Si la democracia solo fuera una teoría política, la gobernanza en el mundo posiblemente ya hubiera desaparecido. Aún con su imperfección congénita, como bien lo describió el famoso y debatido estadista y escritor británico, Sir Winston Spencer Churchill, la democracia moderna ha sido el mejor escudo para la supervivencia humana. Sin duda, la Segunda Guerra Mundial fue decisiva para el avance del sistema democrático en gran parte del planeta, pero la posterior Guerra Fría (1947-1991) entre Estados Unidos de América y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), que oficialmente existió hasta 1991, obligó un enfrentamiento entre la derecha y la izquierda que se mantiene hasta la actualidad, a lo largo y ancho del planeta.

Unos y otros dicen luchar por la “democracia”, lo cierto es que todos lo hacen de acuerdo a las circunstancias. Este enfrentamiento no tiene para cuándo y continuará por mucho tiempo más, aunque los respectivos partidarios de uno y otro bando, abonen solo para su coleto. En ocasiones avanza la derecha, en otras la izquierda. La característica de esta lucha hace que cuando un bando triunfa, se aferra por todos los medios para seguir con el poder en las manos, hasta que los abusos obligan a que los votantes cambien sus preferencias y la oposición regrese al mando. La alternancia casi siempre es saludable porque el poder se enquista y tiende a la autocracia, con todas sus variantes. Cuando sucede el cambio, la democracia vuelve por sus fueros hasta la siguiente oportunidad. Eso sucede en todos los puntos cardinales, de uno y otro lado del Atlántico y del Pacífico. Unas veces impera la izquierda, otras la derecha, con sus distintos populismos y colores. La eterna historia.

Así las cosas, en el continente americano, los ejemplos de esos cambios están a la vista, aunque algunos forzado, como lo sucedido en Venezuela a principios de año, cuando el “todopoderoso” presidente de EUA, Donald John Trump, ordenó y ejecutó el secuestro (en territorio venezolano), del mandatario en el país, Nicolás Maduro Moros (2013-2026), para llevarlo ante la justicia estadounidense acusado de estar coludido con el narcotráfico, para introducir drogas ilícitas en la Unión Americana y otros delitos relacionados con armas. El “cambio político” en la República Bolivariana de Venezuela, fue cosmético, pues pese al secuestro del titular de la presidencia, el gobierno bolivariano continuó en manos de los principales colaboradores de Maduro, especialmente la sustituta Delcy Rodríguez que hasta el momento no ha sido acusada por Washington de ninguna actividad ilícita relacionada con el narcotráfico como se comenta popularmente en la patria de Hugo Chávez, el militar fundador de la República Bolivariana de Venezuela.

En tales circunstancias, el viernes 8 del mes en curso, Laura Virginia Fernández Delgado (Puntarenas, Costa Rica, 1986) la ex ministra de Planificación (2022), y de Presidencia (en el gobierno de Rodrigo Alberto de Jesús Chaves Robles, 2022-2026), derechista militante del Partido Pueblo Soberano, asumió la presidencia costarricense para el periodo 2026-2030, con la promesa de promover políticas de seguridad, de mano dura a la manera de Nayib Bukele en la república de El Salvador. La ideología de la segunda mujer en ocupar la presidencia de Costa Rica, se define como conservadurismo social, inspirado en valores cristianos y un liberalismo económico. La joven presidenta (39 años de edad), se ha comprometido a una reforma estructural del Estado y los opositores la señalan como parte de una alianza entre sectores conservadores y económicos. Su victoria representa la continuidad de Rodrigo Chaves, consolidando la tendencia hacia la derecha.

La asunción de Laura Fernández tuvo lugar en el Estadio Nacional de San José, donde la politóloga egresada de la Universidad de Costa Rica, especializada en Políticas Públicas, lo que le ha permitido declarar: “A mí nadie me tiene que explicar cómo funcionan las instituciones, ni decir dónde hay problemas…Conozco muy bien como ser gerente en el sector público”; asimismo, afirmó en su campaña: “Continuidad es profundizar, sin titubeos, la lucha frontal contra el narcotráfico, el crimen organizado, con la firmeza y la mano dura que sólo nosotros nos hemos atrevido a ejercer”.

