A lo largo de las colaboraciones anteriores se ha presentado cómo la Seguridad Nacional y el Desarrollo Integral son caras de una misma moneda. En nuestro contexto, coyuntura, momento y dimensión, México requiere de condiciones estables y permisivas para consolidar su permanencia y asegurar su porvenir. Para ello es indispensable definir aquellos rubros estratégicos que nos permitan eficientar nuestros esfuerzos de manera armonizada, conjunta y compartida entre la sociedad y el gobierno nacional, así como identificar qué aspectos son críticos y cuáles no lo son.
Hemos construido un modelo analítico-descriptivo fundamentado en la experiencia nacional e internacional de carácter antropológico, civilizatorio, estratégico, histórico e integral. A lo largo del mismo se han identificado los rubros principales de nuestro Estado, así como las áreas de oportunidad más significativas. Establecimos de manera lógica y sistematizada que el aprovechamiento y producción alimenticia, el desarrollo y empleo de alta tecnología, la eficiente distribución y empleo energético nacional, el fortalecimiento y proyección del capital humano, el acceso y aprovechamiento de la información, y una eficiente Administración Pública son los rubros coordenados del binomio Desarrollo-Seguridad Nacional. De igual forma, establecimos cómo el acceso equitativo y transparente a todos estos componentes del Estado por y para la ciudadanía, inserto en un proceso democratizante de corresponsabilidad conjunta es el factor cohesionante y trascendente de este equilibro funcional para el país.
Pero en este modelo analítico-descriptivo es necesario identificar algunos factores críticos que nos permitan identificar cómo funcionan, como podemos emplearlos de manera eficiente, y cómo proyectar los mismos para fortalecer e impulsar a la nación. El primer hecho indiscutible de nuestra realidad nacional es que no estamos solos. Somos parte de un concierto global de actores estatales y no estatales, públicos y privados, explícitos y tácitos, que integran nuestra civilización. Con ellos compartimos ejes vinculantes, rubros generales, y el tejido común de nuestra sociedad.
El elemento que nos relaciona y nos vincula de manera directa, indirecta, tangencial o colateral con los demás actores del concierto global son los intereses. La búsqueda de éstos por parte de los actores internacionales es que lo mueve a la civilización global, genera y promueve alianzas, estimula la competencia, y fundamenta las tensiones y distensiones que son la base de un sistema armonizado y dinámico global, el cual a su vez impulsa de manera voluntaria o involuntaria a la civilización.
La búsqueda de estos intereses en el ámbito internacional es por medio del establecimiento de reglas, normas, preceptos y principios que regulan de manera directa o indirecta los esfuerzos de cada actor particular. La esencia que regula la estabilidad de un modelo global -y en consecuencia en el ámbito Estatal y nacional- del Desarrollo-Seguridad es la existencia y observancia de un sistema normativo adaptado, adaptable, conducente, dinámico, eficiente y transparente. Sin la existencia del mismo, la tendencia dinámica de cada sociedad buscando sus intereses promovería la confrontación desorganizada entre ellas, impidiendo la cohesión de la civilización.
Dentro del modelo Desarrollo-Seguridad Nacional que hemos construido la existencia, observancia y capacidad de adaptación de un sistema jurídico nacional claro, eficiente y transparente es la estructura integradora del país. En nuestro modelo analítico-descriptivo, el sistema jurídico debe versar sobre los rubros fundamentales del Desarrollo Integral, y cómo los ciudadanos pueden tener acceso y emplear los mismos de manera eficiente, equitativa y productiva. Por su parte, también debe regular los ejes vinculantes entre ellos, resultando en los planes y programas gubernamentales que les dan forma y los hacen accesibles a la sociedad.
Mientras que las leyes y reglamentos regulan cómo los ciudadanos tienen acceso a los rubros estratégicos del Estado, los planes y programas y sus correspondientes reglas de operación establecen cómo los ciudadanos deben hacer uso de dichos insumos orientados a crear las condiciones permisivas para el Desarrollo y la Seguridad. Por consecuencia, todas las normas que se relacionen directa o indirectamente a estos rubros, sus ejes vinculantes, o a las condiciones de acceso, aprovechamiento y transparencia ciudadana de los mismos son vitales para el Estado. Por oposición, todas las normas que no se relacionen directa, indirecta o colateralmente a estos aspectos deben justificar su existencia aplicativa, o corren el riesgo de ser ineficientes, redundantes, reiterativas y repetitivas.
