A la par del devenir histórico, el magnicidio ha sido una constante. De acuerdo a los anales, durante la cumbre del Imperio Romano se cometieron el mayor número de asesinatos de gobernantes, tomando en cuenta otros imperios antiguos y Estados modernos, reyes y jefes de Estado y de Gobierno. Incluyendo la larga historia imperial china, todo indica que el nada honroso primer lugar de ese tipo de homicidios lo ocupó el histórico Imperio Romano. De entonces, a la fecha, el nada honroso primer lugar en la materia lo ocupa Estados Unidos de América (EUA), donde la vida de los gobernantes ha tenido un valor escueto incluso para los más afamados: Abraham Lincoln, James Garfield, William McKinley, y John Fitzgerald Kennedy.

De 1865, año del asesinato de Lincoln, a la fecha, abril de 2026, la Unión Americana cuenta con un largo historial de magnicidios y atentados contra titulares del Poder Ejecutivo (cuatro consumados) y al menos otros 14 intentos fallidos, incluyendo los de Theodore Roosevelt, Ronald Reagan, Gerald Ford (que sufrió dos ataques separados, ambos perpetrados por mujeres) y Donald Trump, marcando la historia y la seguridad política del país.

La mayor parte de estos intentos, logrados y vanos, fueron motivados por el deseo de cambiar las políticas del gobierno estadounidense o por motivos inestables de los atacantes, reflejando conflictos políticos profundos en el país, tal y como ahora sucede con el debatido presidente Donald John Trump que desde su regreso a la Casa Blanca ha abierto innumerables frentes, como no había sucedido desde el comienzo del siglo XXI.

En el caso de lo que sucedió la noche del sábado 25 de abril en la que se suponía iba a ser una cena “glamorosa”, en un salón de baile, con 2,600 asistentes, del tristemente famoso hotel Washington Hilton y sus mil habitaciones —donde casualmente el 30 de marzo de 1981 sufrió un atentado el presidente Ronald Reagan, del que salvó la vida—, durante la reunión que anualmente hacen los periodistas que cubren las actividades del mandatario en turno, con el presidente, este fue el más reciente eslabón de una cadena de hechos difíciles de explicar: un estadounidense blanco de 31 años de edad, con educación universitaria especializada, decidió traducir sus resentimientos internos por medio de la violencia contra la figura pública más importante del país y de sus más cercanos colaboradores. Por fortuna, el “magnicidio” se frustró.

De hecho, el agresor —armado con una escopeta, un revólver y tres cuchillos de monte—, irrumpió en un vestíbulo del hotel, junto al salón de baile, donde se encontraba el magnate —que por primera vez asistía en su segundo periodo a la cena con los corresponsales e invitados—, acompañado por su esposa Melania, y varios miembros de su gabinete. Antes de entrar al salón principal, el atacante abrió fuego contra un oficial de seguridad que recibió el impacto, pero lo salvó su chaleco antibalas. Otros agentes abrieron fuego sin herirlo, pero sí lo inmovilizaron.

En el salón de la cena, fue el caos. El magnate se levantó y luego trastabilló. Los agentes lo levantaron y Melania junto con otros funcionarios del gobierno fueron puestos a salvo. El resto de los comensales se agachaba y procuraba salir en estado de shock. Todos resultaron ilesos.

“Una noche memorable en Washington, D.C. El Servicio Secreto y las fuerzas del orden hicieron un trabajo fantástico. Actuaron con rapidez y valentía. El tirador fue detenido y recomendé que ‘el espectáculo continúe’ (The Show Must Go On: El espectáculo debe continuar)”, fue lo primero que se le ocurrió decir al mandatario en su red social Truth Social.

Tal y como a veces funcionan las agencias de seguridad de EUA, el frustrado magnicida fue identificado como Cole Thomas Allen, de 31 años de edad, y residente en Torrance, California, uno de los condados más grandes de Los Ángeles, con una población de cerca de 150 mil habitantes. Es graduado de Cal Tech (el Instituto Tecnológico de California es una de las universidades más selectas no solo de EUA sino del mundo, destacando en física, biología, química y ciencias de la computación, con una admisión muy competitiva para la generación 2028: varios de sus catedráticos y ex alumnos han ganado un total de 49 Premios Nobel). Cole obtuvo una maestría en ciencias de la computación en 2025.

