Además de la confesión pública de la señora Sheinbaum en el Monumento a la Revolución el pasado domingo en el sentido de que encabeza un narcogobierno  envolviéndose en la bandera de la soberanía nacional, retando al gobierno de Trump al afirmar que no aceptará extraditar al narcogobernante Rocha Moya y sus 9 secuaces, doña Claudia ha dejado claro que ellos llegaron al poder para quedarse en él indefinidamente y que no reconocerán ningún triunfo electoral de la oposición en 2027, mucho menos en el 2030.

Esos son los mensajes de fondo que pueden leerse entrelíneas tras los acontecimientos que se presentaron en días recientes. Tanto la reforma constitucional para introducir como causal de nulidad de elecciones la “injerencia extranjera”, como su arenga ante sus miles de acarreados el domingo 31 de mayo en el sentido de que hay una ofensiva de la ultraderecha estadounidense para desesabilizar a su gobierno supuestamente aliada de una derecha mexicana que proclama la intervención extranjera.

El núcleo del discurso obradorista está a la vista de todos:

Uno, hay que defender a Rocha Moya, como sinónimo de la defensa de nuestra soberanía nacional.

Dos, la exigencia del gobierno de los Estados Unidos para que el de México desmantele el narcogobierno es una indebida injerencia extranjera y eso no sucederá.

Tres, la exigencia de extradición del sinaloense Rocha Moya y sus secuaces, así como la amenaza de nuevas acusaciones contra narcogobernadores y narcopolíticos morenistas, tienen el objetivo político de desestabilizar al proyecto gobernante y son expresión de una campaña de las ultraderechas gringa y mexicana para ganar las próximas elecciones.

Cuatro, por lo tanto, eso nunca sucederá (según lo dijo en un reciente evento en el Estado de México). Los “conservadores”, esa “derecha enemiga del pueblo”, jamás regresará al poder. Así el discurso, la narrativa, la “argumentación” morenista.

La que decían que era copia del expresidente tabasqueño resultó peor. Es mucho más radical, directa y confrontativa. Ya decidió adelantar las campañas electorales del 2027 con reglas muy claras: si la oposición gana (la odiada “derecha conservadora”) será porque fue ayudada por la derecha internacional y por lo tanto ese triunfo será anulado.

Claudia Sheinbaum ha decidido moverse como si estuviera sola en el tablero, como si no hubiera otros jugadores nacionales e internacionales. Ya decíamos en anteriores ocasiones que la señora toma sus decisiones ignorando la realidad. Vive en una burbuja, en el autoengaño y se cree sus discursos, aunque al otro día se mueva dando tumbos, acotando y “afinando” sus señalamientos y se termine contradiciendo ante los inevitables golpes de realidad.

Sheinbaum presume que el país “va muy bien”, aunque todas las encuestas revelan lo contrario, incluyendo las de aquellos despachos que se esmeran en cuidar su imagen. Cierto que México no está colapsado, pero vamos inexorablemente hacia allá. Padecemos en México el síndrome de “la marcha de la locura” en este gobierno, como diría Bárbara Tuchman.

E igual o peor que ignorar nuestra realidad nacional sucede con retar al gobierno de Trump al acusarlo de que sus exigencias extraditorias son injerencistas. Parece no importarle a Sheinbaum poner en riesgo el T-MEC y la relación bilateral con tal de proteger a Rocha Moya y, con ello, proteger a su jefe político (López Obrador) y a su propio proyecto gobernante del cual forma parte y en el que cree ciegamente.

Sin embargo, en el plano nacional hay una sociedad vibrante, cada día más ávida de participar para decidir el futuro del país. Hay una oposición política y social muy amplia, aunque hoy fragmentada pero cada vez más fuerte, potente y actuante. No es una oposición monolítica, “conservadora” o de “derecha”, sino una plural, que se compone de diversas expresiones como la de filiación progresista. La oposición democrática –contrario a lo que dice el oficialismo autoritario encabezado por la presidenta- no quiere la injerencia extranjera, como tampoco se dejará arrebatar indebidamente sus legítimos triunfos.

Y en el plano internacional, no olvidemos la enorme dependencia de nuestra economía respecto de  la economía estadounidense. ¿Para qué retar al gigante norteño creyendo que no habrá consecuencias? Es una irresponsable bravata de peleador callejero. ¡Lástima de que venga de la titular del poder ejecutivo federal mexicano, de la jefa de Estado y de gobierno!

Ahí están los hechos y ahí están los retos. Tengo la seguridad de que ha comenzado la agonía del obradorismo; ojalá y no sea muy larga. Por el bien de México.