Todo aquello que no sea conducente o permisivo para el aprovechamiento, ejercicio, y proyección de los rubros estratégicos, sus ejes vinculantes, y los mecanismos y medios de acceso y aprovechamiento ciudadano de los mismos son considerados como una vulnerabilidad al Desarrollo-Seguridad Nacional. Si estos factores son de carácter interno al Estado deben ser considerados como un riesgo, mientras que si provienen del exterior son una amenaza. En el primer caso, pueden ser atendidos por el binomio gobierno-sociedad nacional, que cuenta con los instrumentos normativos conducentes para minimizar, mitigar o neutralizar el riesgo a los factores específicos del Desarrollo Integral. Si son amenazas provenientes del exterior deben ser atendidos de manera exclusiva por las capacidades e instrumentos de defensa del Estado, con fundamento en el código normativo internacional vigente.
La búsqueda, promoción y trascendencia nacional por medio de la ampliación de las aspiraciones, intereses y objetivos internos y externos de manera eficiente y apegada los sistemas normativos vigentes constituyen la Capacidad Estratégica Nacional. Ésta a su vez, depende de qué tanto pueda ser ejercida de manera autónoma y minimizando/mitigando las influencias contraproducentes de exterior, en un entorno competitivo global cada vez más complejo. Este atributo es la definición operacional de uno de los grandes preceptos del Estado moderno, pero uno de los menos entendido y dimensionados: la soberanía.
Al aplicar reflexivamente estos conceptos analíticos a nuestra situación nacional podemos identificar grandes áreas de oportunidad para México, tanto en nuestro contexto actual como en el porvenir. En un primer momento, queda claro que uno de los grandes retos que enfrenta nuestra nación es la carencia de definición clara, objetiva, transparente y trascendente de Intereses Estratégicos Nacionales. En numerosos documentos y textos gubernamentales se hace alusión a los mismos, pero siempre es de manera abstracta, amorfa, general y con una lenguaje vago e impreciso. Lo anterior puede ser intencional, evitando compromisos y su correspondiente responsabilidad. Pero también puede atribuirse a una carencia limitativa de visión estratégica del liderazgo nacional en turno.
Al carecer de Intereses Estratégicos Nacionales claramente definidos, es imposible establecer un plan programático y prospectivo para alcanzarlos, y eso es equivalente a navegar un buque sin rumbo en un gran océano global, rodeado de otros actores que se encuentran en constante competencia para alcanzar sus propios intereses en el corto, mediano y largo plazo. Lo anterior también explica y contribuye a la gran crisis legal y normativa por la que atraviesa nuestro país. México tiene una cantidad de códigos y sistemas normativos que raya en el exceso, lo cual promueve la ineficiencia jurídica y la coyuntura cada vez más frecuente para la omisión del cumplimiento del tejido regulatorio nacional. Esta “dispersión judicial” genera poca certidumbre, confusión y potencial desinformación social en torno a la misma, promoviendo cada vez más un entorno donde la no-observancia de la ley es la norma, es lo ordinario y, por lo tanto, lo aceptable y esperado.
La carencia contundente de la definición de los Intereses Estratégicos Nacionales y de la no-observancia de un sistema jurídico claro, eficiente, y transparente promueve un entorno de opacidad donde las atribuciones y responsabilidades del gobierno y la sociedad se desdibujan, y las líneas de responsabilidad de diluyen. Promueve un entorno donde las autoridades siguen la ley de manera selectiva y tendenciosa, donde la búsqueda de los intereses personales supera a los intereses del Estado, donde las autoridades y las instituciones buscan evadir su responsabilidad y transferir la misma a la ciudadanía, y donde ésta no tiene otro recurso más que valerse de con sus propios medios para subsanar aquello que el gobierno y su Administración Pública debería proporcionarla de facto. Es un entorno donde las vulnerabilidades son no sólo aceptadas y aceptables sino también esperadas y normalizadas, donde no se puede distinguir entre un riesgo interno y una amenaza externa, y por lo tanto los instrumentos de defensa se utilizan al interior del Estado, y los particulares deben hacer frente al exterior sin respaldo del Estado.
Es un entorno donde todo es soberanía, y por lo tanto nada es soberanía. Un contexto donde este término se arroja como recurso justificatorio y narrativo ordinario, sin fundamento ni trasfondo; donde esta palabra se desvirtúa y se le retiran sus méritos, y por tanto su verdadero significado queda desatendido e ignorado. En este contexto la corrección y la búsqueda de la precisión en aras de la eficiencia se considera “traición”; donde el razonamiento se ve como “oposición”, donde la lógica reflexiva se ve como “ideología demagógica”, y donde la búsqueda de la superación nacional se asume como “subversión”.
Esta situación es lo que promueve una espiral descendiente que explica el descenso cuantitativo y cualitativo del Desarrollo Integral y la Seguridad Nacional de México. Pero, como hemos apuntado ya, hay caminos de solución. En la siguiente entrega esbozaremos una propuesta de solución al dilema del binomio Desarrollo-Seguridad para México, reiterando que la clave es tener la voluntad nacional para llevarla a cabo.
El autor es Antropólogo Social e Internacionalista. Especialista en Inteligencia Estratégica, Estudios Prospectivos, e Innovación Aplicada.
