En un país donde la familia continúa siendo el pilar fundamental de la sociedad mexicana, los datos más recientes de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) del INEGI (correspondientes al mes de abril de 2026) nos obligan a reflexionar con seriedad y responsabilidad con respecto a la participación económica de las mujeres, la cual ha registrado un incremento, alcanzando una tasa de 45.7%, persiste un fenómeno estructural profundamente preocupante: la tasa de informalidad laboral entre las mujeres. Este se ubica en 55.8%, por encima del promedio nacional de 55.2%. Esto representa que más de la mitad de las aproximadamente 24.8 millones de mujeres ocupadas laboran sin contrato, sin seguridad social, sin prestaciones laborales y con ingresos precarios e inestables que en un contexto familiar. Esta realidad trasciende con creces los indicadores macroeconómicos.

Como Unión Nacional de Padres de Familia, identificamos como una alerta de riesgo que la alta informalidad femenina erosiona directamente la estabilidad del hogar y compromete el rol insustituible de la mujer como formadora de valores y de ciudadanos de bien. Particularmente grave es el caso de las mujeres jefas de familia, quienes enfrentan una doble o triple carga: proveer económicamente, cuidar del hogar y acompañar el desarrollo educativo y emocional de sus hijos, muchas veces en condiciones de precariedad extrema. Así lo hemos visto al conocer las diversas consultas que, mediante nuestra orientadora familiar (https://enunion.org.mx/famil-ia-unpf/) que a lo largo de un año y más de 120 mil consultas confirman este hecho contundente de tener espacios para el desarrollo de nuestros niños de México.

En los hogares encabezados por mujeres, cuya proporción ha aumentado significativamente en las últimas décadas, la informalidad no es solo una condición laboral, sino una pesada carga existencial. Estas madres, frecuentemente al frente de micronegocios, comercio en vía pública, servicios domésticos o manufactura a domicilio, deben asumir solas la responsabilidad económica, educativa y afectiva de sus hijos. Los ingresos irregulares generan inseguridad permanente: hoy hay ventas, mañana no. Una enfermedad, un accidente o una baja temporal en la demanda puede significar hambre, rezago escolar o pérdida de oportunidades para los hijos. La falta de seguridad social deja a estas familias expuestas ante problemas de salud y la ausencia de prestaciones como guarderías, licencias maternas, pensiones dignas que complica severamente la conciliación entre trabajo y responsabilidades familiares.

El resultado es un círculo vicioso doloroso: madres agotadas física y emocionalmente, con menor capacidad para supervisar y acompañar a sus hijos; niños y jóvenes con menor apoyo escolar, mayor riesgo de deserción y exposición temprana al trabajo informal. Así, la informalidad no solo precariza el presente, sino que reproduce pobreza y vulnerabilidad intergeneracional, debilitando la función nuclear de la familia: la formación integral de las nuevas generaciones.

Fortalecer el papel productivo de la mujer sin desnaturalizar su rol familiar

En la Unión Nacional de Padres de Familia creemos firmemente que la mujer mexicana debe tener plenas y dignas oportunidades en la vida productiva del país. Desarrollar su talento, creatividad y capacidad de trabajo, son una visión indispensable para el crecimiento económico y el desarrollo social de México. Aprovechando las experiencias y vivencias de generaciones anteriores es necesario avanzar hacia un verdadero progreso que valore a la mujer en toda su integralidad.

El dinamismo económico y social debe considerar que al incorporar masivamente a la mujer al mercado laboral debe, también es necesario impulsar el ciclo integral de la mujer como pilar del hogar. Fortalecer a la mujer productiva implica reconocer que su contribución no se limita al ámbito económico: ella es, en la mayoría de los casos, la principal transmisora de valores, cultura, ética y cohesión familiar. Desplazarla hacia la informalidad precaria no la empodera, la precariza y, en última instancia, debilita el tejido social.

 

Agenda Pública Pendiente

El mes de mayo que terminó y en la que se reconoce en el terreno de lo social la importancia de la mujer en su rol de madre, es momento de voltear la mirada con sensibilidad y decisión hacia esta realidad. No basta con promover la participación laboral de la mujer; se requieren políticas públicas integrales que atiendan simultáneamente los ámbitos productivo y familiar. Estados como Nuevo León, Querétaro, Durango, EdoMex tienen avances significativos a nivel municipal que pueden ser referentes y la UNPF a nivel nacional ha impulsado a lo largo de la historia diversas iniciativas como las guarderías, las escuelas de tiempo completo, desayunos escolares, entre otros instrumentos que permitan equilibrar el desarrollo y la responsabilidad de los deberes.

Seguiremos trabajando incansablemente para defender el derecho de las familias mexicanas a prosperar, con mujeres valoradas en su dimensión productiva y familiar y con un Gobierno y cuerpo legislativo, que reconozca que una nación fuerte se construye desde hogares sólidos y cohesionados. Las madres de México, especialmente las jefas de familia merecen algo mucho mejor que sobrevivir en la informalidad. Merecen oportunidades reales para crecer económicamente, desarrollar su potencial y, al mismo tiempo, ejercer plenamente su rol insustituible en la formación de la familia y, por ende, del futuro de México.

Es hora de actuar con visión de Estado, sensibilidad humana y prioridad familiar. Solo así construiremos un país más próspero, más justo y con familias más fuertes.

El autor es presidente Nacional de la Unión Nacional de Padres de Familia.