El rostro neoliberal de los Estados Unidos y sus aliados como Argentina e Israel, apareció sin caretas ni maquillajes en la 114 Conferencia de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), celebrada en Ginebra, Suiza. Los delegados de la primera potencia capitalista del mundo, dejaron constancia de su posición antilaboral al oponerse al fortalecimiento de un futuro convenio sobre el trabajo en plataformas y negarse a aceptar a Palestina como país miembro del organismo.
Además, como parte del efecto Trump, el gobierno norteamericano adeuda unos 220 millones de dólares de sus cuotas, razón por la que la OIT canceló el nombramiento de Sheng Li, alto funcionario de Washington, para ocupar el cargo de Director Adjunto. Se tenía programado que el personaje asumiera tal posición el próximo primero de julio, pero se rescindió su designación. En contraparte, algunos delegados sudamericanos aseguraron que China –segundo aportador más importante de la Organización Internacional del Trabajo (OIT)— decidió ponerse al corriente.
Un tema que causó escozor para los delegados norteamericanos, lo mismo que para sus subordinados argentinos y sus sangrientos aliados israelís, fue el llamado a rescatar el mercado del trabajo palestino, sobre todo en la Franja de Gaza. La brutal realidad expuesta en la 114 Conferencia Internacional del Trabajo, expuso que el desempleo en Palestina llega un 85,1 por ciento, pues por el conflicto bélico con Israel se han perdido más de 250 mil empleos, desapareciendo ingresos laborales por 2 mil 800 millones de dólares.
El llamar a la reconstrucción de Palestina y promover en la devastada nación el empleo digno, los derechos laborales y la protección social, acrecentó el malestar de los representantes estadunidenses que desde el pasado año se opusieron a que esa nación fuera aceptada como Estado Observador. Para su desgracia y a pesar de su abierta oposición, ni Estados Unidos, ni Israel y Argentina lograron que con el voto manifiesto de la mayoría de los delegados, Palestina haya sido aceptada como un miembro más de la OIT.
Otro de los temas donde los delegados del sector empresarial de los Estados Unidos, buscaron imponer sus criterios, fue su oposición a una futura norma internacional sobre el trabajo en plataformas. Más de 30 organizaciones de trabajadores, sindicatos y grupos de la sociedad civil, pidieron a la OIT, fortalecer el convenio que beneficie a los trabajadores de esta rama.
Entre las principales demandas figuran el derecho a la negociación colectiva, una remuneración justa por todo el tiempo trabajado, y la prohibición de endosar a los trabajadores los costos de operación como combustible, datos móviles, herramientas u otros enseres para realizar su trabajo.
Por el contrario, la delegación norteamericana planteó flexibilizar los términos del convenio para no obligar a las plataformas a reclasificar a los trabajadores como empleados, abogando por categorías ambiguas que permitan a las empresas seguir tratando como contratistas independientes a repartidores y conductores, sin responsabilidad alguna de otorgarles ingresos mínimos y menos seguridad social.
Otro de los temas que refleja la ruptura que están teniendo los fieles seguidores de la teoría neoliberal con la clase trabajadora, fue el abierto enfrentamiento entre el organismo empresarial de la Unión Industrial Argentina (UIA) con la Confederación General del Trabajo (CGT). La UIA planteó la necesidad de nuevas tecnologías para aumentar la productividad, pero la CGT la acusó de ser cómplice del gobierno de Javier Milei, en la aprobación de su reforma pro patronal que ha eliminado derechos sociales al desfinanciar rubros como la salud y la educación, impulsando la precarización del empleo.
Muchas son las lecturas que deberán analizarse a detalle tras la 114 Conferencia de la OIT, por la abierta polarización del capital y el trabajo que alienta Estados Unidos y sus aliados.
