La conseja dice: “nadie escarmienta en cabeza ajena”. Muy cierto. Bien se sabe que en materia política o religiosa, las discusiones son infinitas. En un momento dado, si hay algo difícil de interpretar es lo que los pueblos, ajenos al propio, deciden en las urnas. Por lo mismo, en materia política e ideológica nada es para siempre. En este sentido, con periodicidad inagotable, los medios informan del resultado de elecciones por los cuatro puntos cardinales. Lo que puede ser positivo para un pueblo, para otro, aunque sean vecinos, resulta negativo. En este sentido, es válida la hipótesis de que “los pueblos tienen el gobierno que se merecen, aunque los populistas se desgañiten al afirmar que los “pueblos nunca se equivocan”, y vaya que lo hacen; verbi gratia, al elegir a los puestos máximos de gobierno a un Adolf Hitler o a un Donald John Trump, y muchos otros que en la historia han sido.
Aunque, en general, cuando la democracia no ha sido trucada, los gobiernos elegidos funcionan de la mejor manera posible. Bien lo dijo el siempre recordado Sir Winston Leonard Spencer Churchill: “La democracia es el peor sistema de gobierno diseñado por el hombre. Con excepción de todos los demás”. Las elecciones del domingo 12 de abril en Hungría y en Perú, lo comprueban una vez más. México, dadas las circunstancias, debería estar ojo avizor, aunque ya lo sabemos: “nadie escarmienta en cabeza ajena”.
Rechazo al populismo
Durante una jornada normal de elecciones, el domingo 12 de abril, como si Hungría se hubiera caracterizado durante los últimos tres lustros por ser un país con especial devoción por la democracia, se volcó en las urnas no para votar por un cambio de gobierno sino por un cambio de régimen. Peter Magyar, de 45 años de edad, líder del grupo centro derechista Tisza (Partido Respeto y Libertad, fundado en 2021) cuyo apellido significa en húngaro precisamente húngaro, como si fuera una premonición, está listo para asumir como Primer ministro del país centroeuropeo sin litorales, el próximo martes 5 de mayo, tras la aplastante victoria electoral que finalizó la tenebrosa noche de 16 años bajo la garra del autocrático y populista de derecha el sexagenario Víktor Orban, que durante su régimen (con su partido Fidesz: Alianza Cívica, de ideología cristiano-nacionalista totalmente derechista)) modificó las leyes para someter los tribunales y restarles independencia, controlar los procesos electorales (en los que siempre surgía vencedor), disminuir instituciones y libertades, y restringir derechos ciudadanos.
En su calidad de candidato triunfador, Magyar pidió al Presidente de Hungría, Tamás Sulyok, que fue presidente del Tribunal Constitucional desde 2016 hasta 2024, convoque al nuevo Parlamento (Asamblea Nacional, unicameral), “lo antes posible” para formar el nuevo gobierno del país. Con una super mayoría de dos tercios (138 de 199 escaños), Tisza tiene margen para desmantelar las reformas que se aprobaron durante el largo gobierno de Orbán. Lo que significa que el antiguo admirador de Orbán no sufrirá con una mayoría parlamentaria adversa en la Asamblea y podrá reformar lo que sea necesario.
Los resultados de los comicios húngaros, consideran no pocos analistas, son un llamado de atención sobre una regresión en la lógica del péndulo político internacional. De tal suerte, el fracaso de Orban, como representante del populismo autoritario, a diferencia de una brutal dictadura, puede significar su derrota en las urnas. Ya se sabe, en cuestiones electorales, nada es para siempre. Los electores son veleidosos, o “sabios”, como dicen algunos.
Aunque Orban llegó a la primera magistratura en 1998, gracias a una coalición de centro derecha; en 2002 la perdió frente a los socialistas, y ocho años más tarde, merced al descontento social provocado por la crisis económica ligada al shock financiero de dos años antes, retornó al poder. Su ascenso significó el fin del Partido Socialista Húngaro, organización social demócrata y pro europea.
En 2010 la victoria fue avasallante, Fidesz logró la mayoría constitucional, y Orbán la aprovechó a cabalidad. Redactó una nueva Constitución ad hoc. Así como una reforma judicial con el cese de jueces contrarios al régimen y cambios sucesivos a la legislación electoral. Por “austeridad” —como me recuerda a lo que sucede actualmente en México—, se redujo el número de diputados, así como la proporción entre diputados de mayoría y de lista y el rediseño a modo de los distritos electorales, etcétera. Todo esto sirvió para que Fidesz mantuviera la mayoría constitucional, como hace MORENA en México. De ahí a permanecer en el poder durante 16 años, solo fue un juego. Con el control cada vez más férreo de los medios de comunicación, sumado a la política de subsidios (por no decir “compra de votos y voluntades”), Orbán se sostuvo al frente del país desde entonces hasta ahora. Lo raro fue que no se opusiera a entregar el mando, aunque al aceptar la derrota no anunció su alejamiento de la política. “Para nosotros el resultado es doloroso, pero ha dejado claro que no nos ha otorgado el responsabilidad de gobernar”, dijo frente a sus compungidos seguidores. Ahora comprobó que él no era el verdadero pueblo húngaro.
Muchas son las razones por las cuales Orbán ya no logró su quinto mandato, pero una de las principales fue el “beso del diablo” que le propinó el magnate estadounidense; a estas alturas del escenario internacional, recibir el apoyo explícito de Donald Trump no significa más que desprestigio.
