El escaso margen de maniobra de la presidente Sheinbaum, que se vislubró en el primer trimestre del año, se está perdiendo de manera acelerada por tener como prioridad el encubrimiento de los errores estratégicos de su mentor político, táctica que demandaba una elemental autocrítica que pusiera en evidencia las causas y efectos de los mismos, necesaria en momentos de crisis sistémica como la que trata de administrar; en estos momentos es un lastre tan pesado que, de no tirarse, arrastrará al régimen a su descalabro, sin necesidad de que los adversarios de Morena hagan algo para convertirse en oposición verdadera.
En el primer trimestre del año, parecía que la mandataria podría mostrar un elemental distanciamiento de su mentor político, gracias a los avances en materia de contención de la violencia en las calles, y a la independencia del secretario de Seguridad Pública, Omar García Harfuch, respecto de los titulares de las secretarías de la Defensa y de Marina. Se hicieron operativos exitosos que se magnificaron con el golpe al liderato del Cártel Jalisco Nueva Generación. Sin embargo, la incapacidad del gobierno federal para reducir la violencia extrema en Sinaloa, y el freno a las pesquisas por conocer a los autores intelectuales del asesinato de Carlos Manzo, edil de Uruapan, Michoacán, puso fin a la esperanza de que la estrategia de “abrazos, no balazos”, pasaría a la historia.
No fue así; las raíces de la descomposición social del sistema se mantienen intocadas, pues se fertilizan con la mega corrupción del obradorato, cuyo epítome es el denominado “huachicol fiscal”; sus consecuencias acabarán obligando, sin duda, a un rompimiento entre las facciones del partido gobernante, independientemente de la postura que asuma la inquilina de Palacio Nacional. Sucederá lo que aconteció en el sexenio de Miguel Alemán, que “originó una clase dual: parte de sus miembros se pusieron al frente de compañías privadas y otra parte asumieron la dirección de empresas estatales”, como recordó Octavio Paz en Posdata.
La cúpula morenista se peleará por los jugosos negocios de la vinculación de López Obrador y sus hijos con la nueva clase empresarial, ya no por dirigir empresas del Estado, con la ventaja de que ya no rendirán cuentas como en los tiempos del alemanismo, sino que se daría paso a una fuerte competencia entre unos y otros por su capacidad para sumar millones. Se hará más grande la brecha entre las clases medias y las élites oligárquicas, una vez que los clasemedieros de Morena pasen a formar parte de éstas, con una voracidad y una mezquindad sin límites, como se advirtió con la táctica de López Obrador de poner coto a los sueldos de la alta burocracia, la cual contribuyó al acelerado abatimiento de la economía, definida en la sentencia obradoriana: “Nadie debe ganar más que el Presidente”; como si éste viviera de su sueldo.
Los próximos meses serán decisivos para el futuro de los mexicanos, con la apuesta en favor de dos cartas: el Campeonato Mundial de Futbol y las negociaciones del T-MEC. La jugada es muy riesgosa, dada la descomposición interna del régimen, que se habrá de acelerar si se pierde la apuesta. Todo parece estar en contra del obradorato, una vez que el presidente Trump perdió la paciencia y puso un ultimátum a la madataria mexicana: “Se ponen a combatir a las mafias narcoterroristas en serio, o nosotros lo haremos”. Tal advertencia está entrelazada con los resultados de las negociaciones del tratado comercial.
El régimen de la Cuarta Transformación muestra la inviabilidad de su proyecto en medio de una crisis estructural sin visos de ser frenada. Esto quedó de manifiesto en Chihuahua, el pasado fin de semana; la dirigencia morenista planeaba llevar a cabo un gran acto masivo para atacar a la gobernadora panista. Creyeron que la realidad nacional no ha cambiado, como si López Obrador mantuviera su imagen de líder carismático con la que llegó al clímax de su poder. Pudieron comprobar que su desgaste es profundo e irreparable, no obstante la táctica nazi de colocar al dirigente supremo a salvo de toda crítica que socave su imagen.
Lo ocurrido en Chihuahua el sábado 16 de mayo es un adelanto del cambio que se avizora en el país, no por presiones de una oposición sin capacidad estratégica para enfrentar al gobierno, sino de los propios errores y abusos sistemáticos de un régimen sin un elemental sentido de la realidad concreta, obnubilado por el usufructo de privilegios que siempre envidiaron, y que, hechos realidad, no quieren perder.
¿Quién puede creer a la presidente Sheinbaum cuando afirma: “Nadie deshonesto puede esconderse bajo el halo de la transformación”? Ahora el partido en el poder, según la inquilina de Palacio Nacional, ¡puede otorgar un nivel de “santidad” a sus huestes! Vamos a ver si eso es posible, una vez que la mega corrupción del obradorato sea puesta en el banquillo de los acusados, y el falso escudo de la “soberanía” deje de ser útil. Lo es sólo para el gobierno, cuando le conviene, como en este momento en que los países con los que México tiene relaciones, ven con preocupación que el gobierno mexicano está infiltrado por el crimen organizado hasta niveles que lo hacen inoperante; un Estado nada confiable, sin soberanía, no por presiones externas sino por su incapacidad para ejercer sus responsabilidades constitucionales.
En Kanasín, Yucatán, sin ruborizarse afirmó: “Yo gobierno con el pueblo, la fuerza me la da el pueblo y por eso jamás voy a traicionar al pueblo de México”. Lo preocupante es que se está haciendo lo contrario, como lo demostró la organización de un evento político como en los tiempos del nazismo en su etapa de gloria. Pero a la dirigencia de Morena le falló el momento y la ciudad escogidos, obvia evidencia de que no ha madurado y que sigue actuando como lo hacían los integrantes de la cúpula obradorista en sus tiempos estudiantiles.
Ariadna Montiel, la nueva dirigente nacional, ante una asistencia muy reducida por el bloqueo de carreteras de acceso a la ciudad a los miles de acarreados de otras partes del país, dijo: “Será juzgado quien tenga que ser juzgado, y eso incluye a la gobernadora de Chihuahua”. ¡Cuando en Estados Unidos ya está en proceso el juicio contra los involucrados en delitos de narcotráfico, delincuencia organizada y otros, cuyo principal inculpado es el hoy gobernador de Sinaloa con licencia Rubén Rocha Moya!
¿No suena a burla afirmar que “aquí no mandan intereses extranjeros” cuando es obvia la supremacía del crimen organizado? Vienen presiones muy fuertes, tanto internas como externas, por tanta tensión acumulada en lo que va del sexenio por la terquedad en privilegiar los intereses prioritarios del obradorato, en detrimento de los compromisos vitales con el pueblo. Sin embargo, como lo registra la historia, la verdad y la justicia acaban imponiéndose, y la caída es más dramática.
