Comienzo por precisar que el ayatolá Alí Jamenei, que gobernó Irán con mano de hierro durante 47 años ha sido tan asesino como el mandatario estadounidense y el premier hebreo que desencadenaron la guerra contra los iraníes, entre cuyas primeras víctimas estuvo el propio Jamenei y otros pesos pesados de la dictadura teocrática persa.
No deja de ser irónico que hace 10 años -lo comenté en Radio BUAP (Benemérita Universidad Autónoma de Puebla)- los resultados de las elecciones legislativas en Irán favorecieran al presidente Hassan Rohani y a los reformistas, al quedar eliminados la casi totalidad -o la totalidad- de los candidatos ultraconservadores.
Rohani fue presidente de la República entre 2013 y 2021, imprimiendo moderación y asomos democráticos a su gobierno. Suscribió, asimismo, con Estados Unidos y el resto de las potencias miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU, más Alemania, el llamado Pacto Nuclear, que entró en vigor el 18 de octubre de 2015.
Conforme al Pacto,Teherán renunciaba al desarrollo nuclear con fines bélicos, sometiéndose, además, a la revisión periódica, por la OIEA (Organización Internacional de Energía Atómica), de que cumplía con lo acordado. En contrapartida, Irán se beneficiaría de reducciones paulatinas de las sanciones que Estados Unidos y Europa le habían impuesto. Pero el 8 de mayo de 2018 Trump se retiró del Pacto, pretextando que era una mentira.
La denuncia -en sentido gramatical y jurídico- del Pacto, por parte de Estados Unidos lo privó de existencia, con lo que Irán podía desarrollar, si lo quisiera, su industria nuclear con fines bélicos. Lo que Donald Trump, ya en esta, su segunda gestión como presidente de Estados Unidos, coludido con el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu, aseguraron, sin pruebas, que se estaba haciendo. Así que echaron a andar, Tel-Aviv la llamada Operación León Creciente el 13 de junio de 2025 y Washington la que bautizó Martillo de Medianoche el 22 de junio. Para destruir la capacidad nuclear iraní.
Después, hasta hoy y sin un final preciso, el estadounidense y el hebreo pretenden borrar al régimen de los ayatolás en Irán e “incendian” Medio Oriente con la guerra. Netanyahu para seguir impune de los graves delitos de corrupción entre otros y por el fanatismo sionista que profesa, condenado enérgicamente por millones de judíos, intelectuales y “de a pie”. Trump, por su grave narcisismo y para hacer olvidar a sus compatriotas los errores de un mal gobierno: aparte el caso Epstein, los excesos de las fuerzas paramilitares del ICE, la catástrofe de los aranceles, el desplome de los mercados, la inflación y, en síntesis, la pérdida de popularidad del magnate. ¡en vísperas de las elecciones de mitad de mandato, en las que los republicanos arriesgan perder la cámara de Representantes, e incluso el Senado!
Es claro, por otra parte, que tal política contraría las tesis aislacionistas -el “América First”- de MAGA y de personalidades como el vicepresidente JD Vance, posible sucesor -¿el de mayores probabilidades?- de Trump en la candidatura republicana, ¿y como presidente de Estados Unidos?
Quien haya seguido desde el principio esta absurda guerra contra Irán habrá recordado en la interminable, repetitiva, tediosa, torpe justificación de un Trump con voz de merolico, tanto las interminables arengas de Fidel Castro como discursos de jilgueros y mandatarios del hoy casi extinto PRI.
Un discurso de merolico, pleno de insultos, que -permítaseme la digresión- imitó Javier Milei, el argentino servil presidente trumpista, eufórico después de su triunfo sobre los peronistas en las elecciones legislativas.
Lo cierto es que “la pradera” del Medio Oriente está incendiándose, después de que la llamada Operación “Fuerza Épica” echó a andar, el sábado 28 de febrero, ataques militares de Israel y Estados Unidos contra Irán y de la respuesta de Teherán. Entre los muertos, el ya mencionado líder supremo Alí Jamenei y otros miembros clave del gobierno de Irán. Daños y víctimas en emiratos del Golfo, con bases estadounidenses. Incluso la acción de la OTAN, que interceptó un misil lanzado hacia Turquía.
