Tus dos muertos (México, 2025) de Daniel Castro Zimbrón (Fecha y lugar de nacimiento: 1983, Ciudad de México), con Gerardo Trejo Luna (1960, Veracruz).

La literatura negra (Tus dos muertos, novela de Jorge Alberto Gudiño Hernández) nutre al cine negro (Tus dos muertos, guion de Daniel Castro Zimbrón) ofreciéndonos, más que un vulgar thriller de acción policial clandestina, un seguimiento psicoanalítico distanciado, necesario para reflejar profundamente la personalidad del personaje principal, su comportamiento marginal, dentro de una corporación dedicada, entre otras actividades, a investigar secuestros. A Cipriano Zazunga (Garardo Trejo Luna, en plan de engordado gran actor), policía judicial en decadencia, extorcionador de lumpenproletarios y pequeños negocios, en las calles de los barrios de la Ciudad de México, se le presenta la oportunidad de recuperar su condición de comandante, cuando es obligado a investigar el secuestro del hijo de un diputado, aspirante a candidato a la presidencia de la República. La impecable narrativa formal del realizador (Manuel Castro Zimbrón estudió Cinematografía en el Centro de Capacitación Cinematográfica) penetra hasta la médula en su carácter (aficionado a la música, principalmente al jazz, y que no sabe lo que es el musical en el cine). Al borde de la locura, trata de reivindicar su condición, incluso recayendo en el alcoholismo que, supuestamente, había superado y que, paradójicamente, es un remedio catártico temporal, para llegar hasta el límite de eliminar los fantasmas familiares que lo persiguen sin cesar: Su padre muerto, su pareja sacrificada y su hija ausente. Asistimos al retrato de la soledad individual, enfrentándose a sí misma, del mundo circundante de lugares apartados, en los que la pobreza, la vida miserable, los rencores, el odio, la prostitución, las desviaciones sexuales, que padecen los perdedores de siempre. Dígase, también, la manipulación institucional oculta (el constante acoso de su jefe por el móvil y su final felicitación al decirle que se ha convertido en un héroe), la corrupción policial y judicial, toda la suciedad habida en la vida real del bajo mundo, propia de un cine negro, más que de novela policial, producido, sin duda, para el mercado mundial. Ni que Agente secreto (O Agente Secreto, Brasil-Francia-Alemania-Paises Bajos, 2025) ni que nada, de Kleber Mendonça Filho, con Wagner Moura, superproducción multinacional, larga y tendenciosa, con pretenciones históricas y antitrasnacional, que sí encaja en la categoría de vulgar thriller de acción de denuncia política (el agente secreto es asesinado y nos enteramos del hecho, por la prensa) no tanto en la clasificación de neo-noir, que caracterizó aquel cine norteamericano de la post Segunda Guerra Mundial, poblado de criminales psicópatas, indiferentes al dolor ajeno.

 

Un hogar tras las rejas (Mannamui jib, Corea del Sur, 2005) de Cha Jeong-yoon.

La guionista y debutante realizadora Cha Jeong-yoon, cuenta la historia de una reclusa rebelde, quien tiene una hija de la que no quiere saber nada, que no asiste al funeral de su madre y que tiene tensa relación con una oficial de prisión. Historia sin la casi presencia de hombres, uno incidental y la breve del director de la institución carcelaria, accediendo a la petición, para que la oficial vaya al funeral de la madre de la reclusa y visite a la hija. ¿Imaginada historia de solidaridad humana o inspirada en un hecho real?

Una visión carcelaria romántica, si se le compara con la actitud carcelaria y, estúpidamente, subordinada al terror estalinista, con un fiscal general, corrupto, hipócrita y traidor, frente a un joven y confiado fiscal que cree que la justicia ha de lograrse, en Dos ficales (Two Prosecutors, Francia-Alemania-Rumania-Letonia-Paises Bajos-Lituania, 2025) de Seguei Loznitsa. Historia inspirada en la realidad histórica.

 

El amor que permanece (Ástin sem eftier er, Islandia-Dinamarca-Suecia-Francia, 2025) de Hlynur Pálmason (30 de septiembre de 1984, Hornafjöröur, Islandia).

Paisajes, mar, vida rural y laboral, son los escenarios, naturales y sociales, para contar las relaciones familiares de un ex-matrimionio (ella, artista plástica independiente, él empleado en una empresa), de sus perspicases hijos que clavan una estaca, en la que atan un muñeco, para flecharlo en sus juegos, y de una “simpática” perrita. Relaciones familiares en la que el padre es el principal perdedor, teniendo sueños surreales, en los que se le aparece el fantasma, en forma de mujer, del muñeco, y un gigantesco gallo que mató, ante la desesperación de no atraparlo. Si duda, es comedia fría (el amor permanece, sin duda) más que drama caliente, como lo es Tierra de Dios (Vanskabte, 2022), anterior trabajo del realizador.

 

Caso 137 (Dossier 137, Francia, 2025) de Dominik Moll (7 de mayo de 1962, Württemberg Alemania).

Investigación detectivesca de una mujer policía, para descubrir el excesivo abuso de varios policias sobre un joven, en las manifestaciones de 2018 en París, contra el alza de precios, grabado por una trabajadora de un hotel. Hechos reales, contados con rigurosa ficción narrativa que quedaron impunes, ante la cerrazón de las autoridades judiciales y la burocrática corrupción administrativa. Los thrillers políticos de Costa Gavras abrieron el camino de un cine de denuncia, en favor de los derechos humanos.