En una primera conferencia de prensa después de los hechos, al preguntársele a Trump por qué cree que se atente contra su vida, respondió: “He analizado asesinatos y estos ocurren contra personas como Abraham Lincoln que generan gran impacto. Mi Trabajo (como presidente) es muy peligroso”. Si bien en esos momentos no se conocían las motivaciones del atacante, el mandatario dijo: “Era un lobo solitario chiflado. Son unos locos y hay que ocuparnos de ellos”.

Este grave percance hace recordar el “intento de asesinato contra Trump el pasado 13 de julio de 2024, durante un acto de campaña en Pensilvania, donde fue herido por una bala en la oreja derecha y salió del escenario con el brazo levantado. Ahora se trata del tercer ataque en dos años.

En entrevista con el programa 60 Minutes —quizás el programa de TV más exitoso de la historia en EUA, del Canal CBS—, el mandatario republicano el domingo 26 de abril dijo que se sentía “honrado” de ser el blanco de ataques, aunque lo atribuyó a ser una figura influyente que ha hecho mucho” y ha cambiado al país, lo que origina rechazo, al tiempo que calificó al agresor en el Washington Hilton de “enfermo”, “muy perturbado” y “anticristiano”.

Dadas las circunstancias, cómo describiría el magnate a “alguien” que declarara que iba a “desaparecer toda una civilización” como él lo hizo cuando anunció que bombardearía a Irán si este país no cumplía el ultimátum para terminar la guerra. ¿Quién es el verdadero anticristiano? Mejor dicho, el burro hablando de orejas.

En la citada entrevista, Trump aseguró que la familia del propio “magnicida” ya había advertido a la policía en Connecticut sobre su comportamiento y defendió que la violencia política refleja un problema más amplio, al grado que el mandatario se valió del grave incidente para insistir en la necesidad de construir un “salón de baile seguro en la Casa Blanca” y garantizar que eventos como la cena de corresponsales continúen aunque la frustrada cena del sábado 25 de abril no era precisamente “oficial” sino una reunión privada.

Además, el esposo de Melanie, madre de Barron, el hijo menor de los vástagos presidenciales, se hizo el ofendido cuando la entrevistadora Nora Morahan O ´Donell, corresponsal senior de CBS News, leyó parte del escrito del atacante Cole Thomas Allen, que envió a sus familiares por antes de su ataque, en el que afirma: “Ya no estoy dispuesto a permitir que un pedófilo, violador y traidor manche mis manos con sus crímenes”.

—¿Qué piensa de esto? Preguntó la entrevistadora al hombre de la Casa Blanca.

Trump contestó: “Estaba esperando a que leyeras eso porque sabía que lo harías, porque eres horrible. Sí, él escribió eso: No soy un violador, no he abusado de nadie. No soy un pedófilo. Has leído esa porquería escrita por un enfermo. Me han relacionado con todo un montón de cosas que no tienen nada que ver conmigo. Me han exonerado totalmente. Tus amigos al otro lado del estudio de grabación son los que estaban involucrados con, digamos, (el depredador sexual y quien fue su amigo por más de una década Jeffrey Epstein u otras cosas…Sabes que es un enfermo. Pero deberías avergonzarte por leer eso, porque yo no yo nada de eso”.

Asimismo, durante la entrevista trascendió que Allen tenía en redes sociales mensajes con retórica anticristiana y contra Trump y que participó en una marcha dominical de protesta de No a los Reyes (No Kings) en California, hace pocas semanas.

En fin, el magnate declaró en el programa de Fox News Temprano: “Odio decir que me siento honrado por ello, pero he hecho mucho” … “Hemos cambiado este país y hay mucha gente a la que eso no le gusta. Así que creo que esa es la respuesta”. “Cuando lees su manifiesto, se comprueba que odia a los cristianos. Eso es seguro. Es un odio fuerte, anticristiano”. Así es el magnate.

