Una vez más se comprueba el aserto del legendario hombre de estado británico, Sir Winston Leonardo Spencer Churchill: “La democracia es la peor forma de gobierno posible, excepto por las demás formas”. Chile es un buen ejemplo, aunque gran parte de la izquierda de ese país y de otros del continente americano (norte, centro y sur), piensen diferente. Sobre todo porque las urnas de la nación más larga de Sudamérica decidieron que el ultra derechista José Antonio Kast Rist fuera el presidente de la República durante los siguientes cuatro años.

El abogado Kast Rist, de 60 años de edad, descendiente de la pareja formada por Michael Kast Schindele y Olga Rist Hagspiel (el padre fue soldado en el ejército germano, Wehrmacht, y se afilió al Partido Nacionasocialista Obrero Alemán en 1942, emigró a Chile en 1950). El arribo de Kast al Poder Ejecutivo del país representa un sustantivo cambio de rumbo en el devenir de Chile: desde 1990, al final de los 17 años de dictadura militar, tuvo seis gobiernos de centro izquierda —dos encabezados por demócratas cristianos, tres por socialistas y uno por el izquierdista Gabriel Boric (saliente) del Frente Amplio; y dos del derechista Sebastián Piñera, un inversionista financiero que al hacerse político siempre se declaró contrario a Augusto Pinochet y votó en contra de la continuidad del régimen militar en el plebiscito de 1989. Toda esta mezcla de filiaciones fue posible por medio de la democracia, de otra forma, Chile y muchos otros países, incluyendo México, no conocieran la alternancia, que, dados los tiempos, es la única forma de llegar al poder sin el uso de las armas. Algo es mucho.

Así las cosas, José Antonio Kast Rist, el ultra derechista, integrista católico, admirador del dictador Augusto Pinochet se convirtió el miércoles 11 del mes en curso en el primer presidente de extrema derecha en asumir la presidencia desde el retorno a la democracia en Chile. El escenario fue una solemne ceremonia en la ciudad costera de Valparaíso, a la que acudieron 1,300 invitados, entre los que se contaba el rey Felipe VI de España, como es costumbre en casi todas las tomas de posesión de Hispanoamérica y de políticos afines ideológicamente, desde el extravagante mandatario argentino Javier Milei, a la venezolana Premio Nobel de la Paz, María Corina Machado, pasando por el presidente ecuatoriano Daniel Novoa y el senador brasileño Flavio Bolsonaro, hijo del ex presidente brasileño Jair Messias Bolsonaro (enjuiciado y condenado a 27 años de cárcel por intento de Golpe de Estado en su país), adversario del presidente Luis Inázio Lula da Silva,  cuya presencia en Valparaíso ocasionó que el famoso dirigente brasileño no acudiera a la toma de posesión de Kast. Aunque estaban invitados a la ceremonia, tampoco asistieron la presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, el de Colombia Gustavo Petro, y el salvadoreño Nayib Bukele, pese a su afinidad ideológica con Kast.

Que la política en Chile será diferente a partir del arribo de Kast, se notó desde el momento en que la nueva presidenta del Senado, Paulina Andrea Núñez Urrutia, la derechista militante del Partido Renovación Nacional, le puso la banda presidencial que escogió el nuevo mandatario: una banda con los colores de la bandera chilena con el escudo de la nación, conocida coloquialmente como la Estrella Solitaria; detalle que en cualquier otra circunstancia habría sido considerada normal, de no ser porque el último jefe de Estado que llevó la banda presidencial con el escudo fue el dictador Augusto Pinochet (1973-1990), centro de la admiración de Kast, como es público y notorio.

En su primer mensaje como titular del Poder Ejecutivo de Chile, Kast Rist aseguró que recibió un país “en peores condiciones de lo que podía imaginar”, y firmó sus primeros decretos contra la migración irregular. En compañía de su esposa, María Pía Adriasola Barroilhet, madre de sus nueve hijos (José Antonio, María Josefina, Nicolás, Matías, Trinidad, Agustín, María Isabel, Benjamín y María Pía Elizabeth), desde el balcón del histórico Palacio de la Moneda, el abogado aseguró que en su país “el crimen organizado y el narcotráfico han avanzado; las familias se sienten abandonadas por el Estado”. Por lo que instruyó a sus ministros para que auditen todos los ministerios en busca de irregularidades. “La autoridad tiene que ser fuerte porque nuestro país, en esta hora, así lo demanda”, agregó.

De tal suerte, el novel mandatario prometió instalar un “gobierno de emergencia” enfocado en la seguridad pública y la economía, principales prioridades de la ciudadanía, pero advirtió que esto no solo depende de su administración. Por cierto, su declaración, sin ambages, por el pinochetismo, es algo que a la corta o a la larga, le perjudicará. Al anunciar un “gobierno de emergencia”, que no pocos vieron al desgaire, tendrá consecuencias, pues, es el mismo término empleado por el dictador Pinochet tras derrocar a Salvador Allende. No creo que haya sido algo inadvertido.

Aparte de la inseguridad y el embate de la delincuencia, la inmigración irregular es un tema de actualidad en el país con implicaciones legales, sociales y políticas. Por ello, dentro de sus primeros actos de gobierno fue firmar seis decretos, el más importante relativo al reforzamientos de las medidas punitivas y de seguridad contra la inmigración irregular. A finales de 2022, se estimaba que aproximadamente 107,332 personas extranjeras residían en Chile en situación irregular, lo que representaba el 6.6% del total de la población extranjeras en ese momento, según datos del instituto Nacional de Estadísticas y del Servicio Nacional de migraciones.

