filmar” y a testimoniar su lucha. La poesía que acompaña a las imágenes, con su música y cantos, es más poderosa que la lucha armada que sería desigual.

 

Memoria de un cuerpo que arde (Costa Rica-España, 2024) de Antonella Sudasassi Furniss (nacida el 1 de agosto en 1986, en San José, Costa Rica), con Sol Carballo, Paulina Bernini, Juliana Pilloy.

Poniendo en cuadro (en escena) su propio guión, con el apoyo del cameraman Andrés Campos Sánchez, la editora Bernat Aragonés (uno y otra dándole a las secuencias el matiz y corte justo) y la limpia actuación de Sol Carballo, Paulina Bernini y Juliana Filloy, la realizadora penetra en el ser y la esencia femenina siguiendo, documental y ficcionalmente, sus experiencias, en la niñez, la madurez y la adultez mayor, respectivamente, con un fuido lenguaje cinematográfico que expone el cambio transicional, en el tiempo y el espacio, de la conducta sexual, tema tabú en las familias conservadoras. Vienen a la memoria los libros de Wilhelm Reich sobre el tema.

 

Henri, el último pirata (Chile, 2024) de Julián Fernández Prieto.

En aquel lejano pais se hace buen cine documental, bien fotografiado y montado, de una gran imaginación creadora. Julián Fernández Prieto recrea, con material de archivo, y filmaciones (grabaciones audiovisuales) recientes, la historia de Henrí Garcia que llegó a la Isla de Pascua (Rapa Nui), en el Calypso de Jacques-Yves Cousteau, y se quedó a vivir ahí hasta su muerte. La herencia persiste en los recuerdos de su hijo, contadas a  su hijo (nieto de Henri), como la expedición al desierto de Atacama, para subir al volcán Licancabur, sumergiéndose en su laguna, encontrándose una misteriosa esfera de cristal, de origen desconocido. Documental de gran poesía que nos hace remembrar inmediatamente a Rober J. Flaherty y a Werner Herzog, legendarios documentalistas, sin par.