A veces es hilarante ver como algunos medios de comunicación —sobre todo los que se auto califican de izquierda, tanto impresos como electrónicos—, se llaman a sorpresa e indignación porque la “derecha” (a últimas fechas la “ultraderecha” es la que acapara la atención, sobre todo en países iberoamericanos como Perú y Colombia, solo por citar dos ejemplos), ganó las elecciones en comicios muy ajustados, denunciando que el ejercicio democrático en cuestión fue amañado y, peor aún, que sufrió la injerencia extranjera, especialmente de Estados Unidos de América (EUA). Prácticamente nunca, los quejosos manifiestan que la “izquierda” perdió el sufragio porque su desempeño en el gobierno fue fallido. Lo manido es culpar a la “corrupta derecha” y al “imperialismo” del norte. Los denunciantes olvidan que en elecciones democráticas —verdaderamente libres—, puede ganar, o perder, cualquiera de los candidatos, sin importar el ismo en pugna. Además, la esencia de la democracia es la diversidad de opiniones y no la unicidad de las mismas, eso ya sería dictadura. A diestra y siniestra, para la izquierda la democracia solo existe cuando ella gana, cuando no es fraude. Sin dejar de lado que el ejercicio de la democracia implica que no siempre los votantes y los que adecuan el uso de las urnas actúen correctamente. De que los hay, los hay, y la liebre salta cuando menos se espera. No hay que decir amén a todo. Sobre todo, en cuestiones electorales. “El que esté libre de pecado que tire la primera piedra”, dijo Jesús a escribas y fariseos que lo querían comprometer juzgando a la mujer adúltera que según la Ley de Moisés debería ser lapidada (Evangelio según San Juan (8:7).

Lo ideal sería que los contendientes electorales no perdieran la ecuanimidad cuando los votos no les favorezcan. En política, como en el amor, las cosas no siempre salen a gusto del interesado. “Peor es meneallo, amigo Sancho”, dijo el caballero de la triste figura a su leal compañero de infortunios. Lo cierto es que en base al preconteo de los votos de las elecciones presidenciales (balotaje para los interesados) en Colombia, el domingo 21 del mes en curso) puede decirse que en los últimos meses varios países iberoamericanos en las urnas tienden a la derecha (ultraderecha, dicen todos los medios de comunicación que proclaman sus siniestras opiniones).

El péndulo de la República de Colombia le dio la espalda al régimen de izquierda para retornar a la derecha. Tanto el presidente saliente, Gustavo Francisco Petro Urrego, como el candidato oficialista, de izquierda, pusieron reparos al final de la contienda el domingo 21. El miércoles 24, el abanderado del Pacto Histórico, Iván Cepeda Castro, reconoció el triunfo del derechista Abelardo Gabriel de la Espriella Otero, después de que la Registraduría Nacional avaló la ajustada victoria del mandatario electo.

En declaración a la prensa, Cepeda leyó: “He decidido acepar el resultado que surge de dicho proceso y que señala que Abelardo de la Espriella es el nuevo presidente de la República. Lo hago como un acto de responsabilidad democrática, lo hago para contribuir a la convivencia, a La Paz y al diálogo entre colombianos”. Esta declaración espeja el camino para la transición del poder en la nación suramericana de 53 millones habitantes, tras los comicios más cerrados de su historia.

En el conteo, De la Espriella obtuvo 49.66% de los votos, frente a 48.70% de Cepeda Castro, una diferencia menor a un punto porcentual. En Colombia, el escrutinio realizado por jueces y comisiones escrutadoras, constituye el resultado oficial del proceso electoral. El próximo presidente colombiano, que asumirá el poder el 7 de agosto próximo, para un periodo de cuatro años y sucederá a Petro Urrego, en un giro político para la cuarta economía de América Latina. El nuevo hombre fuerte de Colombia se presenta como un outsider de la política, se impuso contra los pronósticos iniciales de las encuestas que anticipaban un triunfo para el abanderado oficial, aunque De la Espriella terminó superándolo en las dos rondas de la votación. Lo cerrado de la votación muestra la radiografía de los futuros conflictos. Los analistas coinciden en que el problema de los gobiernos de “izquierda” es prometer mucho más de lo que realmente pueden hacer. El sentirse diferentes a la masa popular, aunque la utilicen como su bandera de lucha, los pierde y en lugar de conseguir el apoyo de los ciudadanos más pobres, concitan la decepción del electorado más humild, como ha sucedido en Argentina, Ecuador, Chile y Perú.