Cálculos más recientes citadas por el gobierno saliente eleva la cifra a más de 330,000 migrantes en situación irregular. La mayoría proviene de Venezuela, Perú, Colombia, Haití y Bolivia.

Por tal motivo, Kast prometió “invitar” a irse, o expulsar a los 330 irregulares, lo mismo que militarizar y clavar zanjas y/o levantar muros en las fronteras con Perú y Bolivia: su propuesta de un “corredor humanitario” con Perú y otras naciones para que por ahí transiten aquellos que salgan de Chile no fue acogida por otros gobiernos de la zona.

Respecto a la delincuencia, Kast ha dicho que lo suyo será restablecer el orden, “Chile necesita orden, orden en nuestras calles, orden en el Estado, orden en las prioridades que se han perdido. El orden no es un capricho, es justicia…El orden es que el que viola la ley, va a sufrir todo el peso de esa ley”.

Por lo que toca a la política internacional, Kast Rist se alinea con el estadounidense Donald John Trump: respaldó la intervención militar en Venezuela y el secuestro del dictador Nicolás Maduro Moros, así como los bombardeos en la franja de Gaza y en contra de Irán.

Antes de asumir el cargo, la semana pasada, en su calidad todavía de presidente electo, asistió a la cita inaugural del Escudo de las Américas, organizada por el magnate en Miami, en la que el estadounidense anunció un acuerdo militar para erradicar a los cárteles del narcotráfico. Por cierto, en la foto del recuerdo, en dicha reunión, Kast se había colocado a la izquierda del presidente Trump, lugar del que fue removido porque todavía no era presidente legal chileno, y en su lugar los organizadores pusieron al presidente Nayib Bukele, mandatario de El Salvador que es muy cercano al neoyorquino desde que aceptó en sus cárceles a los presos enviados por Trump.

Si hay algo que caracteriza al nuevo mandatario chileno es su constancia. En su primer intento, como en el segundo, expuso su manera de pensar sin ocultar sus propósitos. Por ejemplo, en agosto de 2017, en un teatro de la capital, en Santiago, sede de la Administración Central del gobierno —Valparaíso es la sede del Congreso Nacional—, frente a familiares de condenador por delitos de derechos humanos y militares en retiro, afirmaba: “Mi nombre es José Antonio Kast,  y yo sí defiendo con orgullo la obra del gobierno militar, sí creo que muchos militares y miembros de las fuerzas armadas están siendo perseguidas y yo sí me comprometo, si soy presidente, a proteger a las fuerzas armadas, a terminar con las persecuciones judiciales, y a indultar a todos aquellos que injusta o inhumanamente están presos”.

Por si hiciera falta hay que aclarar a qué se refería cuando dijo “gobierno militar”, era “la dictadura militar” (1973-1990) de Augusto José Ramón Pinochet Ugarte (1915-2006) y sus cómplices civiles y uniformados.

A poco más de una década, el prolífico abogado, de 60 años de edad, no abjura de aquellas palabras. Por el contrario, lo reafirmó, a propósito de que en el Senado avanzó la “idea de legislar” respecto a conmutar penas a reos mayores de 70 años que están enfermos, cambiando cárcel por casa; un proyecto que favorecería a casi todos los presos, generando impunidad.

A la sazón, Kast visitó el Penal de Punta Peuco, en Tiltil (comuna en la Provincia de Chacabuco, al norte de la Región Metropolitana), cárcel donde están la mayoría de los condenados por delitos de derechos humanos, más de 300, entre ellos Miguel Krassnoff Marchenko, de 79 años de edad, un ex brigadier del ejército originario de Austria, penalizado a l047 años de cárcel por decenas de ejecuciones, torturas y desapariciones de quien dijo: “viéndolo, no me imagino todas las cosas que dicen de él” y que “más allá de las condenas militares y civiles merecen justicia. Hoy en muchos casos prima la venganza por sobre la justicia”. Esta visita puso en aprietos a Kast, que enfrentado con la prensa, no pudo responder a la pregunta de si lo indultaría. Marchenko aprovechó la visita y le regaló un libro donde se narraba su expediente. El ahora presidente de Chile, concretó su postura: “yo no cuestiono que se hayan cometido delitos y violaciones a los derechos humanos, lo que cuestiono es, en algunos casos, los procesamientos”.

Otra característica de José Antonio Kast es su integrismo religioso, expresado en su militancia activa, junto con su esposa, al movimiento católico Schoenstatt (que en alemán significa Lugar Hermoso, es un movimiento apostólico de renovación católica, fundado por el cura José Kentnich, en 1914, en Vallendar, Alemania. Se basa en una Alianza de Amor con la Virgen María buscando la renovación de la iglesia y el mundo a través de la formación de “hombres nuevos” con fuerte enfoque en la espiritualidad mariana y el postulado laico), que nació con la idea de que los creyentes podían realizar tareas simples a las de las órdenes religiosas, con autonomía respecto de los jerarcas católicos, según explica el teólogo chileno Álvaro Ramos, rector de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano.

En fin, la religiosidad de Kast se demostró la noche de su victoria, el 14 de diciembre de 2025, cuando dijo que “nada sería posible si no tuviéramos a Dios, eso es algo que no podemos dejar de reconocer. Nada ocurre en la vida, para los que somos de fe, que no sea en relación directa con Dios, y a Dios le pido humildemente sabiduría, templanza, fortaleza, para estar siempre a la altura de este desafío”.

¡Ojalá! (Decían los árabes andalusíes: In Sha’ Allah: Si Dios quiere). Por lo menos, un deseo poco común entre los políticos iberoamericanos. VALE.