En las colaboraciones anteriores reflexionamos y presentamos los fundamentos de la Seguridad Nacional de México, así como sus grandes áreas de oportunidad, potencialidades y retos. Uno de esos rubros fundamentales lo constituye la capacidad informativa del Estado y su sociedad, bajo el razonamiento de que sin información es imposible tomar decisiones acertadas, y la carencia de datos transparentes y verificables para tal fin quitan contexto, generan confusión y crean un entorno de opacidad permisivo a un elevado conjunto de fenómenos nocivos para el Desarrollo y la Seguridad de la Nación.
Es entonces prudente, pertinente y relevante abordar uno de los rubros más importantes del Estado moderno, pero también uno de los menos comprendidos y mal interpretados: la Inteligencia como recurso informativo para coadyuvar a la toma de decisiones. Hasta cierto punto, es un fenómeno mundial la inadecuada caracterización y mala interpretación del término “Inteligencia”; pero diferentes sociedades en diferentes contextos le otorgan un significado diferente, y por tanto le pueden dar un aprovechamiento social y gubernamental diferente.
En el caso de México, la coyuntura histórico-nacional de las últimas décadas ha generado un entorno mediático, político y social donde el término se ha asociado a prácticas antiéticas, ilegales y totalmente distanciadas del ejercicio profesional. De igual forma, ha promovido la emergencia de actores, productos y procesos que se ofrecen a la sociedad sin seriedad y apropiándose atribuciones injustificadamente. La presencia de “productos de inteligencia” comercial, financiera o tecnológica elaborados desde un cuestionable origen y procesamiento de datos contribuyen al enturbiamiento y opacidad de los medios informativos nacionales, limitando la eficiencia y velocidad con las que el gobierno y la sociedad pueden aprovechar los recursos presentes y tomar decisiones acordes.
Es por ello que resulta fundamental comprender, entender y reflexionar sobre qué es la Inteligencia, cómo se genera, cómo se utiliza, cuál debe ser su aprovechamiento productivo, y en qué aspecto beneficia al Estado y su sociedad. De manera paralela y por oposición, debemos reflexionar sobre qué no es y cómo no se debe de emplear en el Estado mexicano contemporáneo y del porvenir, identificando en el proceso áreas de oportunidad, retos y fenómenos coyunturales para nuestro país en este importante rubro de la vida pública. A lo largo de este camino podremos ver cómo los datos y la información pública son, en muchos momentos de la vida nacional, tan sólo una cobertura de opacidad para los verdaderos procesos y vivencias de nuestro país, su liderazgo nacional, sus autoridades, sus instituciones, sus actores sociales y los fenómenos que integran la dinámica nacional de la tercera década del siglo XXI.
De carácter general, por Inteligencia podemos entender el producto resultante del análisis sistemático, dinámico, multi e interdisciplinario, y trascendente de la fusión armonizada de información proveniente de diversas fuentes, medios y tiempos; siendo su finalidad coadyuvar a la toma de decisiones de manera responsable, informada, sustentada, demostrable, eficiente y accionable en función de escenarios prospectivos medibles y actualizables. Esta definición podría parecer abrumadora de entrada, pero si la analizamos con detenimiento podremos ver que es producto de un razonamiento lógico y lineal.

En primer lugar, la Inteligencia no es un “producto monolítico”, “escrito en piedra” o definitivo. Es el resultante de un proceso dinámico derivado del análisis integral, sistematizado, y con aplicabilidad real de información documentada y verificable. La Inteligencia no es “información” en estricto sentido, ya que ésta debe ser procesada a través de diversas fases de análisis reflexivo y de verificación cruzada para darle aplicabilidad, certidumbre, contexto, y trascendencia. A este proceso de se le conoce como “El Ciclo de la Inteligencia”, y dependiendo de a quién, en qué momento, y en qué contexto se consulte puede tener diferentes fases. Sin embargo, para fines reflexivos, señalaremos en lo general este proceso de manera integral.
El primer paso del Ciclo de Inteligencia es determinar qué se quiere saber y para qué fines. Esto no sólo define el objeto de estudio, sino también acota y delimita el alcance e intencionalidad del proceso y su resultado final. Habiendo definido el qué y para qué se requiere la información, se establece un Plan de Búsqueda, es decir, una estrategia general para aproximarse al sujeto y objeto de estudio. La aplicación del mismo se traduce en la fase de adquisición de la información, entendiendo por ésta el conjunto de datos “en bruto” que pueden obtenerse diversas fuentes y medios. Por lo general -en un proceso de Inteligencia profesional- más del 80% de toda la información preliminar se puede obtener de “fuentes abiertas”, es decir, de recursos bibliográficos, documentales, informativos o tecnológicos disponibles de manera libre y transparente.