PERÚ. Como acotación a los resultados de los comicios presidenciales de Colombia, los últimos datos de las elecciones del ejecutivo en Perú, que también tendió a la derecha; resulta que Keiko Sofía Fujimori Higuchi, de 51 años de edad, candidata a la presidencia Peruana por el Partido Fuerza Popular (derecha), ya es inalcanzable en el conteo de votos para su rival Roberto Helbert Sánchez Palomino (de 57 años), del izquierdista partido Juntos por el Perú. Razón por la cual, la hija del ya fallecido ex presidente Alberto Fujimori Fujimori, será la próxima mandataria del alargado país suramericano cuna del río más caudaloso del mundo: el Amazonas, que debe su nombre al conquistador español Francisco de Orellana, quien al ser atacado por indígenas locales (incluyendo mujeres), que atacaban al igual que los varones, bautizó al río en referencia a las guerreras de la mitología griega: las amazonas, que no tenían más que un solo pecho para poder tirar mejor con el arco.

La Oficina Nacional de Procesos Electorales del Perú, informó que escrutados 99.83% de los votos, restan por contabilizar 39,500; la diferencia entre los competidores es de 42,773 papeletas, por lo que es irreversible a favor de Fujimori Higuchi. Los resultados oficiales se darán a conocer en la primera quincena de julio.

Como sea, Colombia se divide a la mitad. El gobierno de Espriella tendrá que actuar con los pies sobre la tierra. Deberá sopesar, con realismo, la complejidad de los problemas que aquejan al país. El voto de castigo a la izquierda no significa una patente de corso para actuar a tontas y a locas. Su bisoñez en la cuestión pública solo le acorta la imprecisa luna de miel con los electores. No cuenta más de un año de su aparición en la palestra nacional. Su novedad como alternativa de gobierno no tiene mucho tiempo de gracia. La otra mitad de la sociedad empezará a exigirle cuentas como si fuera un boxeador de peso pesado. Sí, la derecha se impuso a la izquierda, pero esta reaccionará antes de lo que se espera. El tiempo corre en su contra.

Como dice Montserrat Salomón en su “Political Triage”: “Espriella enfrenta ahora la transición más importante posterior a una elección: la metamorfosis propia de quien deja atrás al candidato y hace nacer a un gobernante. Se necesita mucha altura para abrazar este cambio y, sin perder la identidad que te llevó al poder, saber integrar a la oposición y gobernar para todos por igual (algo que debería aprender la presidenta de México, BGS). Espriella el candidato no nos ha dado muchas esperanzas para esta esperanza. Su discurso tendió más a la radicalización propia de nuestros tiempos y muchas de sus promesas son tan extremas que requerirían cambios constitucionales que no sólo llevarían tiempo, sino que seguramente provocarán conflictos con una oposición fuerte y unida que representa la mitad de la población”.

Respecto a su filotrumpismo, aspecto fundamental para la crítica de la izquierda, Abelardo de la Espriella aseguró poco antes de que Iván Cepeda reconociera el triunfo de la derecha, que Colombia se sumará al Escudo de las Américas, la iniciativa del presidente Donald John Trump contra los cárteles de la droga, el próximo viernes 7 de agosto cuando asuma como sucesor de Gustavo Petro.

En la red social X, Espriella Otero expresó: “A partir del 7 de agosto, Colombia será parte del Escudo de las Américas. Colombia no será más gobernado por un gobierno complaciente con el narcoterrorismo, pasamos a combatirlo como corresponde”. Como es bien sabido, el mandatario estadounidense creó en marzo último el Escudo de las Américas, una coalición sui géneris regional para combatir el crimen organizado en la que participan gobiernos de derecha como los de Argentina, Chile, Ecuador, El Salvador, a la que no se suman ejecutivos de “corte progresista”, de izquierda, como los de Brasil, Colombia, Guatemala y México.

