Entendiendo la Inteligencia como la capacidad de adquirir, analizar, interpretar y presentar productos informativos contextualizados para coadyuvar a la toma de decisiones de alto nivel, ya sea por medio de proveer al mismo de datos específicos, contextos o prospectivas para sustentar sus labores y razonamientos, resulta evidente que una de las partes más importantes de este proceso es la capacidad de buscar, adquirir y procesar información en torno a un tema en particular. La Inteligencia como proceso integral comienza con la delimitación de qué información se busca obtener y cuál es el resultado esperado (contextual, diagnóstico o prospectivo).

Estos dos componentes son críticos en la formulación preliminar de cualquier producto de Inteligencia. Bajo la premisa de que una pregunta equivocada obtendrá siempre información irrelevante o segmentada, el cómo se integran los Requerimientos de Información y su correspondiente Plan de Búsqueda constituye el fundamento procesal de la Inteligencia. Realizando una analogía, los Objetivos son el plan maestro del edificio de la Inteligencia Accionable, los Requerimientos de Información son el listado de materiales necesarios para la obra, y el Plan de Búsqueda sería el plano fundacional de los cimientos del edificio. Sin ellos es imposible construir un producto final eficiente.

El Plan de Búsqueda de Información debe dar cuenta de los insumos (datos) requeridos para responder a las preguntas iniciales, las fuentes y medios de adquisición, así como debe establecer mecanismos de complementariedad, seguimiento y realimentación informativa. Establece los criterios mínimos y los parámetros metodológicos necesarios que los datos necesitan tener para ser confiables y dar continuidad al proceso analítico de la información.

Desgraciadamente, existe la percepción idiosincrática y mal fundamentada de que toda la información que se emplea en las labores de Inteligencia es producto del espionaje. Esta concepción popular se ha visto incrementada en nuestro país por medios, funcionarios y personalidades públicas mal informadas, y por fuentes audiovisuales de entretenimiento que son producto de la ficción narrativa. De manera adicional esta percepción se ha visto incrementada por cuantiosos casos en nuestro país de mala praxis en materia de intrigas políticas, Políticas Públicas, y Seguridad Interior. Es por ello que resulta fundamental reiterar que, en la Inteligencia competente y profesional más del 80% de todos los datos provienen de fuentes abiertas generales, aproximadamente 15% son producto de fuentes cerradas desarrolladas para fines específicos, y tan solo un 5% (cuando mucho) provienen de medios de adquisición clandestina, es decir, del espionaje.

Las fuentes abiertas son recursos de adquisición de información disponibles a todos los actores sociales. Páginas de internet, blogs, fuentes noticiosas, reportajes públicos, datos gubernamentales de libre acceso, redes sociales abiertas, informes periodísticos o reportes organizacionales publicados de manera física o digital, comentarios públicos, discursos y entrevistas, entre otros medios adicionales y complementarios de datos constituyen este tipo de fuentes. Desde unaa perspectiva profesional resulta impresionante la cantidad de datos precisos y accionables que pueden obtenerse de cualquier tema por estos medios abiertos, por lo regular de manera gratuita. De hecho, la mayor parte de los productos de Inteligencia Comercial, Corporativa e Industrial provienen de este tipo de fuentes, siendo un adecuado proceso de análisis el que les otorga un valor agregado significativo. Es por ello que la obtención de información de fuentes abiertas no sólo constituye un primer paso sustancial en la adquisición de información, sino también es un mecanismo eficiente de validación y verificación, el cual puede ser empleado como un trampolín para desarrollar fuentes cerradas.

Este último rubro lo integran mayoritariamente fuentes de información que no son públicas, son de carácter más reservado, o que requieren desarrollarse para el tema específico que se esté abordando. Reportes internos, notas analíticas preliminares, datos bancarios, reportes especializados, redes sociales privadas, conversaciones y documentación interna, comunicación organizacional interna, entre otros recursos constituyen la mayor parte de las fuentes cerradas. Aunque no son propiamente “datos secretos”, por lo general son de naturaleza reservada o no-pública, o bien por su naturaleza requieren de un acceso que no es permisible a cualquier entidad de manera directa. En ocasiones la adquisición de esta información es por medio de contratar documentación o servicios específicos, instrucciones de alguna autoridad, ser parte de un gremio profesional especializado, o bien contar con la cooperación de los generadores de dichos datos de manera directa. Aunque es más complejo el acceso a esta información, por lo general no requieren de un esfuerzo más allá de lo razonable para acceder a ella.