Como es evidente, una proporción considerable de estos datos preliminares son incorrectos, inadecuados, o falsos. A estos se les conoce como “ruido”, y será labor de las siguientes fases del Ciclo irlos depurando y eliminando. Para complementarlos, dentro del Plan de Búsqueda se identifican las “fuentes cerradas”, es decir, las que deben ser procuradas específicamente para obtener información mucho más específica del sujeto y objeto de estudio. Contrario a la percepción popular, tan sólo del 1 al 5% de toda información de fuentes cerradas proviene del espionaje o de otros procesos de adquisición clandestina. En su momento dedicaremos una entrega completa a este importante tema, pero al menos debemos tener claro que en la Inteligencia profesional la cantidad de información derivada del espionaje es mínima por motivos de costos, eficiencia y riesgos.
Tras la obtención de la información de manera acumulativa de las fuentes y medios apropiados y necesarios, se procede a la fase de procesamiento de los datos, donde se realiza una primera depuración y se sustraen aquellos datos poco confiables o que evidentemente son ruido. Lo anterior ayuda a contextualizar y dimensionar el conjunto de datos previo a la siguiente fase: el análisis. Es durante esta etapa que la información se convierte en Inteligencia Accionable, ya que se emplea una amplia cobertura de aproximaciones, metodologías, procesos y sistemas para transformar los “datos brutos” en productos que puedan ser aprovechados. La fase de análisis es, sin duda, uno de los dos ejes nodales del Ciclo de la Inteligencia, y por lo general es el más complejo por la cantidad de procesos intervinientes.
Como resultado de esta fase, los productos de Inteligencia pueden tener diferentes etapas de continuidad. La más directa es tan sólo informar a los tomadores de decisiones para que éstos puedan realizar sus actividades de manera contextualizada y eficiente. Es preciso señalar que la Inteligencia no sustituye el proceso de toma de decisiones, solo lo informa de manera coadyuvante y subordinada. La Inteligencia es una de las herramientas más importantes del tomador de decisiones, ya sea en el sector público o privado, pero nunca podrá coaccionar o suplantar la responsabilidad de la decisión final. El otro camino a seguir, es emplear los productos resultantes del análisis para generar Escenarios Prospectivos, lo cual otorga a los tomadores de decisiones diferentes alternativas y potenciales costos/beneficios de sus acciones.
En ambas rutas el resultado es contribuir significativamente a la toma de decisiones, ya sea dando alternativas sustentadas, cursos de acción medibles, otorgando contexto y coyuntura, o respondiendo a preguntas clave para poder reaccionar ante un entorno, fenómeno, incidente o proceso. Es por ello que el Ciclo de la Inteligencia debe comenzar con la definición del qué y para qué se requiere la información analizada y sustentada, y el resultado debe ser invariablemente compatible con las expectativas preliminares. El no hacerlo, o no seguir este ciclo se traduce invariablemente a un proceso sin sentido: obtener información por solo tenerla, realizar inferencias sin sustento, no poder distinguir información correcta de falsa, no poder distinguir datos útiles del ruido contextual o coyuntural, ser sujeto manipulaciones de terceros, o simplemente tener una percepción totalmente equivocada.
La Inteligencia, vista como un proceso que auxilia en el proceso de toma de decisiones, es vital en el sector público y privado, en el sector gubernamental o en la sociedad en general. Es nuestra forma de adquirir e interpretar la realidad, así como modela los recursos que tenemos para responder acertada y eficientemente ante ella. Sin esta capacidad perdemos ojos, oídos, mente y medios para prosperar, y nos posicionamos voluntariamente en un proceso de vulnerabilidad, sujetos a las corrientes, influencia y presiones del entorno.
Es por ello que es crítico como sociedad identificar qué es y qué no es Inteligencia, otorgarle una carga denostativa o peyorativa de manera injustificada, demeritarla o no darle el valor integral que merece este crucial componente de la Seguridad Nacional, del Desarrollo Integral y de la vida cotidiana de la sociedad. Como resulta evidente, la Inteligencia vista desde esta perspectiva ha sido parte de la humanidad al punto que define su existencia, y es uno de los principales componentes para el éxito o el fracaso de la civilización y las sociedades que le integran.
Su aproximación, estudio y reflexión es menester común de aquellos Estados que buscan proyectarse y trascender, que buscan tener un dominio de su interior e influencia en el exterior, que defienden su patrimonio para el porvenir y buscan ampliarlo para la posteridad, y que reconocen el gran valor que existe en información clara, contextualizada, oportuna, sustentada y verificable.
Existen muchos ángulos y aristas de la Inteligencia para la Seguridad Nacional, y será tema de las subsecuentes colaboraciones abordarlas de manera pormenorizada. Sin embargo, se invita al lector a una reflexión preliminar pero trascendente: ¿qué podemos esperar del mañana si no sabemos que hacer hoy? ¿Cómo sabemos que hacer hoy si no conocemos el ayer? ¿Cómo podemos entender el pasado y el presente si no tenemos un rumbo al futuro? ¿Cómo podemos avanzar al porvenir si no tenemos rumbo? Esas, entre otras, son las preguntas que responde la Inteligencia.
El autor es Antropólogo Social e Internacionalista. Especialista en Inteligencia Estratégica, Estudios Prospectivos, e Innovación Aplicada.
