Durante años se vendió como un ejercicio democrático, un espacio directo, sin intermediarios, sin filtros. Pero con el tiempo la mañanera se convirtió en un tianguis donde no todos entran por mérito, sino por conveniencia.
Un puñado de impresentables —difícil llamarlos periodistas— encontraron en ese espacio un negocio. No iban a cuestionar al poder, iban a servirle. No llevaban preguntas incómodas, sino temas previamente acordados y a cambio, había dinero. Les pagas, te posicionan. El tema llega al recinto presidencial. Se obtiene respuesta, promesa o visibilidad y eso abría la puerta a contratos, acuerdos o beneficios. Lo que debió ser un ejercicio de rendición de cuentas terminó siendo una oficina de gestión de intereses.
El modelo se incubó, creció y se perfeccionó con Andrés Manuel López Obrador. La mañanera fue el eje de comunicación del poder, y alrededor de ella convivían periodistas independientes al poder con aplaudidores disfrazados de comunicadores y lo más preocupante: funcionó.
Muchos de estos perfiles ganaron presencia, audiencia y, sobre todo, influencia. Importaba estar ahí, tener acceso, aparecer en pantalla, mencionar el tema correcto en el momento adecuado. Una distorsión del ejercicio periodístico. Mientras medios serios —tradicionales y digitales— documentaban lo que ocurría, el modelo de Palacio Nacional seguía dando resultados…para quienes sabían jugarlo. Hoy, con otro gobierno, algo comienza a moverse.
La nueva administración ha empezado, al menos en apariencia, un proceso de depuración. Se habla de una reducción en el número de asistentes y de un recorte de perfiles sin medio real, pero con acceso privilegiado.
La intención por ordenar lo que durante 7 años operó con absoluta laxitud. De casi cuarenta asistentes diarios, se busca bajar a poco más de veinte. Empezaron los ajustes: algunos quedaron fuera por, “razones de fuerza mayor”, se les dijo, y en los próximos días vendrán más recortes.
El desgaste ya era insostenible, el problema dejó de ser interno, el costo se volvió político. La imagen de la presidenta empezó a resentir la presencia de estos personajes. Una simulación dentro de un espacio que presume transparencia. Un recordatorio constante de que el acceso al poder no siempre se gana con credibilidad. Y eso en política pesa.
Sin embargo, la duda sigue en el aire. ¿Se trata de una corrección de fondo o un ajuste cosmético? Porque muchos de los operadores que montaron este esquema siguen ahí. Son funcionarios heredados, operadores consentidos del obradorato: Jesús Ramírez Cuevas y Jenaro Villamil, enemigos del gremio periodístico por su estrategia permanente de golpeteo, acoso digital y censura contra informadores opuestos al oficialismo, ambos al frente de millonarias estructuras con dinero público que siguen intactas.
Cambiar a censores y sus invitados no cambia el sistema. Hay que cerrar el negocio, romper el incentivo que convirtió a la mañanera en un espacio rentable para intereses privados. La mañanera puede seguir siendo un poderoso instrumento de comunicación, pero para recuperar credibilidad se necesita algo más que filtros de acceso.
Se requiere transparencia real y voluntad de romper con lo que durante más de un sexenio se permitió. De lo contrario, será sólo un ajuste cosmético menor… pero un negocio mayor.
Como dijera el gran José José, de todo y sin medida. Los excesos de poder y de dinero hacen volar a las personas. Asumen que nunca tocarán la tierra. Pero todo lo que sube, aterriza forzosamente. Ha trascendido que la vida corporativa en Cruz Azul transcurre como si de una monarquía se tratara. Una sola familia controla la Dirección General, pero al mismo tiempo concentra y dispone todo el dinero de las y los miles de cooperativistas. María Alejandra Velázquez Paredes tiene una firma súperpoderosa, que no es mancomunada. Firma sin límites; sin contrapesos. Basta una llamada telefónica de su Director General y ella, con un clic, dispone cientos de millones de pesos. Se publicó apenas una operación, en la que ella paga casi 12 millones de dólares, en una sola transferencia, sólo con su firma electrónica. Nadie más da visto bueno, ni valida, porque Víctor Velázquez le ha dado firma titular a su prima y poder al 100%, como revela el documento del banco español BBVA. Esto huele a conflicto de interés y a cero transparencia. ¿Cómo es que María Alejandra Velázquez ocupa el lugar de Juan Manuel Briseño, el Director Financiero nombrado por la Asamblea, si no hay autorización del mismo órgano? Claramente hay usurpación de funciones. ¿Será que se sienten muy seguros porque Renata Velázquez, la hija de Víctor, trabaja en la Ponencia de la Ministra Loretta Ortíz? Es pregunta.
Rapiditas:
Ariadna Montiel deja Bienestar y se lleva la estructura de los programas sociales a la dirigencia de Morena; la releva Leticia Ramírez (99% lealtad, 1% capacidad). Esthela Damián va a Guerrero o a la Secretaría del partido con Citlali Hernández en la comisión de Elecciones, y Luisa María a la consejería jurídica de Palacio. Llegaron todas…pero las mujeres del presidente y la presidenta, porque las madres buscadoras, las de los niños con cáncer, las violentadas, las amas de casa, esas pueden esperar.
La pancarta en Barcelona exigiendo la libertad de Cristina Fernández, condenada a 6 años de prisión domiciliaria por corrupción, hará tragar sapos en Palacio Nacional. Y es que días después de aquel episodio, el gobierno de Javier Milei capturó al contraalmirante Fernando Farías Laguna, acusado de huachicol a gran escala durante la gestión de AMLO, por lo que si México lo quiere de regreso antes que lo envíen a EU donde podría delatar a sus cómplices de la 4t con nombres y apellidos, deberá pedir el favorcito de buen modo al mandamás de la Casa Rosada, en lugar de exigir que venga extraditado o deportado.
Luego del alboroto mediático por la lujosa pre boda de su sobrina en Sevilla, la morenista, Bertha Ahued Malpica, desde España solicitó licencia para separarse del cargo como diputada local de Veracruz del 1 al 15 de mayo, por lo que su suplente María Uscanga ya asume el cargo. Dicen que Dios perdona el pecado, pero no el escándalo. ¡Ole la gracia!
