(Se acerca la Chacha precedida de Audomelo)

AUDOMELO. Orden cumplida, jefecito; aquí tienes a la Chacha.

(Se acerca la Chacha)

FALSARIO. Estoy que me lleva la de mi finca. Lo que es parejo sí es chipotudo.

JOSEFA. No jefecito. El dicho dice: lo que es parejo no es chipotudo.

FALSARIO: (Indignado y molesto) ¿Desde cuándo las arañas mean? ¿Cuándo díste el grito de independencia y no lo supe? ¿Desde cuándo te sientes con derecho a corregirme? El dicho es como yo digo y se acabó. No hay nada más que decir.  Sólo eso me faltaba que una de huaraches me viniera a taconear. Entiende esto Josefa: lo es porque yo lo digo.

JOSEFA. El dicho será como tú lo dispongas. Jefecito, me llamo Chacha, ¿ya se te olvidó? ¿Ya te dieron tus medicinas? Te traje una buena dotación de pastillas azules, para lo que se pueda ofrecer y dos cajas de pañales big bebé.

FALSARIO. Te digo Josefa, por doña Josefa Ortiz de Domínguez, la Corregidora; te la pasas corrigiéndome. No se vale. Si me descuido, en una de esas hasta legalizas el fracking, privatizas el litio, prohíbes la producción de cocaína, revocas las concesiones de casinos que, como pago por sus servicios a mi reino, otorgué, dejas que los agentes de la CIA, FBI y la policía de Mosquito, Texas, operen en el estado de Chihuahua y en el resto del territorio nacional y, en una de esas, hasta nos entregas a la justicia de los güeros.

JOSEFA. Bájale jefecito.

FALSARIO. ¡Te atreves a corregirme otra vez! ¿No te ordené que no te metieras con Caro Quinteto, Mencho, el Jardinero, Roca Moya, el contralmirante Hávila y otros?

JOSEFA. Te insisto: bájale unas rayitas; te van a oír los güeros y entonces sí la jodimos. Estamos en sus manos. Pueden hacer de nosotros lo que quieran. En una de esas y organizan una expedición tipo Venezuela y te llevan a ti, a mí o a tus amigotes aquí presentes a hacerle compañía a Maduro, Caro Quinteto, al Chapo y a otros. Nos tienen en sus manos.

FALSARIO. A chinga. ¿Lo dices en serio? ¿Ya le dijiste que somos un país soberano?

JOSEFA. Se los he dicho, pero no entienden razones. Es más, para que no hubiera dudas hice que en la Constitución de tu reino se pusiera: “El pueblo de Falsario, bajo ninguna circunstancia, aceptará intervenciones, intromisiones o cualquier otro acto desde el extranjero, …”

FALSARIO. ¿Y ni así?

JOSEFA. El jefe de los güeros hace lo que se le antoja. No entiende razones.

FALSARIO. No lo puedo creer. ¿Tú le tienes miedo o ya te arreglaste con él?

JOSEFA. Nada de eso. Ni lo permita Carlos Marx, Lenin o el señor Putin.

FALSARIO. Comienzo a sospechar que me eres infiel. Eso es grave. Nada te podría salvar de mi ira venidera.

JOSEFA. Te soy fiel hasta en sueños. Que se me pegue la lengua al paladar; que un diluvio inunde palacio nacional, el Centro Histórico hasta Bellas Artes, pero no más allá, si no es así.

FALSARIO. Dime: ¿Qué pasó? ¿Por qué se dio ese cambio tan cabrón? Yo dejé todo arreglado para que los negocios públicos y privados siguieran funcionando normalmente. Preparé todo para que mi Falsarito, en 2030, recibiera de ti la corona y el cetro real y de ahí hasta la eternidad.

JOSEFA. MI querido jefecito todo, absolutamente todo, cambió con el nuevo jefe de los güeros. Como te lo dije: él no entiende razones.

FALSARIO. Al inicio de mi reinado lo traté y no sentí que fuera intratable o irrespetuoso. Aprobó, sin protestar, mi política de abrazos y no balazos.

JOSEFA. Las cosas cambiaron. Como ha sido acusado de diferentes ilícitos: pederastia, negocios turbios e, incluso de haber provocado un intento de golpe de estado, está buscando la manera de rehuir los procesos que se le vendrán encima cuando deje la presidencia. Hace guerritas, invade, secuestra y hunde lanchas en aguas internacionales. La tiene muy difícil.

FALSARIO. ¿Qué pasó con nuestro negocio de huachicol, balastro, chocolate, casas de juego, nuestra empresa de devolver al pueblo lo robado, bancos del bienestar, refinería de dos hocicos, la sucesión del 2030? …..

JOSEFA. Ay de mí, que soy muerta.

FALSARIO. Muerta eres si tengo que repetirte la pregunta.

JOSEFA. (Llevándolo aparte y hablando en secreto) ¿Ves ese tráiler doble remolque del que me bajé?

FALSARIO. Todo el mundo lo vio. Hasta creí que te habías vuelto camionera.

