A la mañanera no vas a escuchar respuestas. Vas a que te vendan humo envuelto en la bandera nacional con aplausos de utilería. MORENA no es un partido: es una secta. Y no lo digo yo nada más. Medios nacionales e internacionales llevan años documentando este aquelarre matutino con una mezcla de incredulidad y espanto. The New York Times lo llamó “un espectáculo de desinformación diaria”. The Economist habló de “adoctrinamiento televisado”. Y acá, Animal PolíticoAristegui Noticias y Reforma han radiografiado, una y otra vez, cómo AMLO y ahora Sheinbaum convierten la supuesta rendición de cuentas en una fábrica de cortinas de humo.

El mecanismo es una delicia para cualquier estudiante de propaganda. Lo primero que aprendieron es a destrozar al mensajero. Si la pregunta incomoda, el periodista es basura. AMLO lo hizo un arte: “Cállate, chachalaca”, “eso te lo mandó Loret”, “chismoso”. La organización Artículo 19 documentó más de 2,300 agresiones contra la prensa durante su sexenio, y buena parte arrancaban desde el púlpito mañanero. La Sociedad Interamericana de Prensa lo calificó como “acoso sistemático”.

Sheinbaum no insulta, pero descalifica igual: “Eso ya lo explicamos”, “infórmate”, “es tu percepción”. Reforma lo sintetizó hace poco: “Sheinbaum cambió el agravio por el regaño, pero la prensa sigue siendo el villano cada vez que la pregunta pica”. La pregunta sobre desaparecidos o violencia se ahoga en la burla, y la porra aplaude como si el bien hubiera triunfado.

Cuando el muerto del día es muy escandaloso, se aplica el ancla histórica. Le preguntaban por la corrupción en Segalmex, y AMLO se tiraba media hora contra Salinas. Le preguntan por los ejecutados en Sinaloa, y Sheinbaum recita de corrido los pecados del neoliberalismo. La agencia Associated Press lo reportó con claridad: “Sheinbaum desvía preguntas difíciles recordando administraciones pasadas, una técnica calcada de su antecesor”. Y aquí El Universal ha señalado que es “la excusa perfecta para nunca responder por el presente”. La cifra de muertos de ayer se diluye en una clase de historia que nadie pidió, la porra vitorea la cátedra, y tú te quedas pasmado.

Luego está el dato no verificable. AMLO levantaba una encuesta fantasma: “El 75% del pueblo está contento”. The Guardian analizó cómo usaba “encuestas propias y datos no verificables para construir una realidad paralela”. Sheinbaum lo modernizó con PowerPoint. Proyecta una diapositiva que dice “Abasto de medicamentos: 98%”. Fuente: su gobierno. Verificación: ninguna. Animal Político ha desmentido varias de esas cifras, pero en la mañanera no importa: la imagen queda flotando como verdad revelada y el periodista no puede rebatirla en ese momento. La mentira se viste de dato y la porra aplaude.

Pero el rey del desvío es el cambiazo de tema. Alguien pregunta por la crisis de agua en Nuevo León, y AMLO respondía: “Fíjate lo que declaró Aguilar Camín, es lamentable”. BBC Mundo describió sus conferencias como “un laberinto de anécdotas y enemigos imaginarios para no responder directamente”. Sheinbaum lo perfecciona con anuncios bonitos: le preguntas por los desaparecidos y ella contesta: “Hoy anuncio un millón de viviendas”. Aristegui Noticias lo ha llamado “el anuncio distractivo que entierra la pregunta incómoda”. La porra festeja la vivienda, y los desaparecidos —como el millón de viviendas— siguen desaparecidos también en la conversación.

Si nada de eso basta, se saca el escudo del pueblo bueno. AMLO lo blandía sin pudor: “El pueblo me puso aquí, el pueblo es sabio”. Sheinbaum lo repite con tono de maestra: “La mayoría nos respaldó en las urnas”. The Washington Post escribió que “el gobierno mexicano ha perfeccionado el populismo como argumento: la legitimidad electoral blinda cualquier decisión”. Acá, Proceso lo resumió como “la doctrina del pueblo como ente infalible y monolítico que calla cualquier crítica”. La pregunta incómoda se vuelve un desacato a la voluntad popular, y la porra se pone de pie.

La especialidad de Sheinbaum es el “ya lo contestamos” que nunca existió. Le preguntas sobre la militarización, y ella responde: “Eso ya lo aclaramos en otra mañanera, revísala”. ¿Cuándo? ¿Dónde? Nadie lo sabe. Reuters reportó que “la administración Sheinbaum evade preguntas remitiendo a supuestas respuestas previas rara vez localizables”. En México, Expansión Política lo documentó como “la táctica del archivo inexistente”. La pregunta se entierra en un limbo, el periodista queda como un flojo, y la porra admira la paciencia de la presidenta.

Y si toda falla, queda la pose de mártir. AMLO se ponía la corona de espinas: “Me ataca la mafia del poder”. Le Monde dijo que “el martirologio político es el último recurso del obradorismo”. Sheinbaum lo ajusta: “No quieren ver lo que avanzamos, pero aquí estamos, firmes”. SinEmbargo lo describió como “el giro victimista que transforma la crítica en persecución”. La porra aplaude al mártir, y la pregunta original se evapora.

Así que ya lo sabes. Cuando enciendes la mañanera no ves a un gobierno que rinde cuentas; ves un culto que te entrena para no pensar, para aplaudir el humo y para señalar al hereje. Medios de todo el mundo lo han documentado. Con AMLO era más pintoresco y con Sheinbaum es más pulcro, pero la esencia no cambia: la pregunta incómoda no se responde, se desactiva. La transparencia es el disfraz, la fe en el líder el único mandamiento, y la verdad solo existe si el púlpito la bendice. Así que siéntate, comulga, traga el humo y no preguntes mucho. Amén.

Ahora, después de las solicitudes de extradición de distinguidos morenistas y de los resultados en Coahuila, Sheinbaum ha retomado con más fuerza su papel de primera morenista y de aquí en adelante cada comentario, cada supuesto acierto de su gobierno, cada respuesta a cuestionamientos internos o externos será parte de la ilegal y anticipada campaña política con la que pretenden conservar la mayoría legislativa en el 2027 y la presidencia en el 2030.