“Hemos liberado a Hungría, hemos recuperado nuestra patria… El lugar de nuestra patria estuvo, está y estará en la Unión Europea. Arreglaremos todas nuestras disputas con los países vecinos; Juntos derrotamos al régimen de Orbán”, fueron algunas de las frases dichas por Peter Magyar dijo desde una tarima instalada a orillas del Danubio en Budapest. Además anunció que sus primeros viajes al extranjero Lon llevarán a Bruselas y Polonia, cuyo primer ministro, el liberal conservador, Donald Tusk, uno de los principales crìticos de Orbán ndentro de la UE, reaccionó con estas palabras en húngaro: “¡Ruszkik haza! (¡Rusos, váyanse a casa!), palabras populares frecuentemente jugtilizadas durante la revolución antisoviética de Hungría en 1956 y que había ganado vigencia mientras Orbán inclinaba el país hacia Moscú.
Los últimos comicios húngaros se distinguieron por una participación históricamente alta con el 79.5%, el mayor nivel registrado en el país ex comunista desde la caída del Muro de Berlín en 1989. Está claro el deseo de los millones de ciudadanos húngaros que sufragaron a favor del candidato de la oposición.
En Perú, Keiko Fujimori segura para el balotaje
En la República del Perú (en quechua, Piruw Ripuwlika, y en aimara, Piruwxa Ripuwlika, los dos idiomas oficiales además del español en Perú, así como el resto de un total de 48 lenguas aborígenes donde predominen cada una de ellas), se celebraron durante dos días, el domingo 12 y el lunes 13, comicios generales en medio de una crisis política que ha hecho posible el desfile de ocho presidentes y tres congresos en una década, así como un incremento de la delincuencia que los ciudadanos identifican como su mayor problema.
Keiko Sofía Fujimori Higuchi, de 50 años de edad, candidata derechista a la presidencia de la república peruana, que por cuarta ocasión es la abanderada al cargo, se presentó como garantía de orden y la estabilidad económica, atrayendo votantes alarmados por el aumento de la delincuencia, aunque la hija del Fujimori (que estuvo preso 16 años por abusos a los derechos humanos entre otros cargos deshonrosos, genera polarización por su legado familiar y problemas legales pasados), y el ultraconservador Rafael Bernardo López Aliaga Cazorla (alias Porky), de 65 años de edad, encabezaban el conteo de votos en los comicios presidenciales al computarse más del 60 por ciento de los sufragios. Razón por la cual ambos personajes, si no cambian los resultados señalados, se presentarían el próximo 7 de junio para competir en el balotaje que definiría la presidencia para uno u otro candidato.
De acuerdo con el conteo preliminar de la Oficina Nacional de Procesos Electoraleas (ONPE), la hija del fallecido ex presidente Alberto Fujimori (1990-2000), Keiko Sofía, encabezaba la votación con 16.88%, pero ese porcentaje era insuficiente para asegurarle la victoria en primera vuelta, para la que la ley exige 50% más uno del total de los sufragios válidos.
López-Aliaga, que es popular con su sobrenombre de Porky, abanderado del partido Renovación Popular (RP), ex alcalde de Lima, la capital nacional, se ubicaba en el segundo lugar, con el 13.88%, tras una campaña marcada por la alta dispersión del sufragio repartida entre los 35 aspirantes a la presidencia.
Jorge Nieto Montesinos, de 74 años de edad, centrista, presentado por el Partido del Buen Gobierno, ex ministro de cultura, y a menos de dos puntos porcentuales de Lòpez-Aliaga, se encontraba Nieto, con 12.5% de los votos, y con posibilidades matemáticas de ingresar a la segunda vuelta, pero no la tiene segura.
En principio, las urnas cerraron a las 18 horas del domingo 12 de abril, pero las autoridades electorales extendieron la votación para el lunes 13, de 63 mil personas que no pudieron sufragar en Lima por no haber llegado el material electoral. En el caso de la capital, el Tribunal Electoral ordenó que se continuar el proceso el lunes en 13 colegios públicos que no abrieron la víspera por falta de papeletas y otros equipos.
Con el récord de candidatos registrados, los peruvianos o peruleros —como también se les ha llamado a los originarios del Perú—tuvieron una amplia gama de opciones entre políticos de extrema derecha e izquierda, empresarios y hasta un antiguo comediante, Carlos Gonsalo Alvarez Loayza, cuya campaña se centró en propuesta de “mano dura” contra la delincuencia, incluyendo la pena de muerte para sicarios en flagrancia, y la cadena perpetua para extorsionadores, que abogaban por un cambio radical en el país.
Aparte de que la jornada dominical peruana estuvo marcada por graves incidentes logísticos, estos comicios son históricos por el retorno al Congreso bicameral despuès de 32 años: en esta ocasión se eligieron 130 diputados (en 27 distritos electorales) y 60 senadores (30 a escala nacional) y otros 30 por distritos.
El nuevo Parlamento entrará en funciones el 28 de julio, lo que añade complejidad al panorama político y podría generar tensiones en la gobernabilidad futura.
Como sea, el escenario apunta a la segunda vuelta polarizada entre el fujimorismo y las opciones conservadoras o centristas. La incógnita se develará el próximo 7 de junio. Ojalá y en esa ocasión, la votación no sufra los problemas que se tuvieron el domingo 12 de abril. Perú necesita un gobierno estable, que priorice la lucha contra la delincuencia, fortalezca la gestión pública y garantice estabilidad institucional frente a la crisis política. Más de 27 millones de peruanos acudirán de nueva cuenta a las urnas. Además de los dos candidatos a la presidencia, uno de ellos será el elegido, así como el vicepresidente. Ahora, el domingo 12 fueron elegidos diputados, y los senadores, así como los representantes ante el Parlamento Andino.
Perú merece un gobierno a las urnas altura de las circunstancias. El ambiente está en ascuas. VALE.