JOSEFA. Pon atención jefecito. En ese camión hay una copia de parte de los discos duros con expedientes que, por los diferentes delitos que has cometido hasta el día de ayer y que me entregaron los güeros. Eso es sólo parte de lo que saben ellos. No quise traer los discos duros que contienen información respecto de los diferentes delitos por los que eres sospechoso o acusado dentro de tu reino: el asesinato de tu hermano, la toma de pozos petroleros, bloqueos de vías generales de comunicación, el desacato de una suspensión en un amparo, el bloqueo de diferentes avenidas y calles de la capital del reino, nexos con la delincuencia organizada y muchos delitos más. Tus enemigos tienen una copia de los expedientes formados y se han puesto en contacto con la policía internacional para que te detengan. A estas averiguaciones no les tengo miedo, pero sí a la de los güeros. Con ellos no se juega.

FALSARIO. ¡Dime, dime!, ¿qué hiciste? Estoy alarmado y pasando aceite. Audomelo, trae un pañal y talco.

JOSEFA. (Ella toma el pañal y el talco y se dispone a levantarle la toga) A base de súplicas y de ceder parte de nuestra soberanía, han aceptado, por el momento, no proceder contra ti. Les prometí que hablaría contigo y que, por lo pronto, te estarías tranquilo y que romperías tus contactos ancestrales con los mafiosos: no aceptaron. Exigieron más: me prometieron que no te harían nada a condición de que hicieras lo que te mandan; por lo pronto que rompieras tus ligas con la delincuencia organizada, no protegieras a los mafiosos, te abstuvieras de intervenir en mi gobierno y no mandaras petróleo a Cuba.

FALSARIO. No es posible. Eso es traición a la patria.

JOSEFA. Ya lo sé. ¿Qué hago? ¿Dejo que te lleven? En una de esas, como tu estancia sería prolongada, y hasta aprendes inglés.

FALSARIO. Ni maíz paloma.

JOSEFA. Únicamente haciendo lo que me exigieron, se abstendrían de proceder de tu contra; que suspenderían el operativo, tipo Maduro, que tienen preparado.

FALSARIO. Está cabrón. ¿Eso es todo? ¿No tienen nada contra ti, que eres mi cómplice?

JOSEFA. No jefecito. Yo también les di una copia del expediente del jefe de los güeros; en él hay videos en que él aparece tal como vino al mundo, fajando con adolescentas.

FALSARIO.  Y ¿se puede saber quién te dio esa copia?

JOSEFA. Mis paisanos. Cuando vieron que el golpe iba también contra mí, me la entregaron para que me defendiera. ¡Vaya que funcionó! Los güeros me dejaron en paz y hasta me pidieron disculpas.

FALSARIO. Bien merecido. ¿Podrías darme una copia?

JOSEFA. No, tú no eres paisano; no perteneces al pueblo elegido por Dios. Eres un simple mortal. Sólo mostrándoles el expediente del güero me dejaron tranquila y dilataron tu secuestro. Por tu bien, mejor bájale, jefecito.

FALSARIO. Hey, tú de verde, dile a Aridna en Naxos, jefe formal de nuestra banda, que suspenda la consulta para revocarle a Josefita su mandato.

–Perdona, por lo que más quieras, mis arrebatos: estos son propios de un anciano que sufre de demencia senil, delirio de persecución e incontinencia–.

JOSEFA. Me falta decirte otro compromiso que contraje: por lo pronto, para bajarle presión al problema, me comprometí a entregarles en garantía de que vas a llevar la fiesta en paz, a tu hijo Falsario, a Roca Moya, a los precisos de Sonaja, Baja Califa y Tuchuacán. Sólo así no te llevarán. ¿Cómo la ves?

FALSARIO. No tengo más alternativa. Ni pex. Que se lleven a mi Falsarito, pero que me lo cuiden. El pobre está exhausto; muy cansado y pobre.

CHANGO LEÓN. A mí el tal Alito me pela tres cuartas y un jeme. Lo voy a dejar para pedir limosna a la entrada de la catedral de Ciudad del Carmen. Para que se le quite, no lo voy a invitar a la barbacoa que voy a hacer en mi finca de Tepoztlán. La ministra del pueblo, aquí presente, será una de mis invitadas y la responsable de repartir el chupe.

MINISTRA. Soy la ministra del pueblo; imparto justicia para el pueblo y me debo al pueblo. Hijos de su putísima madre: no me quiten el tiempo, mis secretarios de estudio y cuenta están preparando un proyecto de sentencia para amparar a mi hermano y a mis sobrinos.

MINISTRO. ¡Hago limpias, curo de mal de ojos y redacto declaraciones ficticias!

SONRISAL. No seas pendejo, se dice fictas.

MINISTRO. Es lo mismo.

 

Nota:

Esta es una obra de ficción, cualquier parecido con personas, físicas o morales, circunstancias, presentes o pasadas, que se pudiera presentar, es una mera coincidencia, que se da por razones de que ya somos muchos y de que así es la vida. Que le vamos a hacer. Nadie, como persona física o moral, se debe sentir aludido. Llegado el caso, el autor da las disculpas más cumplidas.