La “coalición” Trump-Netanyahu dirigió uno de sus ataques más letales al área administrativa, ceremonial y de residencia de funcionarios clave de una administración de gobierno compleja, como lo es la iraní. y -dicen los expertos- “horizontal”. De manera que, aunque haya muerto Jamenei y otros pesos pesados de la administración del Estado, ésta no será decapitada. La compleja estructura -horizontal- del Estado ha sido explicada por dos destacados especialistas en Medio Oriente: los mexicanos Mauricio Meschoulán y Tarik Zeraoui.
Y, valga un paréntesis en este artículo sobre un asunto importante, vivo y cambiante: El candidato, aparentemente más viable a suceder al difunto Alí Jamenei es su hijo Mojtaba Jamenei, quien, dice el diario The New York Times, “es una figura influyente, que ha operado en las sombras del imperio de su padre.” Se habla, igualmente de otros candidatos, entre los que mencionó a Hassan Jomeini, nieto del ayatolá Ruholá Jomeini, primer líder supremo; así como Alí Larijani, jefe del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, ex presidente del Parlamento y curtido en negociaciones nucleares.
Guerra tan absurda e infame, con asesinatos selectivos, pero también de inocentes, que trastorna el comercio mundial -hasta en medidas como el cierre del Estrecho de Ormuz- da lugar a hechos como éste, que no quisiera criticar e ironizar. Sobre todo por la protagonista central:
Se trata de la participación de Melania Trump en la ONU, de acuerdo a la información que transcribo, sin comentarios míos, entrecomillada:
“El Consejo de Seguridad de la ONU se reunió este lunes para discutir respecto a la protección de las niñas y los niños que viven en las regiones en conflicto, en una sesión que fue presidida por la Primera dama de Estados Unidos, Melania Trump.
Dicho encuentro se da horas después de que se reportó la muerte de al menos 165 niñas tras el bombardeo contra una escuela en la ciudad de Minab, en Irán, esto durante los ataques lanzados por las fuerzas militares estadounidenses e israelíes.
De acuerdo con datos presentados por la subsecretaria general de la ONU para Asuntos Políticos, Rosemary DiCarlo, uno de cada cinco niños en el mundo, equivalente a 473 millones, vive en zonas de conflicto o huye de una guerra, mientras que entre el 2023 y el 2024 las violaciones graves contra menores aumentaron un 25 por ciento”.
La guerra infame sigue, nos enteramos de que Trump la lleva hasta el Océano Índico. Asimismo de que, a diferencia de las tímidas reacciones de algunos, Alemania por ejemplo, los “esquiroles” trumpistas, como el húngaro Orban y los serviles como Mark Rutte, secretario general de la OTAN, que apoyan al neoyorkino y su guerra, el presidente francés Macron la objeta, el británico Starmer se muestra renuente a apoyarla y el presidente español Pedro Sánchez prohibió que Estados Unidos use las bases militares que tiene en España, provocando la ira y amenazas del susodicho norteamericano. Falta ver cómo reaccionará con la primera ministra Giorgia Meloni, a la que diríase que corteja “diplomáticamente”, ahora que la italiana ha declarado: “No estamos en guerra y no queremos entrar”.
La guerra, supuestamente para liberar a los iraníes de una dictadura, no es tal. Sí, en cambio, confirma que Washington entró a ella obligado por Israel, según confesó, ingenuamente, Marco Rubio a periodistas en el Capitolio el lunes. Aunque después haya negado que lo dijo.
Claro que Trump sucumbió a su vanidad y se muestra “grandioso”. Con altos costos, sin embargo: Rebelión en MAGA, que abjura de guerras que contrarían su aislacionismo esencial y una gravosa factura de impopularidad del neoyorkino
