El video y las fotografías de Alejandro Gertz Manero llegando en carroza al Palacio de Buckingham como embajador de México ante el Rey Carlos III son imágenes que destruyen años de discurso político y lastiman a millones de pobres en México, pero no por la formalidad del protocolo británico ni por la ceremonia diplomática, eso es así y no hay nada que hacer que nos importe. La verdadera historia está en la declaración patrimonial del funcionario mexicano ya que durante años, la 4t ha pretendido construir una narrativa basada en la austeridad republicana.
Se condenó el lujo, se criticó la opulencia de los gobiernos anteriores y se presentó a Morena como un movimiento distinto, cercano al pueblo y alejado de los excesos, pero la realidad volvió a ser menos romántica. La declaración patrimonial de Gertz revela una riqueza que pocos mexicanos podrían siquiera imaginar. Al menos 13 inmuebles, ¡y qué inmuebles! diez casas, un edificio, un departamento y un terreno. Joyas y relojes valuados en más de 18 millones de pesos. Obras de arte por alrededor de 8 millones de pesos. Quince cuentas bancarias, incluidas cuentas en España, Estados Unidos y Suiza. Un departamento en Manhattan, Nueva York, participación en empresas inmobiliarias y como cereza del pastel, un Rolls-Royce comprado de contado por 2.7 millones de pesos mientras era titular de la Fiscalía General de la República.
Y eso es precisamente lo que vuelve tan incómodo el caso porque durante años desde la cúpula del “movimiento” se nos dijo que los privilegios eran patrimonio de los gobiernos neoliberales, de los tecnócratas que “se educaron en escuelas del extranjero donde lo único que se enseña es robar” (AMLO dixit). Que la opulencia era parte de una élite desconectada de la realidad nacional. Que los nuevos tiempos serían distintos, que ellos no eran iguales.
Sin embargo, uno de los hombres más poderosos del régimen acumuló un patrimonio que incluye propiedades internacionales, cuentas en el extranjero, obras de arte, relojes de colección y vehículos que la inmensa mayoría de los mexicanos jamás podrá comprar. El problema no es que Gertz desde siempre haya tenido dinero. El problema es que participó en un gabinete cuyo jefe, Andrés Manuel López Obrador, siempre predicó la medianía como una virtud.
Según sus detractores, que tiene muchos, Gertz lo hizo para aprovecharse del cargo para saldar sus vendettas personales y como tapadera de aquellos a quien su jefe le ordenó proteger. Porque cuando la 4t habla de austeridad, millones de ciudadanos imaginan servidores públicos moderados, cercanos a la realidad económica del país y conscientes de los sacrificios que enfrentan las familias mexicanas. Difícilmente imaginan un funcionario con joyas por 18 millones de pesos, arte por 8 millones, propiedades en distintos países y un Rolls-Royce en el garaje.
La contradicción es demasiado evidente. Más aún cuando la propia declaración revela cuentas bancarias en España, Estados Unidos y Suiza, países que durante años fueron utilizados como ejemplo de las élites globales que el movimiento decía combatir. La austeridad republicana terminó estacionada junto a un Rolls-Royce. Y esa imagen vale más que mil conferencias mañaneras. Porque al final, los discursos pueden construirse, pero los patrimonios tienen la mala costumbre de exhibir la verdad. Y la verdad es que algunos de los guardianes de la austeridad viven mucho mejor de lo que jamás se atrevieron a reconocer.
Platos extra:
La camaradería, ante todo: “A Jesús Ramírez Cuevas me lo presentó Carlos Monsiváis”, dijo orgullosamente Andrés Manuel López Obrador cuando en 2006 presentó a su vocero y siniestro operador contra periodistas y medios independientes. Esa declaración viene a cuento ahora que, desde la tenebra del poder, alguien decidió desempolvar fragmentos del libro de 2025, “A lo mero macho”, escrito por Edmundo Cázares, quien cita a Monsi asegurando que le dio acogida en su casa al hoy ex presidente, con quien pasó deliciosas y divertidas noches cuando el tabasqueño apenas tenía 19 años. Aquí el tema no es la orientación personal de nadie, sino el inexplicable enriquecimiento del ex mandatario, sus hijos, hermanos, y hasta su prima y sobrina. Todos millonarios al amparo de su gestión presidencial. Eso es inmoral y es lo que nos debe ocupar.
No podía ser de otra forma, Palacio Nacional hizo una oferta, como la Mafia Siciliana, que la dueña del pato Merlín no podía rechazar. Después de haber respondido que la invitación a la mañanera debía ser más bien a grupos como los de las Madres Buscadoras, doña Carla, sus hijos, y el afamado pato fueron llevados y funcionaron perfectamente como distractor de los grandes problemas nacionales. Cuestionada sobre el tema, la presidenta dijo que ella ya se ha reunido con madres buscadoras, pero no lo ha dado a conocer porque no hace propaganda con ese asunto. Sin embargo la duda subsiste. ¿Un régimen con tantas deudas sociales no cacarea ni con el pétalo de un escueto boletín de prensa haber atendido, con nombres y apellidos, a quienes buscan a sus desaparecidos? Como dijo el clásico: difícil de creer. De doña Carla, sus hijos y Merlín, se les vio con escolta y a todo lujo, llegando al Estadio Azteca a disfrutar del partido de México contra Chequia. ¡Un patito los sacó de la pobreza!
La comunicación de Marina del Pilar Ávila, gobernadora de Baja California, con un prominente penalista de Miami y con hombres que operan como contactos con el FBI para empezar a buscar acuerdos con la justicia estadounidense, ha encendido una alerta roja en Palenque. En estos temas el que primero se acerca y canta recibe un mayor beneficio. Los segundos, poco nuevo podrán aportar. AMLO debe llamar a los suyos y dejarles claro qué si empiezan a rendirse, vendrá una tempestad de la que nadie saldrá indemne. A ver cuántos aguantan vara hasta que los muchachos del Tío Donald decidan venir o no por ellos.
Bien por el acuerdo de entendimiento que firmaron Pemex y Petrobras en materia de intercambio de experiencias en las áreas de exploración, extracción y transformación de crudo. México ya merece buenas noticias de la paraestatal.
