Nuestro país está compuesto de muchas historias, lapsos temporales que reflejan actos, yerros y tragedias como la sucedida hace ya 32 años, nos referimos al crimen que segó la vida del entonces candidato a la presidencia de la república Luis Donaldo Colosio Murrieta.
Aquel 23 de marzo de 1994 en Tijuana los nubarrones trágicos impregnaron la atmósfera, un acto indeseable se consumaba en la persona del candidato del Partido Revolucionario Institucional, desde ahí se desataron diversas hipótesis, si fue un acto concertado o un asesino solitario, más allá de la verdad legal.
Fue un evento atípico que reflejó la barbarie y generó una muy espesa incertidumbre. De hecho, ese año de 1994 fue explosivo porque al primer minuto de dicha anualidad se levantó al EZLN para declarar la guerra a la par que entraba en vigencia el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá, meses después sería acribillado el entonces secretario general del PRI Francisco Ruiz Massieu, los demonios estaban sueltos.
Se presume que en el famoso discurso del 6 de marzo de 1994 fue una ruptura con el presidente Carlos Salinas de Gortari por el tono crítico respecto al gobierno, postulaba la democratización y algunas líneas discursivas novedosas, aunque el mandatario respaldó a Colosio y había dejado fuera de la contienda a Manuel Camacho Solís, el ex jefe del Departamento del Distrito Federal en aquellos tiempos.
En este 2026 ya se han cumplido 32 años del atentado perpetrado en Lomas Taurinas, lapso en el que no se han dejado de contar historias, se han filmado películas y no se ha concluido el debate alrededor de quien fuera candidato del Partido Revolucionario Institucional. Un hecho oscuro, acto consumado.
El candidato acribillado en Lomas Taurinas tuvo su trayectoria en las filas del tricolor, porque aparte de ser en su momento el abanderado a la presidencia de la república, previamente Colosio Murrieta fue también senador, diputado federal, secretario de estado y conocía las entrañas de su partido al que encabezó en los inicios de la gestión de Carlos Salinas de Gortari, quien fuera su jefe e impulsor.
1994 fue el año de un evidente fatalismo, la violencia arrancó a dentelladas la certidumbre desde el primer minuto de aquella anualidad, las tragedias alimentaban una narrativa pintada de rojo, como nadie lo habría pronosticado.
Las hipótesis en torno al asesinato de Colosio fueron múltiples, de inicio dijo el primer subprocurador especial para el caso, Miguel Montes, que se trató de un acto concertado, posteriormente diría que fue un asesino solitario, nos referimos a Mario Aburto.
Luis Donaldo Colosio Murrieta expresó en su discurso del 6 de marzo que el gran reclamo de México es la democracia.
Ya 32 años han transcurrido de la tragedia en Lomas Taurinas en la fronteriza ciudad de Tijuana, las percepciones son diversas, decir que pudo ser un gran presidente es una especulación porque no llegó a dicho sitial, la desconfianza en la clase política antes y ahora es manifiesta por ello se debate con relación a las conclusiones legales. Pueda ser que se haya dicho la verdad realmente pero no se creyó por múltiples motivos. La desconfianza como norma. Diría alguna vez Mark Twain: la historia no se repite, pero a menudo rima.
