Uno de los grandes desafíos de la educación es la obesidad infantil, particularmente en México, que por muchos años ocupó el primer lugar mundial en este problema de salud. Este reto ha sido abordado por la Presidenta Claudia Sheinbaum, y hoy ya tiene grandes resultados: el World Obesity Atlas 2026 hoy nos posiciona en el octavo lugar.
Esta reducción plantea un gran reto, pero también es un avance significativo, y es efecto de la estrategia “Vive Saludable, Vive Feliz” impulsada por la Presidenta Sheinbaum, que inició desde la administración de la Mtra. Leticia Ramírez, y hoy se consolida con el Secretario de Educación Pública, Mario Delgado.
Esta política consiste en promover hábitos de vida saludables desde la infancia mediante acciones integrales de prevención en las escuelas, como el fomento de la actividad física, la alimentación balanceada, la atención a la salud mental y la detección oportuna de enfermedades, todo esto con un solo objetivo: mejorar el bienestar y la calidad de vida de la población.
Esta estrategia tiene antecedentes de lo que hizo la Presidenta Sheinbaum durante su gestión en el Gobierno de la Ciudad de México, en particular con la Autoridad Educativa Federal en la Ciudad de México: se implementó la materia Vida Saludable en todas las escuelas públicas de educación básica; se impartieron cursos sobre nutrición y alimentación a estudiantes, docentes y familias; se fortaleció la actividad física en escuelas con pausas activas y el programa “Ponte Pila”; se tomó la talla y peso de más de 1 millón de estudiantes; se instalaron comedores en las escuelas de las zonas más vulnerables; con el apoyo del DIF CDMX se otorgaron alimentos calientes; se elaboraron menús saludables para estudiantes, entre muchas otras acciones.
La esencia de la educación es formar mejores ciudadanos, y si partimos desde la integralidad del ser humano, hay tres desafíos medulares: lo primero es cómo crear ciudadanos plenos, éticos, responsables, que aporten y se comprometan con su comunidad; lo segundo es cómo crear un pensamiento crítico en nuestros estudiantes, en esta era dominada por las redes sociales y la inteligencia artificial; y lo tercero es cómo crear una vida saludable en nuestras niñas y niños, libres de drogas y adicciones.
Por eso, los resultados del World Obesity Atlas 2026 representan un avance significativo; sin embargo, el reto sigue siendo enorme. Aún queda consolidar estos esfuerzos, ampliar su alcance en todo el país, fortalecer la educación alimentaria y garantizar entornos saludables de forma permanente, porque el verdadero objetivo no es solo mejorar en un ranking, sino asegurar que nuestras niñas y niños crezcan sanos y con mejores oportunidades de vida.
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