El rechazo a la revocación de mandato representa una dura derrota política para Claudia Sheinbaum. Sus mismos aliados se encargaron de decirle: No pasará.
La presidenta cometió el error de obsesionarse con un Plan B. Pudo haber salido como una demócrata al aceptar que su partido no tenía lo votos necesarios para aprobarlo, pero le ganó la soberbia y ese autoritarismo congénito que no la deja.
Con la revocación de mandato Claudia Sheinbaum pretendía llegar el poder. Tratar de ocupar, por fin, la Presidencia de México.
Buscaba vías para demostrar que es una presidenta popular, porque sabe que no lo es.
Ha trascendido en redes que Palacio Nacional se ha convertido en un infierno para ella. Nadie la obedece, es continuamente víctima de la ineptitud y los errores de sus colaboradores, amén de las intrigas y traiciones que tejen diariamente los senadores y diputados de su propio partido en contra de ella.
Los senadores de Morena, PT y Verde terminaron festejando la derrota de Sheinbaum. Sabían que empatar la revocación de mandato con las elecciones del 2027 colocaría a los aliados del partido en el poder en vías de desaparición.
Sheinbaum necesitaba llegar al tercer año de su mandato con una fuerza política que no tiene. No sólo se trata de que Morena gane la elección del 2027, sino que ella sea vista como una mandataria exitosa y bien calificada.
Claudia tiene dos problemas de origen: Paga los costos de haber “vendido su alma al diablo”, de haber aceptado heredar un proyecto político vinculado al crimen organizado a cambio de ser la primera mujer en ocupar la Presidencia.
Su otro problema es que se trata de una gobernante que ha dado cero resultados.
Agreguemos que ya no es confiable ni siquiera para los hijos de López Obrador. La acusan de no garantizar su seguridad política, de no poder impedir ser blanco de los medios, de los adversarios, de no garantizar la permanencia de Morena en el poder.
Dicen que en su desesperación ha llegado a decir: “No necesito de la revocación de mandato para renunciar”. Y es cierto, su permanencia en el poder puede depender de lo que se decida en Palenque. Para eso quedo viva la posibilidad de convocar la revocación en el 2028.
El futuro de Sheinbaum puede estar atado a los resultados del 2027. Si Morena pierde la Cámara de Diputados, terminará por perder el poco peso político que tiene dentro de Morena. Es más, será la responsable de la debacle del movimiento de regeneración nacional y tendrán que pensar en qué hacer con ella.
En Palacio Nacional hay una inquilina cada vez más solitaria. A López Obrador no le interesó meter la mano para que fuera aprobada la revocación de mandato, pero sí para que el PT operara para contener el capricho de una Presidenta que no ha terminado de nacer.
