Memorias del subdesarrollo (Cuba, 1968) de Tomás Gutiérrez Alea (11 de diciembre de 1928, La Habana, Cuba-16 de abril de 1996, La Habana, Cuba), con Sergio Corrieri (1938-2008), Daisy Granados (9 de diciembre de 1942, Cienfuegos, Cuba).

La referencia a la novela (se ha comentado que es una obra misógina y la alusión a ello, en la película, por el realizador, puede interpretarse como una crítica o no) de Edmundo Desnoes (1930-2023), autoexiliado en Nueva York, desde 1979, en la que se basó el guion y la realización de Tomás Gutiérrez Alea, es inevitable, porque, tanto la obra literaria como la obra cinematográfica, son significaciones creadas por intelectuales comprometidos, circunstancialmente, con el proceso revolucionario cubano que llevó al mundo a una tensión de conflagración atómica (comunismo vs capitalismo). Tratan sobre el esfuerzo de adaptación a la nueva sociedad de un individuo, que decide no irse de la isla, con su familia y su exesposa. Un pequeño burgués (clase media), afectado por las nuevas leyes de la reforma urbana, pierde su negocio heredado y sus propiedades, teniedo que superar la soledad, conservando el gusto por las bellas mujeres, caprichosas y conflictivas, revolucionarias o no. La película combina ficción, documentales, discusiones sobre el quehacer artístico, económico y político, influenciada, sin duda, por la forma narrativa del neorrealismo italiano y la nueva ola francesa, así como testimonios televisivos del momento: Fragmento del cortometraje Now! (Cuba, 1965) de Santiago Álvarez (1919-1998) que, por cierto, se exhibe antes de Memorias del subdesarrollo y del que se escribió: “Santiago Álvarez logra en Now, con material de archivo, fotos fijas [y Now!, canción compuesta y cantada por Lena Horne (1917-2010)], una impresionante muestra del racismo en Norteamérica, la necesidad de lucha del negro, las raíces de su opresión, las características de un contexto social, con un gran rigor y capacidad incisiva.” (Nuevo Cine Latinoamericano de Augusto Martínez Torres y Manuel Pérez Estremera. Editorial Anagrama, 1973).

 

La chica de Colonia (Kölner 75, Alemania-Polonia-Bélgica, 2025) de Ido Fluk (guionista y realizador israelí, nacido en 1980, radicado en Nueva York), con Mala Emde (Vera joven) , Susanne Wolffe (Vera madura), John   Magaro, Miguel Chernus.

Hubo un inolvidable concierto de piano de Free Jazz (24 de enero de 1975) de Keith Jarrett (8 de mayo de 1945, Allentown, Pensilvania, USA), en la Ópera de Colonia, Alemania, que causó histórica conmoción. Lo interesante es que aquí se recrean los problemas que tuvo que superar Vera Brandes (22 de mayo de 1956, Colonia, Alemania), precoz desconocida promotora musical, para que se llevara a cabo. Ella platica la odisea, en su madurez,  al mismo tiempo que, también, escuchamos los comentarios de un crítico de música, sobre la evolución y transformación revolucionaria del Jazz de vanguardia. Lo curioso del divertimento-dramático es que, al final de la proyección, Ausencio Cruz me comentó que Keith Jarret  tocaba, entre otros, música compuesta por el filósofo armenio Georges Gurdjieff (1866-1949), en un estado de “sueño despierto” hipnótico (seguiremos investigando tan sorprendente hecho, no mencionado en la película).

 

Cobre (Mexico-Canadá, 2025) de Nicolás Pereda (1982, Ciudad de México).También tiene la nacionalidad canadiense, con Lázaro G. Rodríguez.

Si no se trata de minimalinismo total, corriente artística, estética y estilo que reduce todo a lo esencia, iba para allá que volaba. Lo más abstracto de lo abstracto. La hipocondria (trastorno de ansiedad) del pesonaje, es finjida, porque es afecto a mentir y corrupto, haciedo lo imposible por no trabajar, como obrero en una mina, Miente hasta cuando al  ver un cadáver lo niega, aconsejado por su madre y la complicidad de su tía, frente a un testigo que lo vio viéndolo. La foma minimalista se complementa con el comportamiento absurdo de los personajes (él, madre y tía), contrario a la razón, ilógico y disparatado, carente de sentido. ¿Cuántos, nos comportaremos así?

 

Resurrección (Kuang ye shi dai, China-Francia, 2025) de Bi Gan (4 de junio de 1989, Kaili, Guizhou, China), con Jackson Yee.

Contraria al minimalismo es Resurrección, obra maestra de Bi Gan, realizador y poeta de la imagen. Exuberante y monumental puesta escenográfica, en la que el género fantástico, con todas sus variantes vanguadistas, aparece imponente e hipnótico, con constantes cambios de narrativa formal (una plano secuencia, de 40 minutos, nos conduce al cine de vampiros). Pienso en Carl Th. Dreyer y su cine fantástico del periodo silente y parlante y en Jim Jarmuch, por citar dos ejemplos. Se cuestiona el pensamiento filosófico budista, el trucaje del manejo de cartas, para estafar. ¿Cómo se lograría invita a la discusión de ideas a Jodorowki, Gurdjieff, Herzog y Tarkovski? Es, en conjunto, una viaje, por sueños eternos y la resurrección de un ser fantasmagórico delirante, contados, poéticamente, por una mujer y que no es más que la historia del cine de vanguadia, como dirían los enciclopedistas del futuro, usando la inteligencia artificial que conservara “el tiempo de los pasos perdidos” (leer Cine de vanguardia de Marcel Oms); porque, de todos los ismos (dadaísmo, futurismo, expresionismo, etc.), el surrealismo es la máxima expresión del sueño cinematográfico o “la destrucción del guion, del argumento” (Marcel Oms), dándole paso a la imaginación automática, surgida del subconciente, si le creyéramos a Luis Buñuel.