En la entrega anterior presentamos y reflexionamos cómo se definen y llevan a cabo las acciones y parámetros de la búsqueda de información como insumos básicos para la Inteligencia. Sin embargo, hemos sido cuidados para señalar que hasta esta etapa del proceso seguimos trabajando sobre “datos”, insumos informativos en bruto, potencialmente contaminados, redundantes, repetitivos y mezclados con fragmentos intrascendentes. Estos “datos en bruto” – como señalamos en su momento- si son empleados directamente como insumo para la toma de decisiones, corren el riesgo de proveer un contexto o coyuntura equivocada, adversa a los intereses del liderazgo, y exponen al mismo a una potencial manipulación interna o externa. Este escenario es el que hemos visto en repetidas ocasiones no sólo en nuestro país, sino también en incontables momentos a lo largo de la historia universal.

Es por ello que la información procesada -es decir, clasificada y organizada- debe ser sometida a un proceso de análisis integral, el cual convertirá estos insumos “en bruto” en Productos de Inteligencia. En consecuencia, la Inteligencia es información analizada y procesada con una intencionalidad y finalidad específica a responder interrogantes generales y preguntas específicas. El proceso de análisis estructural, funcional e instrumental de cada fragmento de información derivada de cualquier fuente o medio de adquisición debe ser coherente, consistente, jerárquico, sistemático y trascendente, integrando un conglomerado sintético que descarte toda desinformación, obstáculo, redundancia, repetición o ruido que impida que el producto pueda ser empleado como insumo esencial al proceso de toma de decisiones.

“Simple y útil” deben ser las características finales de los productos de Inteligencia para ser accionable. “Simple” no significa “sencilla”, ya que el primer término hace alusión a una direccionalidad e intencionalidad claramente definida, mientras que el segundo término es limitativo, reduccionista y restrictivo. Los productos de Inteligencia, siempre y cuando sean elaborados con apropiada intencionalidad, integridad profesional y congruente metodología, nunca son “sencillos”. Nunca son productos limitantes o restrictivos, sino son exactamente lo contrario.

Los Productos de Inteligencia Accionable pueden ser diagnósticos o prospectivos. En ambos casos deben eliminar o minimizar la incertidumbre del tomador de decisiones, deben ofrecer alternativas y posibilidades, deben mitigar y neutralizar la desinformación o intentos de manipulación directa o indirecta, y deben facilitar flexibilidad y oportunidades a un liderazgo comprometido. Lo anterior requiere intencionalidad directa a responder preguntas específicas, así como debe ofrecer alternativas de cómo emplear dicha síntesis analítica. Un producto que no responde a preguntas específicas, o no puede ser utilizado para resolver una problemática en particular, puede ser académica e intelectualmente invaluable, pero prácticamente inútil.

Es por ello que la Inteligencia Accionable debe ser primordialmente un instrumento diagnóstico-descriptivo accesible, claro, directo, fundamentado, inequívoco, jerarquizado y operacionalizable. Estos atributos parecen redundantes, pero en realidad son características esenciales que debe tener todo producto analítico que tenga una aplicación real en la solución de problemas y temas específicos. El resultado debe proveer de contexto informativo y recursos que puedan auxiliar, coadyuvar y contribuir directamente en el proceso de toma de decisiones, aportando una coyuntura que minimice la incertidumbre y elimine dudas.

Estas contribuciones al liderazgo y tomadores de decisiones son invaluables en sí mismas, sin embargo, los productos de Inteligencia Accionable poseen otra modalidad con aún mayor valor agregado: ofrecen potenciales escenarios prospectivos. Al tener claridad definitoria de un contexto, coyuntura, evento, fenómeno, incidente, suceso, o proceso, la toma de decisiones a futuro es mucho más sencilla. Pero el contar con potenciales escenarios prospectivos, así como una medición de posibles beneficios, costos, impactos y repercusiones de cada uno de ellos representa un instrumento con un valor incalculable para un liderazgo competente. Los productos de Inteligencia al ser sometidos a un proceso metodológico especializado complementario pueden trascender de ser recursos diagnóstico-descriptivos a convertirse en instrumentos prospectivos muy precisos, en el cual se ponderan, valoran y presentan las variables dependientes, independientes e intervinientes de distintas alternativas que puede suscribir los tomadores de decisiones.