La adquisición de información sensibles por medios clandestinos o encubiertos representa tan sólo – y sólo en algunas ocasiones- un 5% (máximo) de los instrumentos de Inteligencia. De éstos, el espionaje corresponde a una proporción menor, ya que por lo general esta actividad es ilegal, ineficiente y potencialmente riesgosa. Por general se lleva a cabo fuera de la supervisión legal, y en un ámbito de ambivalencia u opacidad ético-moral. El espionaje es poco confiable a menos que se lleve a cabo de manera minuciosa y altamente profesional, lo que implica generalmente un elevado costo y una alta probabilidad de ineficiencia. Esto hace que se incurra en un dilema en  torno a la relación costo/beneficio para fines de Inteligencia Accionable.

Es innegable que hay datos que sólo pueden adquirirse por medios clandestinos, pero éstos deben ser contrastados y validados con información de fuentes abiertas o cerradas para otorgarles certidumbre y contexto. Es por ello que la conducción de este medio de adquisición informativa debe ser llevados a cabo de manera muy específica, limitada, profesional y supervisada. Debe validarse su verdadero valor relativo frente a otros medios de información, su necesidad y relevancia, y su justificación ética, legal y moral. El abuso del espionaje no sólo sesga el proceso de la Inteligencia, sino puede derivar en procesos nocivos más complejos, tales como otorgar un contexto, diagnóstico o prospectiva parcial o totalmente ficticia, sin sustento real, o bien no responder a los Requerimientos de Información. Todo esto derrota el propósito de la Inteligencia Accionable.

Redundante pero necesario es señalar en consecuencia que información no es igual a Inteligencia. Por lo tanto, todos los datos adquiridos en el proceso no pueden ser empleados de manera accionable sin antes ser analizados, jerarquizados y procesados. Tentador es emplear los datos directamente en la forma en que fueron adquiridos, pero esto puede resultar en resultados cuestionables en el mejor de los casos, y totalmente equívocos en el peor de ellos.

Parte de la “Crisis de Inteligencia” por la que atraviesa nuestro país proviene de esta fase. Como apuntamos en la colaboración de la semana anterior, un grave problema que enfrenta la Administración Pública Federal y su actual liderazgo es que no realizan las preguntas correctas, y por tanto obtienen respuestas inoperantes. Pero este problema se complejiza al no contar con Requerimientos de Información puntuales. Lo anterior adquiere una nueva dimensión cuando las entidades especializadas en Inteligencia generan Planes de Búsqueda deficientes, y son sus propios resultados a la vista de todos lo que denota estas carencias.

El siguiente problema es la sobre dependencia de la adquisición clandestina de información, mayoritariamente de manera ilegal, y con cuestionable procedencia ético-moral. El espionaje tiene su lugar en la Inteligencia Profesional, tal como una cirugía tiene su lugar en la medicina. Pero al igual que en las ciencias de la salud, debe ser considerado como el último recurso, y su conducción debe ser eficiente, normada, precisa y supervisada. Deben cumplirse condiciones específicas para llevar a cabo estas labores, a riesgo de generar “una infección o lesión mayor”.

Lamentable es ver que nuestros organismos de Inteligencia Nacional recurren al espionaje y la adquisición clandestina de información de manera recurrente, y pese a todos los escándalos públicos e innegables infracciones legales y normativas nacionales e internacionales, prefieren seguir haciendo uso de estos costos y riesgosos medios antes de buscar fuentes alternativas de información. Ya es bien sabido que la respuesta a estas críticas demostradas, informadas y sustentadas es la negación, la redirección y la contraacusación. Pero son precisamente estas respuestas que nos confirman que su práctica profesional es cuestionable, ineficiente, fuera de la doctrina y de la norma. Nos muestra un sesgo de origen, una carencia de competencia y conocimientos metodológicos y procedimentales, una práctica tendenciosa, y la costumbre de buscar datos para sustentar una conclusión en lugar de conclusiones sustentadas en datos.

Es la recurrencia ininterrumpida de irregularidades y de fallas metodológico-operacionales en las labores de Inteligencia para la Seguridad Nacional de México que nos muestran parte de la grave crisis que vive la Administración Pública Federal en esta materia. En entregas subsecuentes profundizaremos en este análisis, así como propondremos soluciones; pero debemos partir del reconocimiento de estos problemas de origen, ya que el desconocimiento de la práctica no nos exime como sociedad de exigir un ejercicio y resultado profesional en materia de Inteligencia y Seguridad Nacional. Esa es nuestra responsabilidad como sociedad; y para las autoridades, funcionarios e instituciones es su obligación ética, legal y profesional. La carencia de conocimiento no es excusa, ni la repetición de malas prácticas mitigante. Seamos responsables.

El autor es antropólogo Social e Internacionalista. Especialista en Inteligencia Estratégica, Estudios Prospectivos, e Innovación Aplicada.