La embestida del régimen contra sus críticos, activada por Morena el domingo 31 de mayo, confirmó que la prioridad estratégica del grupo en el poder, es garantizar la impunidad de un aparato gubernamental fundado en la connivencia con las mafias del crimen organizado. El pretexto de un informe de la presidente Sheinbaum por dos años de haber ganado las elecciones, derivó en un discurso revelador del verdadero interés político del régimen: buscar el apoyo de los gobiernos empeñados en llevar a sus pueblos a una autarquía anacrónica que los ponga a salvo del escrutinio mundial.
Bajo el disfraz de una supuesta posición de “izquierda”, estos gobiernos tienen como mecanismo justificador “la reivindicación de las masas”, cuando en los hechos lo que han propiciado es una regresión antidemocrática, neofascista, que profundiza aún más las desigualdades sociales y condena al subdesarrollo a sus pueblos. Su característica es un rancio populismo que emociona al lumpen carcomido por la envidia y los transporta a una realidad ajena a sus frustraciones cotidianas. Esto lo dejaron como enseñanza global los nazis, cuya vigencia cobró actualidad a partir de que Hugo Chávez asumió el liderazgo que perdió Cuba tras la muerte de Fidel Castro.
La inquilina de Palacio Nacional perdió una oportunidad, quizás irrepetible, de pasar a la historia como la mandataria que puso fin a un régimen autoritario, indefendible por su origen y su práctica política en el sexenio que ejerció un poder hegemónico, en trágica connivencia con el crimen organizado. Con su actitud y sus palabras en el mitin en el Monumento a la Revolución, demostró estar atada férreamente a su mentor, imposibilitada incluso de fingir cierto grado de autonomía y libertad para ejercer su responsabilidad con la nación.
Fue lamentable escuchar y ver que sus ataduras con el obradorismo no le permiten un mínimo desliz del guion trazado en Palenque. Más aún su empeño en insultar la inteligencia del pueblo, al tratar de hacernos creer que nuestros males, tan terribles y dramáticos, son consecuencia de la injerencia del gobierno estadunidense en nuestros asuntos internos, al extremo de lanzar proclamas incendiarias contra la “ultraderecha” en Washington, y advertir, de modo por demás irresponsable, que nuestra soberanía está en peligro inminente.
La mandataria, desde su lejana perspectiva, debe suponer que el pueblo es tan ignorante que la clase política puede hacer y decir lo que le venga en gana; como si los grupos mayoritarios no vivieran en carne propia los terribles abusos del grupo en el poder, su mezquindad, su deshumanización, su absoluta falta de patriotismo. Esto lo puede corroborar fácilmente la población de los estados del país “gobernados” por Morena, la inmensa mayoría doblegados por la fuerza de las armas de las organizaciones delictivas. Tal realidad la conocen perfectamente en los juzgados del país vecino, eso es lo que preocupa a la élite morenista.
Más aún al confirmase cada día, con abundantes pruebas, la injerencia de los cárteles en los procesos electorales. De ahí su tesón en tratar de confundir a la ciudadanía desinformada con sus discursos patrioteros. Sin embargo, la verdad tiende a salir a la luz, como quedó de manifiesto en su admonición en el mitin celebratorio. “Vienen por unos (los políticos acusados por sus ligas con narcotraficantes), luego por otros, hasta que oficinas del Departamento de Justicia se vuelvan el principal elector de México. Eso no lo podemos permitir”. Pero sí es permisible que los principales capos se vuelvan factor determinante en procesos electorales, como quedó plenamente probado en Sinaloa.
Afirmó que su gobierno seguirá colaborando con Estados Unidos, pero puntualizó que “colaboración no significa sometimiento”. Sin embargo, en los hechos se demuestra lo contrario; si el régimen obradorista deseara colaborar en serio con el gobierno estadunidense, lo razonable sería aceptar los ofrecimientos de Trump de ayudar al gobierno mexicano en su lucha contra los cárteles. Como lo señaló el embajador Ronald Johnson: “Cada momento que dedicamos este desafío compartido de seguridad en una discusión política, es una oportunidad perdida para fotalecer nuestra cooperación”.
El obradorismo pretende aprovechar, en su exclusivo beneficio, el resquemor del pueblo mexicano por el intervencionismo histórico de la súper potencia. De ahí la verborrea patriotera propia de situaciones verdaderamente comprometedoras, como las invasiones a nuestro territorio en el siglo pasado y su soberbia como instrumento para imponer condiciones leoninas en tratados bilaterales. En este momento no existen factores de riesgo en tal sentido, además de las negociaciones en proceso por el T-MEC. En tal coyuntura, pareciera que el gobierno morenista busca crear confrontaciones que se sumen a la estrategia orientada a proteger a los narcopolíticos de Morena que ya encabeza el fundador del movimiento.
En este contexto, la presidente Sheinbaum tiene la posibilidad de liberarse de compromisos con su mentor político, y así asumir su compromiso de abrir las puertas a una nueva era; sin cargas ideológicas nocivas, con la responsabilidad histórica de crear condiciones para que México salga de su atraso estructural, su perenne subdesarrollo social y económico, único camino idóneo para concretar un futuro menos incierto y dramático, sin la pesadísima carga del cimen organizado como estado paralelo.
