Nuestro país, con tres sedes, participará por tercera ocasión en una justa futbolera, aunque ahora de manera tripartita con los vecinos países del norte y las expectativas se tejen.
Con anterioridad ya México organizó dos mundiales de fútbol, primero en 1970, en las postrimerías del sexenio de Gustavo Díaz Ordaz; ulteriormente correspondió el de 1986 en la gestión de Miguel de la Madrid, ello tras el cismo que en 1985 colapsó a la Ciudad de México.
En nuestro país muchos aficionados han vuelto a creer en la oncena tricolor, diríamos la utopía, de pensar en una exitosa participación de nuestra selección mexicana que nunca en la historia mundialista ha logrado una verdadera proeza, no obstante, siempre se reitera ese largo sueño a través de cada edición mundialista.
En nuestro país el fútbol es el deporte más popular, mucha gente es apasionada del asunto pambolero, el amor a la camiseta de su equipo favorito es inextinguible, una gran cantidad de mexicanas y mexicanos consumimos y hasta lo practicamos, aunque el romanticismo futbolero, ese sí, va en vías de la desaparición. Ahora la primera prioridad es el negocio.
En 1970 y 1986 en nuestro país se jugaron sendos mundiales que contaron con el valor agregado del talento impresionante de un par de jugadores latinos que trascendieron en la historia, nos referimos a Edson Arantes Do Nascimento Pelé en el 70 y Diego Armando Maradona en México 86. Dos estilistas, de esos genios que nacen de vez en cuando y ellos tatuaron los mencionados mundiales a fuerza de talento.
El destacado futbolista Jorge Valdano, quien fuera campeón con la selección argentina de 1986 registrando un gol en la final contra Alemania, ha dicho que el fútbol es la más importante de las cosas menos importantes. Valdano fue un crack en el fútbol, como goleador en el Real Madrid, equipo donde fue campeón y lo volvió a ser como director técnico, aunque me parece que es más aún como escritor, porque tiene una evidente cultura general que revela en sus libros, amenos, con esa materia prima bien trabajada y llamada palabra.
Nuestra selección mexicana está en la incertidumbre porque no se puede vaticinar que llegue a un sitial más alto en comparación a otras ediciones en donde suele ser eliminada como en la última que no pasó a la segunda ronda y fue una de sus peores actuaciones.
Los costos de los boletos son muy elevados, es obvio que el fútbol es un negocio redondo, incluso en nuestro país es la prioridad y no lo netamente deportivo, ahora que en la liga MX no hay ascenso ni descenso y las plazas de jugadores extranjeros copan a la mayoría de equipos, por ello no tiene la selección figuras que en otros tiempos fueron evidentes. Un caso singular fue Hugo Sánchez, con mucho el mejor mexicano de todos los tiempos en el fútbol internacional, aunque en la selección no tuviera mayor trascendencia. Fueron otros tiempos.
Aún con todo y los imponderables, se vuelve a soñar. Como lo escribiera Pedro Calderón de la Barca: toda la vida es sueño y los sueños, sueños son.