Esta capacidad diagnóstico-prospectiva del análisis de información le otorga al liderazgo y sus funcionarios la capacidad de ser agentes de influencia al otorgarles capacidades de interceder e incidir en el desenlace de diversos procesos por medio de acciones calculadas, específicas y ponderadas. Le permite al liderazgo “moldear” el futuro, de prever y subsanar vulnerabilidades, de maximizar oportunidades y mitigar costos. Estos recursos, en manos de autoridades competentes y con visión, pueden convertir una encrucijada en una oportunidad, una debilidad en una ventaja, y la incertidumbre en un diseño estructural y funcional con altos beneficios.

Lamentablemente, estas oportunidades y ventajas no son lo que vemos en la Administración Pública de nuestro país. Por el contrario, la evidencia histórica de al menos una década nos muestra exactamente lo contrario, demostrando que el liderazgo nacional toma decisiones sin información específica, con “datos en bruto” contaminados con desinformación y ruido, y en el mejor de los casos con “Inteligencia” producto de procesos analíticos deficientes, carentes de metodología y con mínima capacidad prospectiva. Esta valoración podría parecer una generalización inadecuada, innecesariamente irreflexiva o tendenciosa. De primer momento podría parecer una afrenta injustificada, pero invito al lector a reflexionar sobre los contenidos de esta colaboración y sus predecesoras.

Cuando analizamos y reflexionamos sobre el diseño e implementación de Políticas Públicas al interior y exterior de nuestras fronteras podemos ver una recurrente falta de capacidad de interpretación del contexto y trasfondo de incontables fenómenos y procesos, una inadecuada capacidad de análisis, y una respuesta -en el mejor de los casos- deficiente. Esto nos explica como fenómenos tales como el desarrollo nacional, nuestras relaciones internacionales, la salud y la seguridad pública son grandes deudas históricas del liderazgo nacional presente e inmediato pasado con la sociedad. La capacidad de respuesta ante fenómenos y procesos de los funcionarios e instituciones nacionales dejan mucho que desear, y buena parte de ello se debe a que no poseen productos de Inteligencia diagnóstica adecuados. Ni que decir de la capacidad prospectiva, la cual es casi inexistente.

En un discurso oficialista plagado de recursos autolaudatorios, que se dedican a celebrar y reiterar hasta la obscena repetición la estabilidad y prosperidad nacional (“México está mejor que nunca”) y que al mismo tiempo aboga como recurso justificatorio, contradictorio e innecesario la imposibilidad prospectiva (“no se podía prever ni prevenir”), la crítica se explica por sí sola. Su mismo actuar demuestra sus carencias, así como su inmediata contrarréplica denostativa, descalificante e invalidante de los señalamientos fundamentados demuestra su incapacidad de aceptar una realidad que les abruma y les rebasa. Esa es tal vez la arista más burda de la Crisis de Inteligencia por la que atraviesa México: tener a la mano la respuesta a las preguntas del qué y cómo lo necesitamos, y deliberadamente no tomar acciones para solventar los obstáculos que nos impiden alcanzar ese nivel de aprovechamiento analítico, informativo y prospectivo.

Es por ello que es fundamental contar con una visión clara de qué es exactamente un Producto de Inteligencia Accionable, sus capacidades diagnósticas y prospectivas, y la necesidad de generar estos instrumentos e insumos de manera metodológica, sistemática y profesional. De igual forma, es imprescindible generar seria y profunda reflexión sobre las potencialidades y oportunidades que como Estado estamos desaprovechando, ya sea por comisión o por omisión. Que esta reflexión sea constructiva y permita desarrollar esas capacidades de manera clara, objetiva y transparente para el beneficio integral de nuestra Nación. En las siguientes colaboraciones hablaremos de cómo esta reflexión puede ser empleada para fortalecer a nuestro país, cómo puede minimizar y mitigar los problemas que aquejan a nuestra sociedad, y cómo puede fortalecer al Estado mexicano en su conjunto.

En otras palabras, cómo podemos capitalizar la Inteligencia para el beneficio nacional trascendente. Simple y útil.

El autor es antropólogo Social e Internacionalista. Especialista en Inteligencia Estratégica, Estudios Prospectivos, e Innovación Aplicada.