De hecho, De la Espriella, que inmediatamente recibió las felicitaciones de Trump, llegará a la cima del Ejecutivo colombiano, con un discurso alineado con la “modernizada” doctrina Monroe reformada por el actual residente de la Casa Blanca en materia de mano dura contra la delincuencia organizada y la inmigración en busca del casi desaparecido “sueño americano”. En 2025, recién llegado el magnate a Washington para iniciar su segundo mandatario presidencial, retiró a Colombia de la lista de países que luchan en contra del narcotráfico internacional, mientras que el Departamento de Estado sancionó a Gustavo Petro por presuntos nexos con los cárteles de la droga. Trump, se sabe, su sueño es que EUA tenga un “patio trasero limpio de comunistas”. Algunos creen que lo está logrando.

Al final de los comicios dominicales el 21 de junio, Gustavo Petro manifestó: “Las elecciones en Colombia deberían ser nulas por injerencia extranjera según nuestra Constitución y el Derecho Internacional con confesión pública y expresa del presidente de EUA… La intervención del mandatario estadounidense anula las elecciones en Colombia, si atendemos los tratados internacionales que cobijan las naciones, incluida la ONU y la OEA”.

En correspondencia al apoyo de Trump en estos comicios, el próximo presidente de Colombia agradeció el gesto y dijo: “EUA y Colombia son naciones hermanas, unidas por la sangre de héroes y por el destino común de defender la civilización occidental en estas tierras de las Américas. Juntos somos indestructibles y formamos un frente común contra el comunismo”.

Por lo que toca a México, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo anunció que esperará a que se emitan los resultados definitivos de las elecciones para emitir algún comentario al respecto. “Vamos a esperar a que termine el conteo, este es un conteo preliminar. Y como siempre hacemos en México, esperamos a que ya venga el conteo definitivo, que incluso puede llegar a los primeros días de agosto. Vamos a esperar para entones, felicitar a quien haya obtenido el triunfo”. Otra cosa sería si el ganador fuera de izquierda.

El balotaje puso fin a la competencia presidencial en Colombia. La polarización y las fakenews enmarcaron a los abanderados, a Iván Cepeda Castro como guerrillero y a Abelardo de la Espriella como paramilitar. Cepeda representaba la lucha de las víctimas de la violencia en el país; De la Espriella a paramilitares y se apropió del inconformismo frente al gobierno y La Paz Total. Se le reconoció por perseguir a quienes se atreven a cuestionarlo, pero también por controlar lo que se cuenta de él. Incluso si se trata de relaciones complicadas como Alex Saab, que fue operador financiero del secuestrado presidente venezolano Nicolás Maduro Moros, quien hoy enfrenta la “justicia” en EUA.

El abogado de derecha, Abelardo de la Espriella contó que la muerte de una tía, en la pandemia del COVID19, le causó tanto dolor que desistió de ser ateo. Su reconciliación con la fe le granjeó acceso a millones de hogares católicos. Su camino de Damasco, como Saulo de Tarso (San Pablo) fue su puente de salvación lo que ahora le facilitó las cosas en su causa política bajo el lema “Dios, Patria y Familia”, e incluso habla de regresar la materia de Religión a las aulas al tiempo que suprimirá la ideología de género; de ahí su ofrecimiento de una “Patria Milagrosa”. Algo raro en una campaña política.

Como sea, Colombia demostró, en estos comicios, que tiene un país con dos ideas que no se reconcilian. En el fondo, los contendientes se enfrentaron a reconocer la necesidad de cerrar la historia de un conflicto armado que ha provocado más de 450 mil muertos y millones de víctimas. John Restrepo, investigador y constitucionalista, citado en un Dossier Internacional del periódico El Universal, dice: “De la Espriella es un advenedizo, no ha hecho carrera política. El otro es más un dogmático de la política que gestor político”. No está fácil, no es cuestión de pasar la página y esperar que ocurra un milagro. Cuando se mezcla lo divino con los horrores de la lucha armada, salta lo peor del ser humano. Colombia merece un reconfortante descanso. ¡Ojalá! VALE.