En su programa de gobierno para los próximos cuatro años, la nueva presidenta del país centroamericano, el único que no tiene ejército en la zona, hace hincapié en el tema de la inseguridad, que en los últimos años ha mostrado un alarmante incremento de la violencia. En 2025, Costa Rica registró la tercera tasa más alta de su historia (de 16,7 cada 100,000 habitantes, de acuerdo al Organismo de Investigación Judicial del país. De los cuales, casi 70% de los homicidios están vinculados al narcotráfico.

Al señalar, en su discurso inaugural, que no “le temblará el pulso para enfrentar el crimen organizado”, Fernández Delgado, por cierto la mandataria más joven en la historia costarricense, reiteró que pronto inaugurará una prisión inspirada en la megaprisión para pandilleros salvadoreños. La admiración por el mandatario salvadoreño, ha provocado muchas críticas contra Fernández por parte de la oposición, así como su pertenencia al grupo del presidente saliente Rodrigo Chávez, quien por cierto no se queda sin chamba, pues la presidenta lo designó como nuevo ministro de la Presidencia y de Hacienda, que lo mantiene vigente y con una alta influencia en el gobierno, sin olvidar que esa designación le garantiza cuatro años más de inmunidad legal que dejará en suspenso varias causas abiertas en su contra en el Ministerio Público y el Tribunal Supremo de Elecciones.  Aunque no hay duda que Laura Fernández le refrendó al mandatario saliente su confianza, lo cierto es que el tema le representará problemas a corto plazo.

Durante mucho tiempo, a Costa Rica se le llamó “Arcadia tropical”, idealizando su paisaje, así como la composición de su sociedad. Los ticos siempre han cuidado su entorno natural, sobre todo la diversidad de la fauna y la flora, formando parte de un imaginario histórico. Sus historiadores lo asocian con la idea de una “isla de paz” y una democracia rural, pero la irrupción del narcotráfico y la delincuencia organizada han deformado esa idílica imagen.

Fernández, de orígenes rurales, sin el peso de un apellido ligado a la política o a la clase económica alta, es producto de su esfuerzo personal y el apoyo del presidente saliente Rodrigo Chaves, consciente que el problema más grave de Costa Rica es la inseguridad, por lo que a más de su “mano dura”, anunció reformas legales para endurecer las penas de cárcel y que el “año carcelario” sea de 12 meses y no de ocho, como ocurre actualmente, “ya no más alcahueterías”. A eliminar por decreto los beneficios que reducen el tiempo en prisión, declaró que “con esto no va a quedar duda de que el año carcelario es de 360 días naturales”. Con el nuevo reglamento carcelario, “los jueces no tendrán espacio para interpretar en menos días al año la condena para quienes nos quitan la Paz y la seguridad”, dijo la nueva jefa de Estado.

La continuidad del poder en el mando de Costa Rica, con la sombra de Rodrigo Chaves en el gabinete, como una especie de primer ministro, cargo que no existe en Costa Rica —nombre que se popularizó a la llegada de los españoles con Cristóbal Colón en 1522 porque los aborígenes usaban oro en el intercambio de sus mercaderías—, dio pie para que el cambio político popularmente se llame “gobierno de la continuidad”.

Por cierto, después que Rodrigo Chaves entregó la banda presidencial a Laura Fernández, la presidenta de la Asamblea Legislativa, Yara Vanessa Jiménez Fallas (la quinta costarricense en llegar a este puesto), fue la encargada en juramentar e investir a la nueva presidenta. Buena suerte.

 

Después de 16 años, nueva era política húngara

Aunque la forma de hacer política en el mundo a muchos les parezca que solo se da en las formas y no en el fondo, en algunas partes la transmisión del poder v más allá de las apariencias, como acaba de suceder en Hungría, el país que remonta su historia a más de 300 años antes de Cristo. Actualmente es un estado centroeuropeo con fronteras con siete países: Eslovaquia, Ucrania, Rumania, Serbia, Croacia, Eslovenia y Austria. La historia húngara es la historia del viejo continente o sea, la historia del mundo.