El manifiesto, de mil 52 palabras fue enviado a familiares minuto antes del ataque. En el documento, el autor establece una lista de objetivos políticos “del más alto al más bajo”, excluyendo al director de la FBI. El texto también incluye una justificación ideológica y religiosa de la violencia. “Poner la otra mejilla cuando alguien más es oprimido no es un comportamiento cristiano: es complicidad en los crímenes del opresor”, sostuvo el atacante al cuestionar principios cristianos.

Detalló también su intención de minimizar daños colaterales mediante el uso de perdigones —para utilizar una escopeta en lugar de un fusil de alto calibre—, y estableció reglas de combate para evitar afectar a empleados del hotel o invitados, aunque admitió que avanzaría “sobre casi todos” para alcanzar sus objetivos, o si alguien le disparara primero.

El manifiesto del “magnicida” contiene además varias críticas a la seguridad del recinto donde trataría de cometer su atentado: “Entro con múltiples armas y ni una sola persona considera la posibilidad de que yo pueda ser una amenaza”, escribe al describir como insuficiente los controles en el Washington Hilton. Incluso advierte que “cualquier agente iraní podría haber traído una ametralladora pesada y nadie se habría dado cuenta”.  Un documento raro. Una confesión extraña.

Apenas se empiezan a dar mayores datos sobre este atentado. Hay muchas cuestiones por conocer. La Casa Blanca informó que varios familiares del agresor fueron los que alertaron a la policía minutos antes del ataque tras recibir el manifiesto. La hermana (también cuenta con un hermano, ingeniero) de Cole Thomas —que por cierto hace poco fue calificado como el “profesor del mes” en el Instituto Tecnológico de California—, indicó que su familiar tenía antecedentes de retórica radical y que había mencionado planes para hacer “algo”. También está confirmado que adquirió armas de juego y que practicaba regularmente en campos de tiro.

Da la casualidad que el presidente Trump suele sufrir atentados cuando su nivel de popularidad anda muy bajo y, además, sale bien librado de ellos. Dicen que la mula no era arisca, pero los golpes la han vuelto así. En fin, los memes y las caricaturas sobre el “magnicidio” que afortunadamente quedó en malos propósitos, se han reproducido como hongos en tiempo de lluvias. Vale la pena comentar una caricatura del paisano Rafael Pineda, que firma sus cartones en Milenio como Rapé. Los trazos del paisa muestran a Trump, con un rostro de fifí bien logrado, que porta en su mano derecha una cuadricula de popularidad con una flecha que va descendiendo del medio al último cuadro, y en el globo caricaturesco se encierra el siguiente texto. “Necesitamos “atentados” más creíbles”.

El lunes 27 de abril, Cole Thomas Allen fue presentado ante un tribunal federal, en donde la fiscal Jocelyn Ballantine expuso la gravedad de la acusación al sostener que el imputado intentó asesinar al presidente de EUA, Donald J. Trump. La imputación contempla tres cargos federales: intento de asesinato del presidente, uso de arma de fuego durante un delito violento y agresión a un agente federal con un arma peligrosa. El sospechoso fue imputado ante el juez Matthew J. Sharbaugh, por intento de magnicidio, delito que podría derivar en cadena perpetua en caso de ser hallado culpable. No obstante, la fiscal federal del Distrito de Columbia, Jeanine Pirro, advirtió que se trata de acusaciones preliminares y que el expediente podría ampliarse en los próximos días conforme se integren más pruebas.

La siguiente audiencia lugar el jueves 30 de abril en la que se determinaría si seguirá en prisión preventiva durante el proceso o si podría acceder a un eventual listado bajo fianza. Lo más seguro es que su futuro será para el resto de su vida en la cárcel.

Lo relevante del caso es que la clase política mundial, incluyendo a la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, condenaron el atentado. De antología las muestras de solidaridad de los presidentes y primeros ministros del mundo a Donald Trump. El de Emmanuel Trump se lleva las palmas: “El ataque dirigido al presidente de EUA es inaceptable. La violencia nunca tiene lugar en democracia. Le dirijo a Trump todo mi apoyo”. ¡Ay humanidad! VALE.