Ahora, el sábado 9 de mayo del año en curso, después de 16 años de un mandato ultraderechista, el país cambia de régimen, en una gesta que parecía improbable. Péter Magyar, planea el desmantelamiento del sistema con el que Viktor había blindado su poder por más de tres lustros: sumó el 53% de los votos en una primera vuelta el abril pasado y un récord de 3.3. Millones de votos, con una participación también histórica, de casi el 80%.  El 73% de los menores de 30 años, le votaron. No había duda quien ganó. Orban no pudo más que aceptar el triunfo del contrario y aceptó, sin rechistar, la derrota. La victoria del abanderado de Tisza obtuvo más votos y escaños que cualquier otro partido en la historia post comunista del país.

“La Asamblea Nacional de Hungría (unicameral), con 140 votos a favor, 54 en contra y una abstención, eligió a Péter Magyar como primer ministro húngaro”, anunció el sábado 9 de mayo, la presidenta del Parlamento, Ágnes Forsthoffer, al dar lectura a los resultados de la votación en la cámara.

La toma de protesta de Magyar se desarrolló el sábado 9 de abril en el Parlamento húngaro, uno de los recintos parlamentarios más grandes del mundo. De hecho, el tercero después del de Rumania. En el mismo edificio Forsthoffer, como diputada y vicepresidenta del partido de centro derecha Tisza, fue electa como presidenta de la Asamblea Nacional, un día antes, con 193 votos a favor y dos en contra, sin abstenciones.

“Pido a todos aquí, dentro de las paredes del Parlamento, que escuchen y oigan que los húngaros expresaron que quieren cambios, no solo un cambio de Gobierno, sino de sistema”, dijo el joven Magyar en su debut como primer ministro, en referencia a su promesa de desmantelar el régimen erigido por Orbán. En su discurso inaugural, el centro derechista aseguró que “las personas más comunes, de carne y hueso, pueden derrotar a la tiranía más despiadada. Hoy, toda persona amante de la libertad quiere ser un poco húngara”.

Diciendo y haciendo. Magyar pidió a los jefes de instituciones gubernamentales nombrados todavía por la coalición de Fidsz y el partido popular demócrata cristiano (KDNP), incluido el presidente del Tribunal Constitucional (desde 2024), Tamás, Sulyok, que presenten su renuncia al cargo antes del 31 de mayo.  Asimismo, dentro de sus primeros proyectos de gobierno, el primer ministro presentó la creación de una oficina nacional para la recuperación de activos. “Su tarea será detectar abusos del patrimonio estatal en los últimos 20 años, investigar esquemas de corrupción y de desvío de activos, apoyar procesos penales y tomar medidas para recuperar bienes públicos apropiados de forma ilegal”, abundó.

La nueva oficina para recuperar bienes públicos, dependerá exclusivamente del Parlamento, y podrá pedir asistencia internacional en casos relacionados con la transferencia de activos al extranjero. Al respecto, ofreció recomponer las relaciones de su país con la Unión Europea, que Orbán llevó al límite, y “restaurar el lugar de Hungría entre las democracias occidentales”.

No por casualidad se izó, por la tarde del día de la posesión de Magyar, nuevamente el lábaro de la comunidad europea en la fachada del conjunto parlamentario, y por primera vez se rindieron honores a la bandera europeísta desde que el gobierno de Orbán la retiró de ese recinto en 2014, hace exactamente 16 años.

Por las mismas razones, desde Bruselas —sede de la Unión Europea—, la presidenta de la comisión europea (donde se encuentran las oficinas del Ejecutivo de la UE), Ursula Von der Leyen (que llegará a México el 21 del presente para la cumbre México-UE para firmar el Acuerdo Global Modernizado), cuyas malas relaciones con Orbán eran proverbiales, felicitó al nuevo premier húngaro: “Nuestros corazones están en Budapest. La esperanza y la promesa de renovación son una señal poderosa en estos tiempos difíciles. Tenemos un trabajo importante por delante”.

Lo propio hicieron otros personajes de la Unión, como Antonio Costa, presidente del Consejo Europeo, en un mensaje en redes sociales y en el que destacó la “feliz coincidencia” entre la ceremonia y las celebraciones del Día de Europa que marca el nacimiento de la comunidad económica del carbón y del acero, la semilla de la UE sembrada por el ex canciller francés, Robert Schuman en el ya lejano 1950.

En fin, Magyar para redondear su largo rosario de promesas, también busca desbloquear 17 mil millones de euros congelados por la UE debido a preocupaciones sobre corrupción y Estado de Derecho en Hungría. Pasos en firme, para reintegrar a su país en el concierto europeo y mundial. VALE.